Recuerdos del Ebro Chiquito

Lavanderas hacen la colada en el Ebro Chiquito, en la década de los años 50. :: foto palacios/
Lavanderas hacen la colada en el Ebro Chiquito, en la década de los años 50. :: foto palacios

EDUARDO GÓMEZ

EL Ebro Chiquito es otro de los capítulos de la historia de nuestra ciudad que han quedado sepultados en el olvido, pese a su entrañable vivencia con Logroño, especialmente con su casco viejo, al que se ceñía como un fraternal abrazo desde su inicio en el río Ebro, frente a la playa, hasta su desembocadura, junto al Puente de Piedra. A lo largo de su trayecto, el desaparecido canal ha tenido un apretado parentesco con la ciudad, aunque ésta siempre lo ha mirado por encima del hombro, con evidente desprecio. Justificadamente, en especial durante sus últimos días, pues se convirtió en una pestilente cloaca más que en el brazo derecho de su padre, el río Ebro.

Se consiguió su nacimiento tras formar una gran presa para conducir un caudal del agua del Ebro hacia un canal que se abrió en 1736 a la altura donde actualmente se encuentra la pasarela que nos lleva hasta la playa, creándose un río artificial para dar servicio a un molino que se situó en su margen izquierda, justamente donde se mantiene como un mástil una chimenea de ladrillo. Con el canal se creaba, además, un amplio espacio aislado que se conoce como el Sotillo y al que se dio acceso a través de un pequeño puente al que se le conocía como el puente del río Chiquito. En 1986, los arquitectos locales Gerardo Cuadra y Raúl Gonzalo presentaron un interesante proyecto para crear en el Sotillo un restaurante con una terraza que volara sobre un estanque, entre otros atractivos, pero el Ayuntamiento no lo contempló y se optó por hacer desaparecer el río, enterrando con esa decisión un pedazo de la historia popular de la ciudad. Por ejemplo, la modificación del entorno arrastró la eliminación del lavadero municipal que existía junto a la calle San Gregorio, con un largo abrevadero donde quitaban la sed las numerosas bestias que llevaban los labradores antes de acudir a sus labores en la ribera; y desaparecieron también varios caños de permanente aportación de agua de manantial adonde acudían en verano muchos vecinos a llenar sus botijos. Allí existía un lavadero cubierto que se utilizaba, con nutrida afluencia, para hacer la colada que las mujeres transportaban con grandes baldes que llevaban sobre la cabeza. En sus aguas trasparentes, procedentes de la fuente comentada, pescadores profesionales de cangrejos tenían sumergidas las guardaderas, una especie de jaulas de malla donde tenían a buen recaudo los cangrejos que no habían conseguido vender. Como es fácil entender, al desaparecer el río Chiquito se les privó a muchas vecinas del entorno de lavar la colada como venían haciendo en las orillas cercanas al puente. También quedó para el recuerdo la pesca de las anguilas que aparecían flotando en la cabecera del cauce, víctimas de los efectos que les producía el polvo de tabaco que llegaba a través del alcantarillado procedente de los vertidos de la Tabacalera que estaba próxima, en la calle Mayor.

En la orilla izquierda, cercana a su inicio, se encontraba una pequeña, pero llamativa granja, muy cuidada por el popular carnicero logroñés conocido como 'Malcanta', donde criaban patos a los que se les veía nadar descuidada y libremente por el río. Anexo a la explotación agrícola se fueron creando en torno al viejo molino y a su chimenea, que aún se mantiene en pie, varias pequeñas industrias, especialmente ebanisterías, ocupando el espacio hasta el Puente de Hierro en cuyos inicios se encontraba el tostadero de cafés 'El Pato'.

Quedó para el recuerdo la pesca de las anguilas que aparecían flotando en la cabecera del cauce, víctimas del polvo de tabaco que llegaba a través del alcantarilladoSe construyó una gran presa para conducir caudal del Ebro hacia un canal que se abrió en 1736 a la altura donde actualmente se encuentra la pasarela

La drástica medida fue acompañada de la desaparición de la feria de ganado que se celebraba en fechas concretas, así como el poblado justo debajo del Puente de Hierro, compuesto de chabolas que se habían asentado en su margen derecha hechas con tablas, en el mejor de los casos, hojalatas y cartones. Con el tiempo fueron desapareciendo industrias próximas que tenían allí su asentamiento, entre las que se recuerda la de garlopas y herramientas para la industria de la madera conocida como la del 'Sordo' y la de lejías, cuya presencia se hacía notar por el olor que producía.

El tiempo acabó convirtiendo el Ebro Chiquito en una cloaca que pedía a gritos su eliminación. Era vergonzoso ver y soportar las consecuencias de los vertidos de la ciudad que descendían por la calle San Pablo hasta acabar en el río. Quienes lo conocieron y disfrutan ahora de los paseos que pueden darse sobre la canalización realizada sólo elogiarán el cambio.

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