«Esta medida no soluciona el problema, más bien lo perpetúa»

FERNANDO DÍAZ ORUETA , Profesor de Sociología en la Universidad de La Rioja

Díaz Orueta afirma que el 'cheque nini' «privilegia» a las empresas y depaupera el mercado laboral que «sólo oferta a los jóvenes una precariedad extrema»

María José González
MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ

El profesor de Sociología en el Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad de La Rioja, Fernando Díaz Orueta, se muestra muy escéptico con la ayuda directa de 430 mensuales a los jóvenes que firmen un contrato de formación. «Más que solucionar el problema, lo perpetúa», sostiene.

¿El 'cheque nini' incentiva o desincentiva a los jóvenes?

Creo que lo primero que hay que hacer es aclarar el propio concepto de 'nini' porque muchas personas que, según las estadísticas, están dentro de este colectivo pueden estar trabajando en la economía sumergida o realizando otro tipo de actividades no remuneradas como el voluntariado. Me gusta matizarlo porque la realidad es distinta a lo que dicen los datos, aunque ello no quite gravedad al hecho. Asimismo hay un cierto estereotipo, pero cuando se analiza la realidad con detalle lo que se ve es a muchos jóvenes desincentivados porque les están ofreciendo unos salarios de miseria con unas jornadas laborales enormes, con lo cual no es que no quieran trabajar, es que no quieren aceptar unas condiciones de explotación extremas. Dicho esto, efectivamente puede haber jóvenes para los que el complemento salarial suponga una solución temporal que les permita tener unos ingresos. Pero soy bastante escéptico.

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¿Por qué?

Creo que no es una medida que afronte el fondo de la cuestión y es que el mercado laboral sólo ofrece a los jóvenes una precariedad extrema, unos bajos salarios que no les permiten plantearse una vida autónoma, un porcentaje importante de trabajo sumergido... En definitiva, estamos hablando de una explotación laboral que no se conocía desde hace décadas. Todos los jóvenes, incluso los más formados que se tienen que ir fuera de España, se enfrentan a un panorama desolador. Esta medida aporta poco y es cosmética: intenta corregir y maquillar las cifras para que parezca que la situación del desempleo está mejorando, pero no se está atacando el fondo del problema. Más bien lo perpetúa: no se garantiza la formación de estos jóvenes y su alcance sólo llegará a unos 70.000 de todos los jóvenes inscritos en el Sistema Nacional de Garantía Juvenil.

¿Se refiere al bajo número de contratos de formación?

Exactamente. En el conjunto de España se llegaría a unas 70.000 personas. Hay otro problema además: la gran opacidad del sistema de garantía. No se hace un seguimiento real sobre lo que ocurre con estos jóvenes cuando ha pasado un cierto tiempo. Yo diría que estas ayudas, y otras que se están estudiando como bonificar con un 50% durante tres años las cotizaciones de los contratos indefinidos que terminen convirtiéndose en temporales, son mucho más favorables para los empresarios, a los que privilegia, que para los jóvenes. Por eso me muestro tan crítico con ellas. En mi opinión, más valdría un sistema que garantizase a todas las personas, por el hecho de ser ciudadanos, unos ingresos mínimos para poder desarrollar una vida digna, que estar empujando a los jóvenes a aceptar cualquier trabajo porque no tienen otra alternativa. Insisto: con este tipo de medidas se aumenta la tasa de beneficios de la empresas de una manera impresionante y se fomenta la desigualdad porque tener un trabajo hoy no es sinónimo de dejar de ser pobre y la riqueza se concentra en la grandes fortunas. Por el contrario hay medidas que sí supondrían realmente una mejora en las condiciones de trabajo de los jóvenes, el avance hacia una sociedad más igualitaria y también algo que es urgente para la sociedad actual: replantearse el propio concepto de trabajo.

Trabajo y salarios «dignos»

¿Cuáles serían, en su opinión, esas medidas?

Derogar las reformas laborales de los últimos años que han deteriorado las condiciones de trabajo de las personas, especialmente las de los jóvenes, sustituyéndolas por una legislación laboral que tienda a proteger al trabajador y promueva sus derechos. También subiendo la cuantía del salario mínimo interprofesional, que es vergonzosa. Hay que fomentar el trabajo digno con salarios que permitan afrontar una vida autónoma e impulsar la economía social que incluye las cooperativas y las empresas de trabajo asociado. Muchos jóvenes tienen proyectos de este tipo, por ejemplo en el medio rural donde tenemos un grave problema de despoblamiento, pero padecen muchas dificultades para sacarlos adelante.

De sus palabras se deduce que el empleo se ha degradado.

Esa es la lógica en la que estamos instalados: para que se cree empleo hay que degradarlo cada vez más para que el empresario tenga cada vez más cotas de ganancia. Y de esa manera se va generando una caída del desempleo ficticia con niveles salariales que cada vez se acercan más a los del sudeste asiático, lo que no es un proyecto de país muy atractivo.

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