ES EL PERIODISMO, ESTÚPIDO

Luis J. Ruiz
LUIS J. RUIZLogroño

«Es la economía, estúpido». Dicen que ese eslogan fue la clave para que Bill Clinton, allá por 1992, fuera capaz de tumbar en las elecciones a la Casa Blanca a George Bush padre, que se jugó todo a una carta: la de sus presuntos éxitos en política exterior (fin de la Guerra Fría, primera Guerra del Golfo...). De eso han pasado ya la friolera de 26 años y hay quien sigue defendiendo a capa y espada esa máxima, la que asegura que la solución para todo está en la economía. Incluso para ganar unas elecciones... Afortunadamente, no todo es economía. Hay vida más allá de las grandes cuentas; de los brotes verdes; de estar mejor que la media; de las proyecciones de crecimiento...

En 1992, los alumnos que ahora cursan entre primero y cuarto de la ESO no eran sino hipótesis de futuro. Tan futuribles que, a buen seguro, buena parte de sus padres no se conocían. Imagínense. Pero seguro que si les preguntan por Bill Clinton serán capaces de hacerles una radiografía más o menos exacta del político demócrata.

Porque si algo saben, o algo han demostrado, es que tener entre 12 y 16 años no es sinónimo de ingenuidad. Hay muchas teorías sobre una presunta involución generacional que asegura que cada una que llega es menos capaz que la anterior. Meros estereotipos basados en la máxima -más falsa que Judas- que apunta que tiempos pasados siempre fueron mejores. Batallitas del abuelo cebolleta...

Uno de los grandes ejemplos lo tienen sobre estas líneas. Ahí arriba están quienes les contarán en menos de lo que creen qué pasa en Logroño, en España, en el mundo. Apenas han llegado a la adolescencia y son capaces de enfrentarse a lo que les echen. No tienen freno (lo que no es del todo malo) y desconocen lo que implica la corrección política (lo que es absolutamente extraordinario) sabiendo que sí hay límites infranqueables.

En una época en la que el periodismo combate a muerte contra sí mismo, es maravilloso ver que hay cantera (mucho mejor que la de Lezama) capaz de poner contra las cuerdas al presidente del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja o a la alcaldesa de Logroño; de jugar con el lenguaje para acercarnos proyectos solidarios desconocidos; de hablar del acelerador de partículas sin pomposidad; de contar cómo se hace el plato tradicional de su localidad...

Así, mientras el periodismo trata de definir su futuro, los que serán sus protagonistas ya lo han encontrado. Y esa es una gran noticia. Quizá ellos sean los encargados de firmar el obituario del papel; quizá hagan comprender que la información de calidad tiene un precio; quizá, incluso, se rían cuando alguien les hable de 'fake news'. Pero ellos les contarán la vida, que de eso va este tinglado. Y visto lo visto, nadie lo hará mejor.

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