MATRIMONIO Y CONVENIENCIA

LA OPINIÓN - JORGE ALACID

En una de sus raras intervenciones, la parlamentaria Noemí Manzanos defendió ayer la postura contraria del PP a la creación en La Rioja de su propia normativa en materia de parejas de hecho. Se trata de una opinión que se aleja de la norma habitual en el Parlamento, pródigo por el contrario en la formalización de este tipo de parejas. ¿Ejemplos? Varios, sin ir más lejos que el pleno de ayer. Allí convivían en amigable fraternidad la pareja formada por Concha Arruga y Félix Vadillo, agrupados por la frialdad de los suyos. También paseaban en franca hermandad José Ignacio Ceniceros y su leal María Martín, como deambulaba otra gran pareja, la integrada por Concha Andreu y su fiel Francisco Ocón, un prodigio de sincronía.

Pero menudean por el salón de plenos otro tipo de parejas, forjadas por un nexo más duradero que el afecto. Esos matrimonios de conveniencia, fraguados por un cemento infalible: el interés. Que es el factor que emparenta a Jesús Ángel Garrido con Raúl Díaz, de confidencias en la salita aledaña, como el dúo Félix Caperos-Germán Cantabrana, asimismo predispuestos al conciliábulo discreto que ese rincón garantiza.

Aunque el modelo que más se lleva esta temporada es el disfraz de Llanero Solitario. Es el elegido por Pedro Sanz, cuyo reino no es de este mundo. A quien imitan el resto de espíritus libres que disponen de escaño y pronto de sueldo mensual. Son los diputados de Podemos y Ciudadanos, versos sueltos renuentes a unirse por parejas. Tal vez a ellos se dirigía Manzanos cuando, visto que su partido iba a perder una votación como suele esta legislatura, subrayó su oposición a regular a escala regional lo ya establecido a nivel nacional, temerosa de que una pareja lo sea de hecho de diecisiete maneras distintas. Tantas como autonomías. «No todos en el PP están casados o tienen proyecto de hacerlo», clamó, certeza corroborada por su vecino de escaño Álvaro Azofra, mediante el tierno sistema de levantar la mano. «Ustedes», espetó Manzanos al PSOE, «quieren casar a todo el mundo». Y no. Al menos no a Azofra: ya se conformaría con que su propio grupo local de Nájera le hiciera algo más de caso. Lo cual avala el dictamen con que Conrado Escobar zanjó el debate: «Hay que ver cómo hemos cambiado». Debía referirse a su partido, aquel lejano océano de unidad y disciplina.

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