Una maravillosa sinfonía de vida

Una maravillosa sinfonía de vida

La Rioja, a la cabeza en donación y con récord anual de trasplantes, convierte su modelo en un referente nacional

Roberto G. Lastra
ROBERTO G. LASTRALogroño

Día 1 de enero, Sala Dorada de la Musikverein de Viena. El planeta da la bienvenida al nuevo año con las notas de la Marcha Radetzky, ejecutadas en una comunión perfecta por los músicos de la Orquesta Filarmónica y el público. Es el hechizo de la sincronización entre profesionales y profanos, un ritual en el que La Rioja puede sacar pecho, no un día al año sino cada jornada desde hace más de una década, gracias a su modelo de donación y trasplantes, un referente nacional, adaptado hasta convertirse en una maravillosa sinfonía de vida afinada por la inmensa generosidad de los riojanos y la labor de cientos de expertos médicos y sanitarios.

Parece propaganda institucional, pero no. Una de las voces más autorizadas a nivel mundial en este ámbito, Rafael Matesanz, fundador y director durante 28 años de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) volvía a deshacerse hace unos días en elogios hacia el modelo riojano y sus cifras, «siempre en los primeros lugares del ranking estatal de solidaridad, y sin neurocirugía, lo que realmente bordea lo increíble».

El recién finiquitado 2017 no fue distinto. La Rioja, además de batir su récord de trasplantes, lideró en España, con un aumento del 37,5%, el crecimiento porcentual de donantes de órganos para elevar su tasa hasta los 71 por millón de habitantes, 24,1 puntos por encima de la media nacional (46,9), según la ONT.

«Estar con nuestra tasa de donación a la cabeza de un país que además es líder mundial en ese ámbito es para estar orgulloso y felicitar a las personas altruistas que donan, que son la clave de todo esto, y también a los profesionales comprometidos que se han querido complicar la vida apoyados por la dirección. Es evidente que todo esto supone una complejidad que, a la vez, va en pro de que tenemos un hospital y unos profesionales de más nivel cada vez», resume José Miguel Acitores, director del Área de Salud de La Rioja.

Un modelo de referencia

«Ha supuesto un reto político, social, sanitario, profesional, técnico..., en todas las líneas. Nunca una comunidad con una población de referencia como la nuestra había intentado poner en marcha programas tan ambiciosos como los que nosotros pusimos», defiende, por su parte, Fernando Martínez Soba, coordinador de Transplantes de La Rioja, antes de repartir responsabilidades: «Esto no hubiese sido posible sin el compromiso y apoyo de nuestros jefes -la dirección y la gerencia del hospital y la Consejería de Salud y el Gobierno de La Rioja-; sin el compromiso de los profesionales; sin el respaldo de las distintas asociaciones, incluidos jueces y forenses, y también de los medios de comunicación; y, sobre todo, sin nuestras maravillosas tasas de donación».

«Evidentemente no ha ocurrido en La Rioja una epidemia de generosidad ni nada parecido», recordaba recientemente Matesanz, rendido al novedoso modelo de donación que impulsó la Consejería de Salud en el 2005. «Clásicamente, el donante era un paciente que fallecía en la Unidad de Cuidados Intensivos como consecuencia de una hemorragia cerebral o de un accidente de tráfico y lo que hicimos fue poner en marcha un programa para detectar fuera de la UCI a todos los pacientes que tenían un pronóstico infausto y que no iban a ingresar en la UCI por no haber opción terapéutica, quirúrgica o médica para sacarlos adelante. Para ello formamos a los equipos de urgencias y emergencias y, una vez que se da un caso, alertan a la Coordinación de Trasplantes para iniciar el estudio», explica Martínez Soba, quien aclara las bondades de un modelo basado «en la ley, en la ética y en la deontología». «Cuando la familia recibe la noticia de la inminente muerte encefálica de su ser querido, inicia lo que se denomina un duelo anticipado y ahí es donde entramos nosotros para entablar una relación de ayuda basada en el respeto, la empatía y la autenticidad. El objetivo es ayudarles a que retomen el control emocional de la situación, no obtener un donante. Solo cuando ellos toman ese control, se plantea la opción. La familia decide y, si acepta, se ingresa al paciente en la UCI a esperar a que se produzca el deceso. En definitiva, integramos la posibilidad de donar en la atención al final de la vida», resume el especialista.

Convenios e intervenciones

El sistema no tardó en dar frutos y la sensibilización social caló en los riojanos. «Estamos a la cabeza del país siendo la única comunidad sin un servicio de neurocirugía. Nuestro hospital, según la ONT, con la metodología clásica, tenía que tener cinco donantes al año y con nuestro modelo hemos conseguido 18, cuando la media de donación en los hospitales con neurocirugía es de 17. Si nosotros le sumáramos lo que podría aportar neurocirugía, tendríamos una tasa cercana a los 100 donantes por millón de población», advierte, para aportar otra cifra clave: «El año pasado hubo 12 riojanos que fueron donantes en otras comunidades a las que fueron trasladados por padecer algún problema neuroquirúrgico».

Derribadas las barreras que encorsetaban una generosidad latente, las altísimas tasas de donación riojana hicieron el resto y la región activó la segunda fase, la del trasplante, en una doble vía: convenios de colaboración e intervenciones quirúrgicas.

El primer pacto, firmado con Cantabria en el 2009, permite a los riojanos ser trasplantados en Valdecilla de hígado, corazón, riñón, páncreas y pulmones como si fuesen cántabros. «Gracias a ese convenio, además de haber sido trasplantados 80 riojanos desde el 2009, ahora mismo hay cero personas en lista de espera de un corazón o un pulmón y solo dos esperando un trasplante hepático», recita Martínez Soba, para resaltar que «este acuerdo no hubiera sido posible sin la realidad de la donación. Nos están trasplantando porque son generosos -el año pasado 10 riojanos de hígado, tres de corazón y uno de pulmón-, pero también porque ponemos a su disposición órganos; solo en el 2017 les enviamos 17 hígados, dos corazones y dos pulmones».

Lo mismo ocurre con el convenio rubricado en el 2011 con el País Vasco para el trasplante renal. «Nosotros tenemos una capacidad de generar órganos altísima, pero siendo una comunidad pequeña, la diversidad inmunológica no nos permitiría ser autosuficientes y, de hecho, solo el 15% de los riñones que trasplantamos aquí a nuestros pacientes proceden de nuestros donantes, el resto son de intercambio», aclara el coordinador de Trasplantes, quien recuerda que «en España solo hay 39 hospitales que hacen trasplante renal de donante adulto y el nuestro es uno de ellos; y solo hay 84 en los que se hace trasplante autólogo de médula ósea y el San Pedro es uno. Nos podemos sentir orgullosos de tener un programa de trasplantes, pero lo verdaderamente difícil es tener donantes».

Ambos retos se han conseguido. Desde el 2007 la región contabiliza 199 donantes que cedieron 225 riñones, 156 hígados, 13 corazones, 26 pulmones, 3 páncreas y 153 córneas para regalar vida a otros españoles o a riojanos en el San Pedro, que suma ya 122 trasplantes de médula ósea, 89 renales (3 en este 2018), 77 de membrana amniótica, 153 de córnea y 1.300 de tejido osteotendinoso.

Batalla contra el tiempo

Cifras frías que ocultan cientos de historias, de dramas, ilusiones y vidas salvadas y miles de horas de frenética actividad. La muerte encefálica de un posible donante, además de abrir las puertas de la esperanza para un puñado de pacientes, activa un complejísimo protocolo de requisitos legales, de estudios médicos y de coordinación con la ONT, los responsables de Cruces y Valdecilla o de un hospital con un paciente con prioridad absoluta para un trasplante. En cuanto se activan las alertas, un ejército de profesionales se pone en marcha dispuesto a librar una nueva batalla contra el tiempo para salvar una o varias vidas: Urgencias, Medicina Intensiva, Neurología, Neurofisiología, Anatomía Patológica, Inmunología, Anestesia, Urología, Cirugía General, Nefrología, Farmacia, 061, Enfermedades Infecciosas, operadores de la centralita, celadores... También personal de Cruz Roja, del aeropuerto de Logroño-Agoncillo y de Policía Local y Guardia Civil para los traslados de equipos médicos y órganos... Una extracción multiorgánica y los trasplantes precisan de la movilización de casi 200 personas.

El equipo quirúrgico del San Pedro se encarga de extraer los riñones, hígado y córneas, pero en el caso de corazón, pulmones y páncreas lo hacen los llegados desde los hospitales que realizarán el trasplante. «En un quirófano se pueden llegar a juntar varios equipos, aquí hemos llegado a estar casi 30 personas, pero la coordinación es perfecta, es una sinfonía maravillosa», se enorgullece Martínez Soba, quién recuerda que no hay tiempo que perder: «Desde que se extraen el corazón y los pulmones hasta que se trasplantan no deben transcurrir más de cuatro horas; el hígado se hace entre 6 y 8 horas; y los riñones, aunque lo óptimo es ponerlos en las primeras 12 horas, pueden esperar hasta 24».

Esa batalla contra el reloj hace que ambulancias escoltadas y aviones deban partir sin retrasos con las neveras y su preciado tesoro. «El aeropuerto riojano lo hemos utilizado más de ochenta veces en la última década y si no hubiera sido por él no se hubiesen podido salvar las vidas que han dado todos los corazones, pulmones, páncreas e hígados donados por los riojanos», remacha Martínez Soba.

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