Una moneda al aire

Francisco Ocón y Félix Caperos, el martes en TVR, mientras sorteaban el orden para ser entrevistados por Carlos Santamaría. ::
Francisco Ocón y Félix Caperos, el martes en TVR, mientras sorteaban el orden para ser entrevistados por Carlos Santamaría. :: / J. RODRÍGUEZ

«De ninguna suerte debemos fiarnos menos que de la buena»

SÉNECA

El idioma inglés emplea la voz 'outsider' con dos acepciones: para definir al «competidor desconocido y con pocas posibilidades de éxito», o bien para distinguir a esa clase de persona «al margen o fuera de las tendencias más comunes». La Real Academia sugiere emplear otros términos equivalentes, vertidos al idioma de Gonzalo de Berceo. Se trata de estas cinco posibilidades: independiente, sorpresa, recién llegado, alternativo o externo. Una figura muy conocida en nuestra cultura gracias, entre otras aportaciones, a la alta producción cinematográfica que ha generado a lo largo de la historia: los guionistas de Hollywood simpatizaron desde antiguo con ese personaje que se enfrentaba al poder establecido. Y que a veces hasta conquistaba a la chica en la escena final de la peli.

El 'outsider' sería por lo tanto el antihéroe, el ciudadano común y corriente, que salta de las pantallas a pasear por nuestras calles: uno de los nuestros. También se prodiga con frecuencia en la escena política: frente al aparato de cada partido, se las apaña para convocar a su alrededor a quienes se sienten alejados del cariño que sus jefes sí regalan entre sus fieles. De modo que organizan en torno a sus ambiciones a quienes, como ellos, piensan que encarnan la voz auténtica del pueblo, ese profundo misterio. Que galvanizan las genuinas pretensiones de quienes comparten ese mismo perfil bajo, dispuestos a tomar la lanza en astillero y arremeter contra todos los molinos del mundo. En efecto, hay en esa clase de personaje algo quijotesco, lo cual garantiza que cuente de saque con el favor del público acomodado en su butaca: quien observa su trayectoria desde el exterior tiende a concederle su apoyo, porque le enternece contemplar sus peripecias. Porque sospecha que conducen directamente a estrellarse.

Los leales a Félix Caperos exprimen estos días ese tipo de atributos para animar a su líder en el camino hacia la jefatura de filas del PSOE. En público y en privado. «Félix es un animal político, ya sabes», confiesa algún colaborador. «Y cree de verdad que puede ganar al aparato», añade. Ah, el aparato: ese sistema de organización propia de cada partido del que ninguna cúpula prescinde. Tampoco lo rechazan quienes primero lo critican... si luego se imponen en una elección interna: en realidad, su aspiración central es la generación de su propia red logística, que encomiendan a quienes creen más fieles. Con un mandato central: construir alrededor del líder un cinturón sanitario que le evite sofocos. A veces, con tal contundencia que, fruto de sus desvelos, acaban por aislar a su mandatario de cuanto ocurre en su entorno. Los aparatos, ya se sabe: pueden ahogar de tanto apretar.

Desde ayer, sobre el cuadrilátero dispuesto por el PSOE riojano para relevar a César Luena ya miden sus fuerzas los dos aspirantes. Se han calzado los guantes y no son blancos, puesto que no hay pelea más encarnizada que la librada contra el compañero más próximo. Lo prueba la lejanía, incluso física, que acreditaron el martes cuando ambos fueron entrevistados en TVR. Y lo prueban los dardos que se dirigen a través de personas interpuestas, encargadas de azuzar las querellas intestinas para que sus respectivos jefes puedan adoptar un aire de estadista. A Ocón le apoyan, según se dedujo del acto donde inauguró su campaña, los pesos pesados del partido. Históricos del PSOE, algunos de sus principales alcaldes, casi todo el grupo parlamentario... Una lista abrumadora. También Caperos, que parece a gusto en su condición de 'outsider', cuenta con su propia colección de seguidores, aunque algunos prefieren moverse de momento en las sombras y otros que le respaldan ni siquiera militan ya en el PSOE. Son todos esos socialistas de primera hora que fueron abandonando sus filas a medida que crecía el poder de Luena y su lugarteniente favorito, Francisco Ocón. Quien aseguraba ayer contar con más avales que Caperos en el kilómetro cero que lleva hacia las urnas, lo cual sólo es una pista de hacia dónde se dirigen sus caminos: ahora mismo, una moneda al aire. Dependiendo de cómo caiga dentro de dos semanas, los socialistas sabrán el día 16 si el elegido es ese jefe del aparato a quienes sus fans elogian con tanta pasión («Paco lo ha hecho bien de número dos, sin generar demasiados conflictos, y lo hará mejor de secretario general») o se decantan por el factor sorpresa, como ansían los incondicionales del alcalde de Casalarreina: «Félix lo ha dado todo por el partido y se merece ser su secretario».

Se apagan las luces, el proyector ilumina la pantalla. Llega la hora de repasar los méritos que adornan a cada contendiente, que nunca serán tan valiosos como el ingrediente principal que Napoleón exigía a sus generales: que tuvieran suerte.

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