Recuerdos de Artillería por Santa Bárbara

Campamento en Araca (Álava) en 1971. :: l.r./
Campamento en Araca (Álava) en 1971. :: l.r.

LUISMI CÁMARA

Hace 46 años lucían lustrosas cabelleras. Eso sí, bien recortadas según marcaba la rígida normativa castrense. Pulcros y apurados afeitados y hasta un perfilado bigote. Cuerpos esbeltos y caras juveniles tirando a aniñadas.

Ahora, peinan canas. Incluso más de dos ya no tienen nada qué peinar. Con el paso de los años, algunos han cambiado sus cuerpos lozanos y atléticos por cinturas anchas que han obligado a la hebilla a buscar los agujeros más cercanos al extremo del cinturón para ganar espacio. Y, como reconoce Luis Fernández, «ya ni se puede pensar en entrar de nuevo en aquellos uniformes». Esos que llevaban el numeroso grupo de muchachos que se incorporó al obligado servicio militar en el Regimiento de Artillería de Campaña 46 de Logroño en aquella lejana España de 1971.

Han tenido que pasar curiosamente estos 46 años para que una amplia representación de aquellos mozalbetes se juntara para recordar los viejos tiempos.

Fue el pasado 4 de diciembre, día de Santa Bárbara, patrona del Cuerpo de Artillería, la fecha elegida para celebrar el reencuentro. Cuarenta acudieron a la cita, todos ya con buena parte de la vida recorrida (que eso sí que es 'mili') y con casi todos los deberes hechos. Pintores, policías, electricistas, cocineros, delineantes, militares, contables... «Casi todos jubilados, salvo algún empresario que todavía está pendiente de hacerlo», explica Carlos Pérez del Amo, uno de los promotores de un encuentro que comenzó a lanzar Enrique Alcalde hace un año y medio.

Primero, una misa en Escolapios. Después, la comida en La Tapiada de Julián Lázaro, miembro de la cuadrilla. Un menú «con los excesos necesarios, porque el encuentro lo merecía», admite Pérez del Amo. Entre plato y plato, se pusieron al día y recordaron las viejas historias. Como la de aquella marcha en la que, por seguir a rajatabla las órdenes del alférez, acabaron metidos en un campo de remolachas, o la del despistado que acudió a pasar revista desde su casa con una bota de militar y una zapatilla.

Ahora ya piensan en jurar bandera la próxima primavera en Calahorra y mantener la convocatoria «mientras el cuerpo aguante».

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