Pediatra de vocación

José Julián Revorio nació en Las Palmas, pero lleva afincado en Logroño desde 1978. :: /Juan Marín
José Julián Revorio nació en Las Palmas, pero lleva afincado en Logroño desde 1978. :: / Juan Marín

José Julián Revorio El prestigioso doctor se jubila

África Azcona
ÁFRICA AZCONALogroño

La pasión por la pediatría ha guiado la vida de José Julián Revorio, a quien la edad le acaba de enviar a la jubilación después de una larga trayectoria que le ha convertido en una referencia cuando se habla de niños riojanos. Nacido en Las Palmas hace 65 años, este licenciado en Medicina en Madrid y con inquietudes desde muy joven -«me miraban como un bicho raro por querer ser pediatra»- pasaba ayer su última visita en su consulta privada por la que han pasado infinidad de niños, y en breves días hará lo propio en su despacho del San Pedro, donde hasta ahora ocupaba la jefatura de su especialidad. El doctor Revorio llegó a Logroño en 1978 para hacer la especialidad y aquí se quedó formando parte del equipo de pediatras del Hospital Antonio Coello Cuadrado, embrión del futuro San Millán. Fueron años, como rememoraba ayer, de largas guardias, de interminables fines de semanas encerrados en el hospital, «y eso lastró un poco a mi familia», de hecho ninguno de sus hijos ha seguido la estela del padre médico. «Eran jornadas de 31 horas, te ibas un domingo a trabajar y no volvías hasta el lunes después de comer...».

Pese a la presión, como no podía ser de otra manera, trabajar con niños le ha dado grandes alegrías. «Son los seres más débiles y curarles compensa todo». En sus inicios, explicaba ayer, no faltaron episodios complicados en los que las epidemias de sarampión y paperas estaban a la orden del día, unas patologías hoy casi olvidadas gracias a las vacunas. «No hay duda de que han sido el gran adelanto de la medicina, las que salvan vidas».

Aunque a veces ni las vacunas le han evitado pasar tragos muy amargos. «Me han quedado cicatrices inevitables. Se considera que los niños son seres sanos, que se acatarran y ya está, pero no es así, los pequeños también tienen muchas patologías que dan problemas severos y, por mucho que te dediques a ello, no es fácil entender que un niño esté enfermo de verdad y que se vaya». Afortunadamente en La Rioja la tasa de supervivencia es muy alta y el control de cada paciente, al ser una comunidad uniprovincial, «es intenso». Pero como advierte, no hay que bajar la guardia ni permitir que en momentos de crisis disminuya «el aporte económico». Es su mensaje de despedida después de cuatro décadas como facultativo: que no se desatienda la inversión en Pediatría. «La tecnología es clave, antes era impensable sacar adelante un bebé de 600 gramos y hoy lo hacemos», pone como ejemplo el doctor, que a partir de ahora lo que más va a echar en falta es tener un bebé en brazos. «Es lo que he hecho siempre...».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos