La persistencia de la sequía en agosto coloca al campo riojano en una situación crítica

Un rebaño de ovejas en una zona de pastos afectada por la sequía en los alrededores de Santurde. / Sonia Tercero

El sector cifra en un 40% menos la cosecha de cereal y sigue en duda la producción de remolacha y patata mientras aumenta la sequedad de las pastos

Teri Sáenz
TERI SÁENZLogroño

Las lamentaciones se agotan. Los días transcurren mientras las nubes siguen reacias a descargar, y lo que hace unas semanas era una situación preocupante en la ganadería y la agricultura riojana empieza a extremarse. La falta de agua encarnada en los mínimos niveles que presentan a día de hoy los embalses de la comunidad autónoma (24% de su capacidad en Mansilla este miércoles, 27% en Pajares y prácticamente la mitad en el González Lacasa) tiene un impacto directo en el campo de La Rioja que se confirma a pie de terreno.

La radiografía que describen las principales organizaciones agrarias confirma la coyuntura que se arrastra durante meses y se está agudizando en un agosto igualmente seco. Cumpliendo las previsiones, la cosecha de cereal en La Rioja Baja ha quedado reducida esta campaña en aproximadamente el 40% y preocupa cada vez más la situación del almendro. «En muchas explotaciones los árboles están prácticamente secos», advierte el presidente de la UAGR, Óscar Salazar. Lo que en este caso es una constatación, en el de cultivos que requieren abundante agua como remolacha y patata, especialmente en el valle del Oja, cunde la duda respecto a cuál será el resultado de la producción al final de la campaña. El viñedo tampoco parece indemne a la ausencia de lluvias mientras el riego se intensifica sólo en la medida de la posible para sacarlo adelante. «Confiemos en que se recoja una cantidad aceptable dentro de las circunstancias que hemos vivido y no se dispare el precio, aunque eso lo dirá el mercado», reflexiona desde Asaja José Antonio Torrecilla.

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Las puntuales tormentas de verano registradas hasta el momento no han paliado el escenario. «Es un agua que sigue siendo escasa y se limita a correr, sin llegar a empapar la tierra», comenta Salazar. «A lo sumo, esa cantidad caída en muy poco tiempo lo que hace es perjudicar las infraestructuras, deteriorando caminos y cunetas».

«Se precisan más ayudas directas para los afectados y no acaben siendo una línea más de negocio» UAGR

El ganado es otro de los principales damnificados por una situación que en su caso se prolonga durante prácticamente un año. Los pastos secos en la montaña se replican ya en el valle y, a falta de rebrotes, los rebaños no encuentran hierba ni en rastrojos ni pastizales, obligando a una aportación extra alimento.

Raúl Espinosa da fe. Ganadero en Santurde también como César Ortiz, hasta el momento vadean la situación en algún prado regado en la medida posible con agua de pozo para dar de pastar a sus 60 vacas y 350 ovejas. «Los rastrojos aún no han criado, y eso obliga a darles de comer paja y guisante, con el consiguiente aumento de costes», explica en la confianza de que en las próximas fechas la tendencia se quiebre y descargue la lluvia que haría ver el escenario de forma más optimista.

«Una situación así no se palía con parches; lo idóneo serían medidas estructurales a largo plazo» ASAJA

Las medidas que aplican los profesionales conviven con el plan contra la sequía implementado por el Gobierno regional con un con un presupuesto global de de tres millones de euros que pivota sobre seis ejes: exención del pago de tasas a los ganadores, subvenciones para financiar intereses de préstamos, limitación del pago de tasas para autorizaciones de caza, aumento de la dotación para seguros agrarios, ayuda de mínimos para la ganadería extensiva y actuaciones en colaboración con la Sociedad Anónima Estatal de Caución Agraria (SAECA).

Las organizaciones agrarias las aceptan con cautela. «Son buenas medidas, pero muy escasas e insuficientes», opina Salazar, que aboga por más ayudas directas «que beneficien al afectado y no acaben siendo una línea de negocio más para otras entidades». Torrecilla agrega: «Una situación así no se palía con parches a cuentagotas; lo idóneo serían medidas estructurales a largo plazo, no coyunturales».

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