El glifosato es un sencillo compuesto que tiene la propiedad de interactuar e inhibir la ruta de formación de ciertos aminoácidos, exclusivamente en plantas. Hay aminoácidos, como la fenilalanina, que son esenciales para el hombre y que debe ingerirlos en la dieta al no poder ser sintetizados por el organismo. Dado que el efecto inhibitorio de síntesis de aminoácidos del glifosato se produce en las plantas, este ha sido utilizado como herbicida inocuo para hombres y animales. Pero, recientemente, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) ha catalogado al glifosato en el grupo 2A de compuestos probablemente cancerígenos para humanos. Esta clasificación ha abierto un intenso debate sobre la utilización del compuesto. La controversia se debe a que existen informes, como el de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés), que indican que es improbable que el glifosato constituya un peligro carcinógeno para los seres humanos y que las pruebas no apoyan la clasificación con respecto a su potencial para provocar cáncer.

Por otro lado, en la misma categoría de probabilidad del IARC, encontramos la exposición continua al ambiente de freidurías y peluquerías, o la ingesta de bebidas calientes. Aún más, en la categoría 1 de compuestos carcinógenos para humanos, encontramos el consumo de etanol en bebidas alcohólicas o el consumo de carne roja.

Es muy probable que no dejaremos de tomar un buen chuletón o un excelente Rioja por esta clasificación. Sí que hemos de ser prudentes, pero sin llevar el principio de precaución a límites que nos impidan, o bien disfrutar de los placeres que nos ofrece la naturaleza, o bien dejar de emplear herramientas que nos facilitan el progreso. La cuestión es aprovechar la ciencia, haciendo un uso adecuado y evitando los abusos. Emplear técnicas y metodologías que sean útiles para el avance de la sociedad, con los controles adecuados.

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