«Nos llaman locos, pero esto es lo mejor»

Mari Santos, Diego (con Pirata), María, Ángel y Ana, jóvenes en Anguiano./Miguel Herreros
Mari Santos, Diego (con Pirata), María, Ángel y Ana, jóvenes en Anguiano. / Miguel Herreros

La Rioja ha perdido en diez años 21.741 jóvenes de entre 20 y 40 años, una sangría que castiga sobre todo a los pueblos | Los servicios básicos, como el colegio o el acceso a vivienda son claves para mantener los pueblos

MARÍA CASADO

Pirata está en su salsa, entre los niños que juegan con él, junto a su dueño Diego, marcando territorio en cada puerta, incluso posando en la foto de familia... Es la vida de Pirata, la vida mejor, que dice alguna canción popular. Y es la vida de un jueves de primavera, al caer la tarde, en Anguiano. Hace buen tiempo y los niños alternan los juegos en el parque con el 'Bote-bote' (con una botella) de la plaza, junto a la famosa Cuesta de los Danzadores. Cada uno tiene una edad, pero los mayores están pendientes de los más pequeños y los menores lo dan todo para no quedarse detrás de los 'grandes'. Nadie sobra en el juego.

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Anguiano es uno de los municipios donde todavía se mantiene la vida de gente joven a pesar de sus escasos 500 habitantes censados, que entre semana en invierno se reducen a unos 350. Aun así tampoco esta localidad es indemne a los efectos de la despoblación, sobre todo juvenil: según el padrón municipal del Instituto de Estadística de La Rioja, en el 2007, Anguiano tenía 99 jóvenes entre 20 y 40 años, el año pasado se registraron 62.

En términos absolutos, en el ámbito regional, las cifras son arrolladoras: 101.068 personas, entre 20 y 40 años, en La Rioja, en el 2007, por las 79.327 del 2017. Es decir, 21.741 menos, por tanto, una reducción del 21,5% respecto a hace una década.

«Estamos a media hora en coche de Logroño y lo que aporta vivir en Anguiano merece la pena»

De los 174 municipios que componen la estructura demográfica de la comunidad riojana, 153 han perdido población en la citada franja de edad. En esa relación se incluye también Logroño, con 8.558 jóvenes menos, aunque a pesar de ello aglutina casi la mitad de la juventud de la región (el 47,63%).

21 localidades rejuvenecidas

En general, en los 21 lugares donde se han ganado vecinos de entre 20 y 40 años el crecimiento es mínimo, destacando en números totales Lardero, con más de 400 nuevos jóvenes. Porcentualmente llaman la atención tres localidades: Sojuela, Ochánduri y Ventrosa, que la han duplicado. En el caso de Sojuela, por ejemplo, se ha pasado de 31 a 73, ubicados principalmente en la urbanización Moncalvillo Green.

Más allá de las cifras, cuando uno se plantea dónde residir, parece evidente que la opción de los pueblos ha perdido tirón para algunos, aunque sigue siendo lo mejor para otros... Este es el caso en el que se encuentran los que han decidido habitar en Anguiano. Pero, ¿cómo es vivir en un pueblo a las puertas de la sierra, a 45 kilómetros de Logroño? Una frase se repite: «Nos dicen si estamos locos por vivir aquí, pero esto es lo mejor. Al final hay rutina de trabajo como en las ciudades y encima aquí te relacionas con todo el mundo, estás menos solo. Y para otras cosas, en realidad estamos a media hora en coche de Logroño», recalcan todos los animados anguianejos de este reportaje.

Diego Díez, 'Gorrilla', no deja a nadie sin vacilar. «Antes estaba en el sector de la construcción, pero tocó reciclarse y llevo unos seis años con las ovejas. Compré 112 y hoy tengo unas 750», cuenta mientras enseña su móvil. «Las controlo por GPS; que seamos de pueblo no quiere decir que no estemos en las últimas tecnologías», apunta este lugareño de 38 años. «Hay desconocimiento de lo que es de verdad la vida del pueblo», afirma, mientras sus compañeros de foto le refrendan.

Contento con su día a día, Diego asegura sentirse «un afortunado de poder vivir aquí, es satisfactorio y reconfortante. Y si nos apetece pues cogemos y nos bajamos a Logroño a darnos una vuelta», dice divertido.

Mari Santos Basurto también ha tenido que reciclarse para poder habitar en Anguiano. Natural de Burgos, de 40 años, y casada con un anguianejo, llegó a la localidad hace nueve años. Antaño ejercía de enfermera, hoy es ganadera. «Una vida en un lugar así te aporta muchas cosas: tranquilidad, cómo los niños se ayudan unos a otros, la implicación de los vecinos, lo unidos que estamos...», apunta con sus hijas al lado.

De diversas edades, pero todos juntos, los niños de Anguiano juegan en el parque
De diversas edades, pero todos juntos, los niños de Anguiano juegan en el parque / Miguel Herreros

Variadas actividades 'extras'

Sin embargo, tanto Mari Santos, como el resto, entre los que también está la alcaldesa, Gemma López, admiten que contar con servicios básicos resulta fundamental para poder mantener la vida en el pueblo y si estos se limitan o reducen es un gran hándicap. «El colegio es clave (hay 18 niños), la consulta médica, la farmacia... También el ofrecer actividades lúdico-educativas», apunta la primera edil. Inglés para niños y adultos, ludoteca, yoga, coro, clases de guitarra, talleres infantiles y de mayores o pilates, son 'extraescolares' que se pueden practicar en Anguiano.

Una de las que va a pilates es María Novoa, de 35 años, madre de un bebé. Estudió Turismo en Logroño y después Administración en Nájera. Hoy cumple una década trabajando en administración de la residencia de mayores de Anguiano. «Siempre he querido vivir aquí, mi pareja es de Nájera y ni nos planteamos otra opción», indica y añade: «Es una vida tranquila, aunque a veces demasiado. A mí me gusta el lío de los fines de semana o el verano». Alguno le contradice, pero con buen rollo.

Junto a ella está Ángel Romero, 34 años, quien hace seis meses que trabaja como agente forestal en Anguiano; antes, durante ocho años, lo hizo en Ezcaray, a donde iba cada día. «No he pensado en irme a otro sitio». ¿Y cómo lo ven sus amigos? «Les sorprende que viva aquí, incluso a quienes nacieron en Anguiano», admite. Entonces llega de trabajar la más joven del grupo, Ana Romero, de 30 años, que estudió en Nájera y lleva 11 años en una parafarmacia de dicha localidad. «Estuve viviendo en Logroño, pero al final solo dormía allí y hace dos años me volví al pueblo: la vida es perfecta, lo único que se echa en falta es más empresas», dice.

El problema de la vivienda

Cada uno con su perfil, todos coinciden: «Merece la pena. No supone tanto el coger el coche para ir a trabajar o para hacer la compra, como lo positivo que es salir a pasear, estar en la calle con la gente, el ambiente infantil...». Pero, ya casi al final de la conversación, surge un problema inesperado: la vivienda. «No hay pisos para alquilar o comprar, la mayoría son casas, y muchos, por el apego sentimental, piden cantidades desorbitadas; encontrar vivienda en Anguiano no es fácil», concluyen preocupados.

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