Realidades paralelas y mentiras

Los editores de los diccionarios de Oxford han llegado a un acuerdo: la palabra (o palabras, en este caso) del año es 'fake news'. Es lo que aquí hemos venido llamando posverdad, un 'palabro' que, a la postre, no es sino víctima de sí mismo. Un eufemismo tras el que, a la sazón, se oculta el de mentira.

Y es que el 2017 ha sido el año de las mentiras. Las de Donald Trump; las de Nicolás Maduro; las de la 'Catalunya' de Cataluña; las del 1 de octubre; las de Tabarnia; las de las redes sociales; las de tantos otros... No ha habido acontecimiento (cultural, social, político, económico, policial, judicial...) que no haya tenido su contraparte de posverdad, su lado oscuro, su versión falsa, su mentira.

Hay quien prefiere hablar de manipulación, pero las 'fake news' elegidas por los diccionarios de Oxford han ido más allá, la han perfeccionado. No es una alteración más o menos burda de la realidad sino la creación de otra paralela que, bien macerada con redes sociales, replicadas por 'gurus' con legiones de seguidores ha conseguido invertir peligrosamente los términos: la realidad se convierte en mentira y la mentira adquiere la categoría de verdad absoluta. Tanto fue así que Facebook, por ejemplo, ha puesto en marcha un detector de noticias falsas. Las campañas del Brexit y de Donald Trump fueron buenos ejemplos de posverdad.

Frente a la mentira, afortunadamente, continúa existiendo un antídoto. Pero el verdadero remedio lo tienen en sus manos (o en sus tablets o móviles). Es cierto que son tiempos difíciles (desde todos los puntos de vista) para los medios de comunicación y que es víctima constante de la propia mentira, pero no hay que volverse loco. Frente a la mentira solo hay que hacer y confiar en el periodismo.

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