Los pueblos remontan el vuelo al paso de la paloma

Un cazador busca objetivos en un paraje cercano a Nieva de Cameros./Justo Rodríguez
Un cazador busca objetivos en un paraje cercano a Nieva de Cameros. / Justo Rodríguez

La llegada de cazadores durante el paso delapaloma llena de vida por unas semanas laspequeñas localidades de la sierra riojana

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

Insólitamente estos días no se encuentra sitio para aparcar en la plaza de Nieva de Cameros. Hay vida que se intuye detrás de las ventanas y los balcones y un puñado de vecinos se ha juntado para hablar a la sombra del tilo, en el coqueto recodo frente a la ermita que llaman 'El Parlamento'. Gracias a la caza de la paloma, cuya temporada se extiende entre el 7 de octubre y el próximo día 12, esta localidad (como otras de la sierra riojana) se puebla por unas semanas de conversaciones, pasos y risas durante el largo y solitario otoño-invierno.

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Ramón Barragán regenta el único bar de Nieva, 'La Chata'. La llegada de los cazadores trastoca felizmente su habitual rutina al frente del negocio. «Durante el paso de la paloma abrimos a las 7 para dar desayunos, si no no lo haría hasta las 10. Y por las tardes viene gente a las tertulias. Se toman un café, una cerveza y charlan de la jornada», señala. Estas semanas, en cualquier momento 'La Chata' puede reunir a una docena de personas «comentando sus hazañas». «De normal abro para cuatro vecinos», contrapone.

Nieva de Cameros (municipio que incluye a la aldea de Montemediano) cuenta con un censo de unos 95 habitantes. Pero únicamente ven amanecer y anochecer a diario en este rincón del Camero Nuevo unos 30 en Nieva y otros 12 más en Montemediano. Eso sí, en verano, sobre todo entre las fiestas en honor a Santiago y Santa Ana y el día de la Virgen de agosto, la población se dispara hasta las 300 almas.

Un grupo de aficionados a su regreso a Nieva tras la jornada de caza.
Un grupo de aficionados a su regreso a Nieva tras la jornada de caza. / Justo Rodríguez

De la avenida de aficionados a la caza no sólo se beneficia el bar, sino también la carnicería, donde van a proveerse de embutido y carne para los almuerzos y comidas. Otros neveros reciben a su vez con agrado el paso de estos visitantes. Julio Alfaro relata que la población permanente de Nieva la integran «mayoritariamente los jubilados y luego algunos albañiles y ganaderos». «El que tiene trabajo, va a su labor», apunta; por lo que no frecuentan mucho las calles neveras una mañana cualquiera de otoño-invierno. Así que la cita con el pan, a las 10 horas en el espacio techado de 'El Mentirón' se convierte en el punto de encuentro de los 'fijos'. «Y si no coincides en el pan, igual no les ves en toda la jornada», asegura Alfaro.

En lugares como Nieva, los aficionados a la caza compran en la carnicería y abarrotan un bar con sólo 4 clientes fijos

Se escucha algún disparo aislado desde el 'Monte de Enfrente', que como su mismo nombre indica está situado justo al otro lado de la colina sobre la que se asienta Nieva de Cameros. La zona de caza para la paloma se distribuye entre diez puestos vecinales y otros tantos para cazadores de fuera del lugar.

Los primeros los ocupan unos 20 neveros, descendientes de la localidad o con casa en ella que no perdonan cada año su cita con la escopeta, y con el pueblo. Carlos Ferreiro recuerda que esta zona fue antiguamente una «muy buena» ruta migratoria para las aves. Desconocen las causas, pero las palomas ya no cruzan tanto por aquí. «Cada año cogemos menos, pero lo pasamos bien porque nos juntamos con los hijos, sobrinos, amigos...», sostiene a pie de un puesto en el que este jubilado no atesora ninguna presa. Tampoco ha tenido suerte Miguel Ángel Murga. Su caso, relata, es el de muchos. Vive en Logroño y se «guarda» una o dos semanas de las vacaciones estivales para subirse a su casa de Nieva en la temporada de la paloma. «Me tira el pueblo y en verano me agobia el calor. Prefiero esta temperatura», justifica. De modo que, pese a que «la caza ha bajado mucho», se reserva estas fechas para «disfrutar de mi afición por la naturaleza y estar con los amigos».

Ramón Barragán, en la puerta de su bar con unos niños.
Ramón Barragán, en la puerta de su bar con unos niños. / Justo Rodríguez

Y es que remarca que los 20 de los puestos vecinales «somos una piña». «Nos va mucho el comer y el cenar». No en vano, más que la paloma parece que celebran «un festival gastronómico». De hecho, en la tienda de campaña que colocan en el monte, y que llaman 'el hotel', no falta ni el queso de Cabrales. Pronto recogerán estos y otros bártulos y sobre Nieva se extenderá de nuevo el 'síndrome de las ventanas cerradas'.

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