Un monumento a la memoria y la dignidad

En obras. Trabajos para dotar al paraje de un vallado perimetral, en los que participaron las familias. :: Foto Teo (Archivo Casa de La Imagen) Fecha simbólica. Acto de inauguración del memorial de La Barranca el Primero de Mayo de 1979 y monumento de Alejandro Rubio Dalmati alusivo al horror vivido en la guerra. :: Foto Teo (Archivo Casa de La Imagen) Zona de cultivo. Las tres fosas en las que se enterraron a los asesinados se ubicaron en la Dehesa de Barrigüelo, en término de Lardero. Foto Teo (Archivo Casa de La Imagen)/
En obras. Trabajos para dotar al paraje de un vallado perimetral, en los que participaron las familias. :: Foto Teo (Archivo Casa de La Imagen) Fecha simbólica. Acto de inauguración del memorial de La Barranca el Primero de Mayo de 1979 y monumento de Alejandro Rubio Dalmati alusivo al horror vivido en la guerra. :: Foto Teo (Archivo Casa de La Imagen) Zona de cultivo. Las tres fosas en las que se enterraron a los asesinados se ubicaron en la Dehesa de Barrigüelo, en término de Lardero. Foto Teo (Archivo Casa de La Imagen)

Las flores pueblan La Barranca por Todos los Santos desde hace 80 años en recuerdo de los fusilados en 1936

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGOLogroño

La Cruz Roja dedicaba las mañanas de los albores de la guerra civil a recoger los cuerpos sin vida de los fusilados que aparecían en La Grajera, en la carretera de Viana o en la de Mendavia y los conducía al cementerio de Logroño para inhumarlos.

Tan sólo en esos primeros compases de la contienda fratricida, en el camposanto logroñés había enterrados 400 cadáveres de asesinados por su afinidad con el bando republicano. «Para el 10 de septiembre de 1936, como ya no queda sitio ahí, se busca un lugar donde matar a los que van a venir», señala el escritor, investigador y miembro de la Asociación La Barranca para la Preservación de la Memoria Histórica, Jesús Vicente Aguirre.

El sitio elegido fue la Dehesa de Barrigüelo, en el término de Lardero. «Se trató de buscar un paraje cercano a la capital riojana, en el que se pudiera cavar la fosa hasta donde resultase necesario», señala Aguirre.

Lo que en su día fue un campo de cultivo pasó a conocerse como La Barranca. Allí se abrieron tres larguísimas fosas, de las que están ocupadas dos y media con los restos de otros poco más de 400 ejecutados.

Hasta este paraje acudieron sin falta las Mujeres de Negro (las madres, esposas e hijas de los asesinados) para llevar flores y recordar a los suyos. Ellas fueron quienes durante cuatro décadas confirieron a estos terrenos de un simbolismo, que se certificó en 1979 cuando el Primero de Mayo se inauguró el memorial de La Barranca, el primero en España de esta magnificencia.

Para que La Barranca se convirtiera en un monumento a la memoria y la dignidad, en 1976 se conformó una comisión que se reunió con el entonces gobernador civil de la provincia de Logroño, José María Adán, para decidir qué forma adoptaría el memorial.

Ese grupo lo integraron Damián Santamaría, Pablo Sáez Arancón y Lorenzo Zaldívar, asesorados por los abogados laboralistas Rafael Gómez Soria y Javier Sáenz Cosculluela. Desde el primer momento tuvieron claro que La Barranca sería lo que los familiares de los fusilados quisieran que fuera. Adán ofreció un millón de pesetas de la época para ayudar y el resto lo costearon las familias. En la obras participaron Antonio Sarabia, Cristino Vallejo, Patricio y Pedro García (quien ha sido presidente de la Asociación La Barranca y que falleció el pasado jueves), Hipólito Muro y tantos otros.

Los dueños de esas tierras las cedieron a perpetuidad a la entonces Diputación de Logroño y con el esfuerzo de los familiares, entre 1976 y 1979, se llevaron a cabo las obras. Se valló el perímetro de las fosas, se construyó la zona de resguardo donde figuran las listas con los nombres de los 400 enterrados en La Barranca y de los 2.000 ejecutados en La Rioja, y Alejandro Rubio Dalmati, quien también pisó la cárcel durante la guerra, situó en la entrada un impresionante monolito al horror. Como cada uno de noviembre desde hace ocho décadas, La Barranca volverá a llenarse de flores el próximo miércoles y seguirá por siempre como símbolo de memoria y dignidad.

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