Presupuestos: truco o trato

Presupuestos: truco o trato

«El dinero es como el estiércol: no es bueno a no ser que se esparza» francis bacon

JORGE ALACID

Así como de algunos boxeadores se admiraba la afición en términos hiperbólicos («Baila como una mariposa, pica como una avispa», se decía de Cassius Clay antes de convertirse en Ali), de ciertos políticos puede concluirse justo lo contrario: pican como mariposas de invisible aguijón, no sin antes revolotear (e incordiar) como avispas inofensivas. Semejante imagen sirve para explicar la desconcertante estrategia que sigue Ciudadanos en el Parlamento regional, que suele exagerar cuando negocia el Presupuesto. Una táctica que recuerda a la enternecedora costumbre de la noche de difuntos, aunque para que el Gobierno regional tenga que elegir entre truco o trato, la oferta de sus potenciales aliados debería ser creíble. De lo contrario, ni habrá truco ni habrá trato: como respuesta, la formación naranja se llevará una sonrisa. Ese gesto condescendiente que los mayores dirigen a los pequeños de la casa.

Porque ocurre que al otro lado de mesa, la delegación gubernamental sabe lo mismo que sabe la delegación encabezada por Diego Ubis: que ejercer de muleta del Gobierno y saltar luego a la oposición resulta misión imposible. Como un moderno Sísifo, Ciudadanos debe subir día tras día a la cumbre del Parlamento con una carga cada vez más pesada a su espalda. Como un Juan Tenorio contemporáneo que deambula por el exconvento de La Merced en busca de su propia Inés, inaccesible en otoño pero más proclive al cortejo cuando el reloj aprieta: cuando llega el invierno, según esa reflexión que regaló Ubis una mañana desde el atril. Sólo entonces surge la magia, la propia de todo ritual de seducción: esos obstáculos inamovibles hasta anteayer se desplazan de súbito, lenta pero inexorablemente. Como un glaciar. Desaparecen entonces los nubarrones y se firma el tipo de acuerdo que unas semanas antes se descartaba. Y Ciudadanos se vuelve a conformar con las migajas del Presupuesto a cambio de salir en la foto.

En efecto, todo esto lo sabe el Gobierno, que maneja con flema la tendencia naranja a teatralizar. Su consejero Alfonso Domínguez ejerce en esta liturgia de paciente padre de familia: si le molesta que le toquen demasiado el timbre los críos del barrio, disimula. Sabe que el tiempo, el factor decisivo, juega a su favor: que Ciudadanos nunca lo haría. Según este pálpito, como jamás ha llevado hasta el final sus amenazas, también ahora acabará por desbloquear su momentánea oposición al acuerdo. Así ha ocurrido en el pasado. Nada en la actitud de la formación naranja, pese a sus aires de despecho, permite suponer que se levantará de la mesa dejando a La Rioja sin Presupuesto.

Al menos es cómo se ven las conversaciones en el bando gubernamental: sólo 24 horas antes de la rueda de prensa convocada por sus cuatro parlamentarios, hubo cita en el Palacete. Y en el Gobierno sostienen que ambas escenas casi consecutivas (el cónclave negociador en plan risueño, la áspera comparecencia ante la prensa) integran el ceremonial propio de esta clase de negociación. Si se ausculta el entorno de José Ignacio Ceniceros, se percibe la calma de todo maestro zen, que siembra de migas el camino para que Ubis y los suyos vuelvan a casa. Pero si se acerca el termómetro al corazón naranja, diríase que esta vez va en serio. Que el semblante enfurruñado que distingue a los cuatro diputados presagia tormenta. Tal vez porque la legislatura avanza y cada cual busca situarse en la línea de salida para la futura elaboración de listas. O tal vez porque Ciudadanos se espanta de verdad cuando el Gobierno le pide «un acto de fe», que diría Ubis. Y que en realidad preferirían que Ceniceros les suministrara dosis de otras virtudes teologales: un poco de caridad y algo de esperanza.

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