La patrulla de salvadores de la montaña en La Rioja

Juan Marín

Sobre la nieve, en barrancos, en el frondoso bosque, en aguas bravas o cuevas, los agentes son expertos en el terreno agreste | El Equipo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil en La Rioja tiene su base en Ezcaray y consta de siete agentes especializados

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

El suyo es un trabajo espectacular cuando aparece en los medios de comunicación porque han rescatado a algún montañero herido y han tenido que realizar travesías sobre la nieve, sin visibilidad, descolgarse por paredes rocosas o actuar con el helicóptero, pero lo cierto es que otras muchas de sus intervenciones son para encontrar a 'seteros' perdidos en el monte.

También ocurre que la montaña se está popularizando y eso provoca que personas no preparadas se adentren en terreno desconocido y acaben siendo rescatadas. Con cierta frecuencia, durante alguna maniobra, por ejemplo en la estación de esquí de Valdezcaray, han visto a alguien con intención de realizar alguna travesía fuera pista sin la preparación adecuada, le han advertido, pero no les ha hecho caso y, horas después, se lo han vuelto a encontrar siendo objeto de un rescate.

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La Guardia Civil en La Rioja cuenta con un Equipo de Rescate e Intervención en Montaña (EREIM) con sede en Ezcaray. Lo forman siete hombres (el cabo primero Fernando Mateos y los agentes Carlos Martínez, Toño Alonso, Sergio Villar, Carlos Bernardo, Alberto Cid y Félix Castrillejo) que abarcan toda La Rioja y la parte de Soria y Burgos que comprenden Sierra Cebollera y Sierra de la Demanda. Fue en 1967 cuando se crearon las primeras Unidades de Esquiadores-Escaladores de la Guardia Civil debido al auge de las actividades al aire libre. Los grupos de montaña se constituyeron en 1981, aunque en La Rioja no hubo este servicio hasta 1992: «Se fundó por Valdezcaray porque, antiguamente, el salvamento en las estaciones de esquí lo hacía la Guardia Civil», recuerda Carlos Martínez.

Pero el ámbito de actuación del EREIM no se limita a la nieve, ni siquiera a la montaña: también están preparados para la espeleología y las aguas bravas. Es más, en la montaña ejercen como Policía Judicial. Si se produce un accidente grave, ellos recopilan la información y las pruebas para establecer qué ha podido suceder, y si hay fallecidos, son los encargados de autorizar el levantamiento del cadáver: «Lo más frecuente es la búsqueda de personas perdidas. La gente sale de la 'zona de privilegio' de la estación y se desorienta», advierte Carlos. Con la experiencia, «directamente vamos al barranco del Calamantío, donde acertamos al 80%».

Juan Marín

El EREIM son los siete hombres del cuartel de Ezcaray con sus equipos (esquíes, raquetas de nieve, cuerdas, camilla, piolets...), que pueden llegar a pesar 20 kilos a la espalda, una moto de nieve y todoterrenos, pero si es preciso les apoya el helicóptero de la Guardia Civil con base en Agoncillo. «El helicóptero es una ayuda inestimable, nos quita mucho trabajo físico a la hora de llegar a lugares inaccesibles. Y todo lo que le puedas quitar al accidentado de tiempo, lo gana en el hospital», expone Carlos.

El reclamo del helicóptero depende de muchos factores. Por ejemplo, hace un año el EREIM intervino y localizó a una niña burgalesa perdida cerca del pico San Millán gracias a él. La niña, autista, se escondía de la gente que le buscaba y tuvo que ser localizada desde el aire.

Juan Marín

Otra intervención reciente y significativa, ésta sin helicóptero, muy parecida a la que tanta repercusión tuvo en el L'Angliru, pero que no trascendió, se produjo durante la primera gran nevada de la temporada, en el puente de diciembre. Un grupo de jóvenes de Logroño quisieron ascender al Alto de la Cruz de la Demanda y ante el temporal, se resguardaron en el refugio del Llano de la Casa. Al día siguiente, la nevada no les permitía salir de allí.

La madre de uno de ellos alertó a la Guardia Civil y, tras varios días, como el helicóptero no podía volar por las condiciones meteorológicas (en el San Lorenzo las rachas de viento pueden alcanzar los 160 Kms/h), decidieron actuar. La carretera estaba completamente nevada desde Posadas y llegar hasta los jóvenes (ya sin víveres y calzados con zapatillas) costó tres horas de travesía con raquetas. A pesar de las imprudencias, la Guardia Civil nunca cobra por los rescates. Lo que sí hace es advertir, concienciar y aconsejar.

La situación más peliaguda que ha vivido Carlos Martínez fue la catástrofe del camping de Biescas, en la que intervino cuando trabajaba en el equipo de Panticosa. «Aquello fue dantesco», recuerda. Más recientemente, en el 2016, el equipo riojano ayudó en el rescate del accidentado espeleólogo francés atrapado en la sima de Larra (Navarra), que duró tres días. «Aquí, en La Rioja, no hemos tenido nunca un riesgo extremo. Intentamos controlarlo todo bien, sobre todo a nivel técnico, aunque siempre hay riesgo, sobre todo en las avalanchas; ahí siempre hay peligro», señala Carlos.

«El helicópetero es una ayudainestimable, nos quita mucho trabajo físico», afirma Carlos Martínez

Por fortuna, no realizan rescates todos los días, así que su labor, con frecuencia, es el entrenamiento a fin de esta preparados. El pasado miércoles, por ejemplo, ensayaron el descenso con cuerda de una camilla por una pared rocosa de 60 metros en Valdezcaray. Algo relativamente sencillo porque ese desnivel puede llegar a ser de hasta 200 metros. Al menos dos miembros siempre están de guardia y el resto, si no tiene día libre, realiza ejercicios de simulación de rescate. También entrenan el esquí alpino y la travesía fuera de pista, donde se producen el 90% de los rescates de montaña. En verano se centran en la escalada, el descenso de barrancos y la espeleología.

Los hombres que forman el equipo son portentos físicos. Algunos, incluso, compiten deportivamente: dos de ellos, Fernando y Toño, en esquí de montaña y otro, Félix Castrillejo, es campeón de La Rioja de triatlón de invierno, campeón del circuito de triatlón de La Rioja y vencedor del campeonato militar de 'ironman' celebrado en Gandía.

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