REGULACIÓN ECOLÓGICA

JUAN QUINTANA LA TRILLA

Lareforma de la normativa europea que regula la producción ecológica ha sido larga y llena de controversias. Este sector se mueve en una zona gris donde no siempre se consigue el equilibrio entre producción tradicional y rentabilidad económica. La Comisión Europea (CE) lleva años intentando ajustar su regulación y eliminar esta zona ambigua de limitada transparencia.

Los estados miembros y el Parlamento Europeo (PE) han cerrado un acuerdo que entrará en vigor en enero del 2021, previa aprobación en pleno por el propio PE y ratificación en el Consejo. Han sido 18 reuniones que han obligado a la CE a suavizar y eliminar muchas cuestiones de no poca importancia, lo que ha derivado en una regulación laxa.

Quizá lo más delicado es la no prohibición de explotaciones mixtas convencionales y ecológicas. Una concesión que puede favorecer el fraude, al ser complicado crear sistemas de control que eviten la mezcla de productos de una misma explotación, la separación en almacén, o la necesaria limpieza de maquinaria.

Tampoco se ha podido sortear el escollo de los umbrales de residuos, ante la posible aplicación accidental proveniente de explotaciones colindantes. Un margen de tolerancia sobre el que el consumidor no está informado, como tampoco lo está sobre el porcentaje de producto no ecológico que puede llevar un alimento sin que lo refleje la etiqueta, o sobre la autorización de uso de semillas provenientes de cultivos no ecológicos. Sobre este último asunto, hasta 2035 no será obligatorio el uso de semilla ecológica. Supone dejar a la semilla fuera de la cadena alimentaria, un error substancial.

Los controles de campo serán cada dos años, salvo que hayan existido sanciones previas, en cuyo caso serán anuales. Otra buena iniciativa es la posibilidad de agrupamiento de pequeños productores, que ahorra costes. Lo más importante es que se van a revisar los procesos de importación de productos ecológicos, lo que frenará la entrada de productos que no cumplen con los estándares europeos.

A pesar de sus limitaciones, es necesario reconocer el esfuerzo de la CE para la mejora de nuestro mercado interior, regulado en algunos casos por normas con dos décadas de antigüedad.

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