Munilla, paradigma del ocaso rural

Juanjo disfruta de un vino en el Casino de Munilla junto a varios vecinos. ::
Juanjo disfruta de un vino en el Casino de Munilla junto a varios vecinos. :: / María Félez

En el pueblo viven unas 50 personas; en verano su población se multiplica por 10 | En la primera mitad del siglo XX, los munillenses eran más de 1.200 y se ocupaban en la entonces próspera industria textil del Alto Cidacos

María Félez
MARÍA FÉLEZCalahorra

Llegamos a Munilla. Acaba de caer una buena tromba de agua pero el sol tiene la intención de hacerse un hueco entre las nubes. Las campanas de la iglesia nos dan la bienvenida. Nadie más, a pesar de ser viernes por la tarde. Munilla quizás es el ejemplo más claro de la despoblación riojana.

Desde el siglo XVI fue una localidad prospera y demográficamente creciente debido al auge de su industria textil. Ésta llegó a su pico más alto a principios del siglo XVIII con la convivencia de hasta 21 fábricas, pero todo cambió a mediados del XIX. Con la desaparición de las fábricas comenzó el bajón demográfico.

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El éxodo rural de los años 60 y 70 acabó de dar la puntilla a esta localidad. Las fábricas que quedaban se trasladaron a Arnedo, Calahorra y Logroño. Allí tenían mejores comunicaciones y, sobre todo, capacidad de ampliación. Munilla perdió el 90% de su población en 30 años.

Hoy sólo 50 personas viven allí. Nos encontramos con una de ellas. Mercedes pasea con Carmen que cada fin de semana sube desde Calahorra. ¿Estamos a tiempo o ya es demasiado tarde? «Nunca es demasiado tarde, aquí se vive estupendamente sólo hace falta que la gente se dé cuenta», dice.

Carmen nació en Munilla. «Recuerdo que mi madre me contaba que muchas mujeres de Arnedo subían a trabajar a Munilla andando; aquí estaban las fábricas de los Sevillas, los Fernández y los Aguirre. Había trabajo para los del pueblo y para los de la zona», rememora. Ahora echa de menos que, por ejemplo, haya que bajar a Arnedillo para poder hacerse un análisis. «Medico sí, viene dos días a la semana», nos cuenta.

«Nunca es tarde. Aquí se vive estupendamente sólo hace falta que la gente se dé cuenta», dice Mercedes

Nos sorprende ver un grupo de jóvenes. Uno de ellos vive aquí todo el año. Trabaja en el balneario de Arnedillo. «Aquí tienes que aprender a moverte, no te queda otra opción», reconoce.

Un matrimonio también ha salido a pasear. Él nació en Munilla, ahora sólo vienen en verano y algún fin de semana desde Logroño. «Vivimos aquí diez años después de casarnos, pero cuando quitaron la escuela nos fuimos porque teníamos tres niñas», explican.

Son las siete de la tarde. El Casino de Munilla abre sus puertas. Antaño llegó a haber tres casinos, «dos farmacias y cuartel de la Guardia Civil», incide Juanjo, que vive en Munilla todo el año. Sus compañeros de conversación son un vasco y un gallego. «Los vascos han tenido parte de 'culpa' de que este pueblo siga existiendo, ellos fueron los que compraron muchas casas cuando la gente decidió marcharse», recuerda.

Munilla pasa de contar 50 habitantes durante la mayor parte del año a más de mil en la semana de fiestas, pero su problema, como el de otros tantos municipios riojanos, es fijar su población. De momento, los que están no piensan moverse.

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