Miguel Ángel, La Rioja no te olvida

Dirigentes políticos y víctimas del terrorismo posan junto al monumento a las víctimas del terrorismo, ayer en Logroño. :: Miguel Herreros
Dirigentes políticos y víctimas del terrorismo posan junto al monumento a las víctimas del terrorismo, ayer en Logroño. :: Miguel Herreros

Políticos y víctimas del terrorismo se conjuran para recordar el vil asesinato etarra

JORGE ALACID LOGROÑO.

A punto de posar para la foto que condensaría el dolor que, veinte años después, sigue manando de la sola mención de aquel nombre (Miguel Ángel Blanco), José Ignacio Ceniceros reclamó que al retrato se sumaran dos mujeres que observaban la escena en segunda fila. Al grupo formado por dirigentes políticos se añadió finalmente la pareja, luego de la insistencia del presidente del Gobierno riojano. Cuando el grupo se desperdigó, ellas se quedaron junto al monumento a las víctimas del terrorismo generosamente donado por el artista Agustín Ibarrola. Algo confundidas, turbadas, atienden amablemente al periodista. Relatan su tristeza, con la desenvoltura propia de quien ya ha contado tantas veces tanto drama, y coinciden: «Lo nuestro fue muy doloroso. Pero lo de Miguel Ángel fue peor».

Miguel Ángel es Miguel Ángel Blanco, el protagonista de este minuto de silencio que acababa de romper una ovación en el ombligo de Logroño. El acto convocado por el Ayuntamiento congregó en el Espolón a un centenar de personas hermanadas por un sentimiento común: su renuncia a olvidar. Ni Mercedes ni Nelly olvidan, desde luego. «Todavía recuerdo cuando lo mataron, tan joven», reconoce la segunda, viuda de un policía. «No me lo podía creer. Estaba en un hotel de vacaciones y cuando fui a desayunar me lo dijeron. Se me cayó el alma a los pies». Y Mercedes, hermana de Enrique Cuesta, el riojano asesinado por ETA en San Sebastián en 1982, corrobora: «Siempre que había un atentado, revivíamos en casa el mismo dolor». «Pero lo de Miguel Ángel fue peor», insisten al unísono. «Sobre todo, por el ultimátum. Eso sí que fue cruel».

Aquella despiadada cuenta atrás que estremeció a todo un país hace veinte años aún dominaba ayer el corazón de los asistentes a la concentración en honor del edil del PP asesinado en 1997. «Aunque hayan pasado veinte años, tiene que seguir perdurando el reproche social y político», señaló Ceniceros a los periodistas. Y la alcaldesa, Cuca Gamarra, añadió: «Rememorar la verdad es la mejor garantía de la paz con justicia». Unas palabras que conectaban con el discurso que acababa de leer. Un contundente mensaje edificado en dos vertientes: por un lado, la invitación a mantener fresca la memoria como ejercicio imprescindible para honrar a Miguel Ángel Blanco y al resto de víctimas de ETA. Y, por otro lado, la resistencia cívica para evitar que los malos de la película reescriban la historia a su conveniencia. Así que la alcaldesa invitó a «seguir exigiendo» a la banda terrorista que se disuelva y clamó: «Queda mucho por hacer: denunciar la legitimación del terrorismo que en el País Vasco y Navarra sigue siendo noticia y perseverar en el significado ético y político de las víctimas del terrorismo y hacer llegar su testimonio y su valor democrático a los más jóvenes».

Víctimas como Mercedes y Nelly. Que compartieron con políticos de todo el arco parlamentario el tributo póstumo a Blanco, se emocionaron con la ofrenda de flores (Delegación, Gobierno, Parlamento, Ayuntamiento y Ciudadanos, éste a título particular) y se fueron, en efecto, sin olvidar a Miguel Ángel: «Qué horror: querían comerciar con su vida».

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