Un MIR para políticos

Jesús entre los doctores. Obra de Durero, del Museo Thyssen.
/
Jesús entre los doctores. Obra de Durero, del Museo Thyssen.

«El aprendizaje nunca agota la mente», LEONARDO DA VINCI

JORGE ALACID

Lunes invernal. Logroño, exterior noche. El PP insiste en cuanto puede que ha emprendido el camino de la renovación, pero a la entrada del acto que celebra en el Círculo recibe una escogida selección de dirigentes maduritos que hicieron su carrera bajo la alargada sombra de Pedro Sanz. Apenas el siempre sonriente Diego Bengoa se aparta de este sanedrín dominado por las canas. La imagen sirve muy bien como aviso de lo que aguarda dentro: otra función del sanzismo sin Sanz. Casualidad: el senador es el único gran dirigente ausente de un acto convocado (en teoría) para hablar del reto demográfico; en realidad, una excusa para ensayar la nueva estrategia del PP que se va a llevar mucho esta temporada: el único rival es Ciudadanos. Así que al ataque.

Y contra Ciudadanos descargarán sus baterías dialécticas los oradores, mediante ese mismo estilo que popularizó Sanz durante su largo reinado en La Rioja. Sin citarlo por su nombre. Al enemigo, ni agua. Todo muy adulto. Una estupenda manera de engrandecer al destinatario de tanto dardo, al que se pretende por el contrario empequeñecer. Curiosa estrategia. La propia de los días de confusión, ese tipo de atolondramiento que todos hemos atravesado alguna vez: cuando no entiendes lo que sucede a tu alrededor. Lo cual tiende a ocurrir en la adolescencia, pero no tanto en la etapa senior que hermana al conjunto de los presentes: se nota que la emergencia de Ciudadanos, su condición de partido más votado en Cataluña, ha pillado al PP con el pie cambiado. Y se resume en esas collejas que por turno le lanzan desde el atril. De Fernando Martínez Maíllo a José Ignacio Ceniceros, con similar energía: es decir, muy poca. Sin brío, como María Martín: «Nosotros somos coherentes. No como otros». Y no miro a nadie.

Aplausos desvaídos: en eso sí se nota que el PP ha cambiado. Antes era obligatorio cerrar cualquier nadería con una ovación estruendosa. Ahora, ni siquiera aprobar el Presupuesto arranca de sus dirigentes en el Parlamento unas humildes palmas. El resto del ecosistema popular recuerda por el contrario mucho a los días que parecían superados. Refractario a la realidad, el discurso se llena de topicazos. Evidencia de ese íntimo malestar que nace cuando se deja de controlar la agenda política: claman algunos actores principales del sector turístico contra la gestión gubernamental, pero sus responsables sólo detectan ahí una coartada para presumir de lo contrario. Plas, plas, plas. De compromiso. Y para arremeter contra la maniobra de aminorar el generoso sueldo de la compañera Ana Lourdes González como presidenta del Parlamento, la receta clásica: prietas las filas. Un atropello, según su jefe. Que sigue embarcado en la mixtificación de la historia.

Porque el orador, que antes también presidió esa misma Cámara, elige para definir su etapa al frente del Legislativo una palabra sorprendente: sacrificio. Presidir el Parlamento bajo la mayoría absoluta del PP, ejerciendo de brazo ejecutor del Palacete, fue eso. Un sacrificio. Y cercenar ahora la nómina de su máxima autoridad como acaba de acontecer, se traduce según Ceniceros en un ataque contra la dignidad parlamentaria. Más grave, por supuesto, que esos episodios regionales que los reunidos en el Círculo ya han olvidado. Como el envío del regionalismo al grupo mixto: un gesto de cortesía parlamentaria, se supone. La misma cortesía que recibió por ejemplo la socialista Inmaculada Ortega.

Avanza el mitin. No hay manera de elevar el ánimo del auditorio. Ni siquiera se borra el abúlico tono general con ese llamamiento a solidarizarse con la presidenta del Parlamento: se conoce que la pérdida de unos cuantos miles de euros, recién evaporados del bolsillo de González, sólo conmueve a la perjudicada. El alicaído volumen de los aplausos refleja con mayor precisión que cualquier otro dictamen la fría acogida que los discursos reciben de los reunidos. A los asistentes parece que todo les da un poco lo mismo. Igual que no van con ellos otras invocaciones, como el recordatorio que esgrime la alcaldesa: Cuca Gamarra presume de que su partido acaba de poner sobre la mesa un debate en torno a la conveniencia de perfeccionar la formación del profesorado. Esa especie de MIR docente: un programa de formación práctica tutorizada de dos años que se exigiría para impartir clases. Imposible no reparar cuántos de los presentes, o de los intervinientes, superarían un filtro semejante si hubiera un MIR para políticos.

Nunca tan necesario.

Bengoa tiene trabajo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos