Navidad con una familia de cientos de miembros

Luci, voluntaria de la Fundación Tutelar, visita y acompaña con frecuencia a varios mayores en Caser Residencial Montesoria. /Justo Rodríguez
Luci, voluntaria de la Fundación Tutelar, visita y acompaña con frecuencia a varios mayores en Caser Residencial Montesoria. / Justo Rodríguez

La vida de las personas mayores en una residencia, la otra cara de las celebraciones festivas | Los ancianos que no tienen familia directa o amistades reciben habitualmente la visita de voluntarios que les ofrecen su afecto

MARÍA CASADOLogroño

Es Navidad, pero Gloria evita hablar de ella. Participa en este reportaje por deferencia al cariño que tiene a Luci, su voluntaria de la Fundación Tutelar, quien le visita semanalmente. «Intento no amargar a los demás, pero lo que más deseo es que pase la Navidad; la soledad... la tristeza...», explica esta señora que supera los ochenta años y que se dispone a pasar sus segundas celebraciones navideñas en el centro Caser Residencial Montesoria, en Logroño. A su lado, José Luis, en su silla de ruedas, explica que esta será su primera Navidad en el centro. Junto a él aguarda su turno José Manuel, un derroche de disposición para participar en actividades, quien vive en la residencia junto a su hermano Jaime y suma siete festejos navideños en Caser.

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Ellos son tres de las personas mayores que no saldrán estos días de la residencia para disfrutar de las fiestas en familia. Cada uno con su particularidad, no tienen lugar dónde hacerlo. Pero en las residencias se trata de paliar esta carencia. «Se organizan actividades, menú especial, se cantan villancicos, tienen sus regalos, se trata de que sientan que ésta es su casa y son ellos mismos los que lo hacen posible. Incluso nosotros llegamos a hablar de ellos como de familia. Es más, hay casos en los que es la familia la que viene al centro a cenar o comer», explica Beatriz Álvarez, directora de la residencia Caser en Logroño.

Todos admiten que son fechas especiales, en las que se echan de menos tiempos pasados, en las que se añora a familiares, en las que se siente soledad a pesar de vivir con más de cien personas. Pero por eso se multiplican los detalles de afecto: un ejemplo es que desde las propias amistades o familias de los trabajadores del centro acuden a cantar villancicos o a realizar actuaciones. Y en este aspecto de atención y estima un papel clave es el que desempeñan los voluntarios, como Luci (Lucía Polo), que colabora con la Fundación Tutelar de La Rioja. «Venimos a cubrir esas lagunas afectivas. Trato de transmitirles aire fresco, sonrisas, alegría, acompañamiento...», reconoce con una sonrisa emotiva.

«Trato de transmitirles aire fresco, acompañamiento, alegría, escucha...», cuenta Luci, voluntaria en Caser

«Muchos mayores prefieren que no les saquen sus familias a cenar o comer para no romper la rutina»

Y así lo transmite Luci cuando a su alrededor se sientan Gloria, José Manuel y José Luis. «Amigos para siempre», les arenga con la mano en alto para chocarla. «Mi objetivo es que no tengan esa sensación de soledad», apunta Luci, de 71 años. «Necesitan alguien en quien confiar, sentir que les dedicas tiempo, les escuchas...», admite esta voluntaria que suma cuatro años en estas tareas, en las que también participa su marido.

Ninos de un colegio animan con villancicos a los ancianos de la residencia Santa Teresa Jornet.
Ninos de un colegio animan con villancicos a los ancianos de la residencia Santa Teresa Jornet. / Justo Rodriguez

«La verdad es que de inicio no me atraían los ancianos, pero la experiencia está siendo muy enriquecedora. Me enseñan mucho, me hacen valorar lo que tengo. Me dan serenidad. Y entre todos tratamos de potenciar algo de los demás», cuenta Luci, siempre sonriente y concluye: «Como les suelo decir: somos los mejores y los... ¡más mayores!».

Días intentos de actos

A pesar de lo que para el resto del mundo pueda parecer, el hecho de quedarse a pasar los días clave en las residencias no siempre es vivido con pena por los propios mayores. Así lo reconocen Sara Alba, directora de la residencia Santa Justa, sor Rocío, superiora del centro Santa Teresa Jornet, o Ángel Romero, director de la residencia de mayores de Anguiano. «Muchos prefieren que no les saquen sus familias para no romper costumbres, horarios... Suelen salir más a la hora de la comida, es decir, Navidad y Año Nuevo, que en las cenas», reconocen.

Los directores coinciden en que son fechas intensas: de organizar a los ancianos que salen a alguna celebración, de múltiples actos en las fechas previas y en los días señalados, y de menús especiales, más copiosos. En Santa Teresa Jornet, por ejemplo, es mítico el momento de las uvas en Nochevieja, con un muñeco que las anuncia a golpe de cacerola. La visita de los Reyes Magos también es habitual en todos y uno de los instantes preferidos, como cuenta Romero, de Anguiano. «Sale la cabalgata del pueblo desde aquí y les dan los regalos directamente. Es el momento más emotivo del año, sus caras de ilusión no tienen precio. Muchos apenas han recibido regalos en su vida...».

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