Ocón promete «unidad» como líder del PSOE

Antonio Díaz Uriel

El candidato del aparato socialista vence en las primarias a Caperos, aspirante del sector alternativo, con el 57% de los votos

Jorge Alacid
JORGE ALACIDLogroño

Unidad. La palabra más repetida, casi como un mantra, por Francisco Ocón anoche en la sede del PSOE riojano fue unidad. Respaldado por el aparato de su partido, acababa de imponerse en las primarias a Félix Caperos, que lideraba una lista alternativa a la oficial, cuando la emoción que resultaba tan evidente en su discurso, y tan rara en un dirigente tenido por frío, no impidió a Ocón (Arnedo, 1970) pronunciar una intervención tan sólida como suele. Una nubecilla empañaba sus ojos; venía de conferenciar con el aspirante derrotado en el despacho del líder en retirada, César Luena, y se disponía a recibir la felicitación de los suyos. De sus seguidores y de sus familiares más cercanos, que aguardaban el escrutinio en una estancia vecina a la sala de prensa donde finalmente compareció el nuevo secretario general de los socialistas riojanos. Cuya primera misión será gestionar una victoria no tan apabullante como tal vez presumía: superó a su rival con el 57% de los votos.

En las elecciones se pronunció una elevada proporción del PSOE de La Rioja. Estaban llamados a las urnas 1.201 militantes; de ellos, acudió finalmente el 73,36% (881 votantes), un porcentaje que parecía razonable a miembros de las dos candidaturas, que aguardaban desde antes de las ocho de la tarde en el venerable edificio de Martínez Zaporta el final de las votaciones y el comienzo del recuento. Fue un ejercicio tan democrático como silencioso; igual que los miembros de una orden religiosa, los camaradas, incluyendo a quienes se distinguían por tantas y tantas rencillas recientes, se agrupaban en torno a la urna. En su despacho aguardaba noticias Ocón, sin concesiones al triunfalismo, aunque el lenguaje corporal de sus afines ya presagiaba su victoria; desde Casalarreina llegó sobre las ocho y cuarto Caperos, a quien la organización de las primarias había reservado una sala para que esperase con sus incondicionales a que hablara la militancia.

Pronto empezó el goteo de resultados y con similar rapidez se abría paso la victoria del favorito. Ocón, secretario de organización del partido y pretoriano de César Luena, había amalgamado a su alrededor a una considerable dosis de partidarios que permeaba todo el PSOE. En apoyo de su candidatura se habían significado relevantes dirigentes de cada facción histórica, incluyendo a quienes acababan de apoyar en las primarias federales a los tres candidatos en liza. De modo que el finalmente ganador era un poco el candidato de todos, lo cual le ponía en ventaja en la competencia interna, aunque su éxito finalmente se fraguó por una estrecha diferencia: 126 votos. Lo cual no evitó que se felicitara por su victoria en términos concluyentes: el respaldo obtenido respecto a Caperos le parecía a Ocón, exultante aunque contenido, «muy mayoritario».

Y de ahí, de las felicitaciones a sus compañeros de campaña y los agradecimientos rituales, análogos a los firmados por el alcalde de Casalarreina, Ocón descendió al capítulo de promesas. Fue cuando la palabra unidad empezó a poblar cada parrafada, tanto en la alocución que traía preparada como cuando respondió a los periodistas. ¿Integrará a la candidatura derrotada en la directiva que salga del congreso de finales de mes? Unidad. ¿Eso quiere decir que habrá cambios en la cúpula que le rodee en su nuevo cargo? Unidad. «Aunque sí que habrá cambios», aceptó.

Concluida su comparecencia, Ocón salió de la sala como había entrado: ovacionado por los suyos. No por casualidad había escenificado con cierta liturgia su entrada en escena: le esperaban en el estrado sus afines, con Concha Andreu al frente, y a ellos entregó sus primeras sonrisas. Luego recuperó el semblante serio y responsable, propio de su personalidad muy concentrada; elogió a su contrincante, admitió que era el día más feliz de su vida política y no se olvidó de añadir un matiz a su promesa de unidad, unidad y más unidad: también reclamará lealtad. El ingrediente que tantas veces ha faltado en su partido después de procesos internos parecidos al de ayer.

Y Ocón se marchó. Volvió a recibir el cariño de los suyos, se metió en su despacho y atendió la llamada de Pedro Sánchez. Aún resonaba en la sala de prensa su invitación a forjar una alianza entre las distintas almas del PSOE que, de producirse, resultaría bastante insólita en su historia reciente, aunque el compromiso central de su discurso no era tanto ese llamamiento a la unidad como otra promesa: procurar que Concha Andreu sea presidenta del Gobierno. Un propósito imposible sin unidad.

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