Inválidos que andan, mancos que cazan: cómo librarse de trabajar

Inválidos que andan, mancos que cazan: cómo librarse de trabajar

Los juzgados de lo Social son testigos de las situaciones cómicas a las que llegan algunos para lograr la incapacidad

María José González
MARÍA JOSÉ GONZÁLEZLogroño

Los tres juzgados de lo Social de La Rioja, como ocurre en los del resto del país, son testigos de la picaresca de algunos trabajadores para conseguir la jubilación por incapacidad. En todo caso se trata de «situaciones anecdóticas», advierten desde el departamento de prensa del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja (TSJR), pero los jueces, en general, han vivido algunas de ellas.

Una de las más comunes es la del falso 'inválido': un juez coincide en el aparcamiento con un hombre que tiene dificultades para bajar una silla de ruedas del maletero. Así que decide echarle una mano. Éste se lo agradece y se despiden. Pocos minutos después ambos vuelven a coincidir... en la sala de vistas: el juez con su toga y el falso discapacitado, que reclama la incapacidad permanente total, sentado en la silla de ruedas. Ni se celebra el juicio, claro.

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Otros momentos desternillantes los propician los trabajadores que han sufrido un accidente laboral y, como consecuencia de él, tienen un problema en la clavícula que les impide subir el brazo más allá del cuello. Lo intentan el día del juicio y las salas enmudecen compadeciéndose del dolor que manifiestan. Hasta saltárseles las lágrimas. Pero algo les hace sospechar a los jueces, quienes se interesan por saber hasta dónde podían levantar los brazos antes del accidente. Y estos los alzan más arriba de la cabeza -«Hasta aquí», señalan briosos-, quedando en evidencia delante de todos.

Otra anécdota que comparten muchos jueces de lo Social es la del trabajador 'sordo': relata con todo lujo de detalles su incapacidad auditiva y los problemas que le ocasiona para desenvolverse con normalidad; pero justo cuando se retira, el secretario se dirige hacia él para comunicarle algo... y él, que ya está de espaldas, se gira para atenderle.

Una más mítica: la del cojo 'alternativo': entra a la sala de vistas cojeando ostensiblemente de su pierna izquierda, y, de hecho, cuando abandona el lugar arrastra la pierna... derecha. Y una última práctica granuja: la de los que padecen una malformación en los dedos de una mano que les impide hacer una vida normal. En la actualidad es más complicada porque se graban todos los juicios. Pero antes, cuando era necesario que las partes firmasen el acta, había quien plasmaba su rúbrica con total agilidad después de alegar que con esa mano no podía sostener ni un tenedor. Quedan tan desenmascarados como quienes llegan al juicio alegando tal minusvalía y se encuentran con fotos o vídeos en los que se les ve cargando la escopeta y disfrutando de una espléndida jornada de caza.

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