Luto en la empresa y la política de La Rioja por el fallecimiento de Martín Torroba

Martín Torroba./Sonia Tercero
Martín Torroba. / Sonia Tercero

El prestigioso empresario, de fecunda carrera como político en el PP, ha muerto esta mañana en Pamplona

Jorge Alacid
JORGE ALACIDLogroño

Pocas veces se concita en la sociedad riojana un pesar tan unánime como el provocado por la desaparición del empresario y político Martín Torroba, luego de una cruel enfermedad. Un generalizado y sincero dolor por su pérdida, atendiendo a su doble trayectoria profesional y personal, donde deja la huella de una enorme calidad humana, unida a su particular sentido del humor, el propio de quienes acreditan tan extraordinaria bonhomía.

Como empresario, Torroba, quien ha fallecido esta mañana en el hospital de Pamplona donde permanecía ingresado, fue el alma, el corazón y la vida de Argraf, la prestigiosa empresa de artes gráficas que vinculó su exitosa trayectoria al formidable desarrollo que las bodegas de Rioja han alcanzado durante los últimos años. Una sobresaliente capacidad empresarial que Torroba había puesto al servicio de su olfato para los negocios apuntando hacia una de las zonas más sensibles de la DOC: el etiquetado y contraetiquetado, donde desplegó una formidable capacidad de trabajo donde sólo cosechó triunfos y parabienes, vinculados a los avances tecnológicos de última generación. Argraf es hoy una empresa que supera largamente el centenar de trabajadores, líder no sólo en el sector el vino sino también en el conservero, gracias a su especialización en etiquetas encolables y autoadhesivas.

Y como dirigente político, se puede afirmar otro tanto: que Torroba pasó por cada responsabilidad como hombre de consenso. Un dirigente sin aristas agresivas, de talante conciliador, que solía ejercer como bombero: el apagafuegos que se precisaba cuando dominaba en su partido, el PP, la controversia más encendida, como prueba el último encargo recibido: José Ignacio Ceniceros le puso al frente del comité electoral del PP riojano, un cometido delicado ahora que esa formación política vive días convulsos. Desde esa responsabilidad le hubiera tocado lidiar con los sobresaltos que se concitan cada vez que se elaboran las listas electorales, aunque a Torroba no le hubiera temblado el pulso. Nadie en su partido duda de que hubiera sabido unificar criterios, apaciguar ánimos y ejercer de lo que ya ejerció en anteriores cargos, como cuando ocupó escaño como diputado regional entre 1991 y 1995, o antes (1983-1987) como concejal de Logroño o como vicepresidente que fue de su partido en 1988: de hombre bueno. Una bondad genuina que hace más dolorosa su desaparición, en una día especialmente peculiar: el de su cumpleaños. Falleció nada más cumplir sus 71 años.

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