El Taj Mahal de Pradejón

Jaime Fernández, de 85 años, junto al mausoleo indio que ha reproducido al detalle. :: la rioja/
Jaime Fernández, de 85 años, junto al mausoleo indio que ha reproducido al detalle. :: la rioja

Jaime Fernández realiza maquetas de los edificios más singulares del mundo

ÁFRICA AZCONA

El pradejonero Jaime Fernández Ezquerro, de 85 años, es sin saberlo un auténtico artista capaz de transmitir todo el romanticismo que destila el Taj Mahal, con sus inscripciones árabes inscritas en el mármol blanco y delicadas cúpulas, que él reproduce en poliespán. Todo empezó hace tan solo diez años como una forma de entretener sus largas horas de insomnio, aunque él, que nunca ha visitado los monumentos que reproduce ni conoce una academia, ya hacía sus pinitos con tan solo cuatro años: «Dibujaba los caballos de la baraja a tamaño grande y luego los reproducía en cartón». Pero pronto fue al campo y aquellos destellos artísticos quedaron en el olvido. Hasta que un día su nuera, de regreso de Roma, donde estudiaba su nieta, le trajo una foto de San Antonio de Padua, patrono de Pradejón. «Me la dio y me dijo: mire qué bonita, a ver si hace una igual...». Y la hizo; bueno, la clavó, hasta él mismo se sorprendió del resultado. «Yo cojo una foto, la observo mucho y luego hago mis propios cálculos, todo a ojo». Fascinados por el resultado, a cada vuelta de un viaje sus hijos le fueron trayendo nuevas fotos de algunos de los edificios más reconocidos, entre ellos la Torre de Belén, de la que hizo una copia de dos metros de altura, con un parecido asombroso. «Yo no he estudiado nada, ni me preguntes por ningún artista, pero, eso sí, soy un tipo de hombre al que le gusta hacer bien las cosas», afirma este jubilado, quien reconoce sorprenderse de sus propias creaciones. «Cuando termino me pregunto: ¿esto lo he hecho yo?». Ahora le ronda la cabeza 'construir' la Sagrada Familia, aunque no sabe dónde la colocaría porque ya casi no tiene espacio con el resto de construcciones. Es consciente de que puede llevarle largas jornadas de trabajo, pero para él esto es lo de menos. Y es que, entre las peculiaridades de Jaime, está que sólo necesita dormir dos horas y media al día, lo que explica su gran producción en tan poco tiempo. «Nunca he dormido más, ni de pequeño... y jamás he estado cansado, mi cabeza siempre ha estado dando vueltas...».

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