La lenta agonía de las cabinas

Uno de los teléfonos públicos que siguen en funcionamiento en El Espolón de Logroño. /Juan Marín
Uno de los teléfonos públicos que siguen en funcionamiento en El Espolón de Logroño. / Juan Marín

En La Rioja quedan en uso 117 teléfonos públicos, la mitad de ellos en Logroño | El Ministerio obligó a Telefónica a mantener durante un año más el servicio, pese a que la mitad ya no registra ni una llamada al año

Pío García
PÍO GARCÍALogroño

Los teléfonos públicos aparecen esparcidos por la ciudad como vestigios arqueológicos de una antigua civilización ya extinguida. Suelen estar desvencijados, herrumbrosos y llenos de pintadas. Tampoco molestan. Nadie repara en ellos. La gente pasa a su lado sin prestarles atención, mirando las pantallitas luminosas de sus teléfonos móviles: unos llaman y se enredan en conversaciones urgentes, otros teclean mensajes, incluso hay quienes se entretienen matando alienígenas o explotando golosinas.

Sin embargo, hace no demasiado tiempo, las cabinas telefónicas eran esenciales, insustituibles. Y no solo por haberse convertido en símbolo pintoresco de algunas ciudades, como Londres, sino porque eran útiles. Asombrosamente útiles. Resulta difícil explicar hoy a un chaval de 18 años la angustia de tener que llamar con urgencia a casa y no encontrar una cabina en cien metros a la redonda o de encontrarla al fin, pero ocupada por un charlatán infatigable o con el auricular desencajado o sin las moneditas suficientes en el bolsillo... Hace solo 20 años, en 1999, el número de teléfonos públicos alcanzó su máximo histórico en España: 55.000. Desde entonces, el censo de cabinas se ha ido reduciendo a ritmo de 5.000 por año. Con la popularización de la telefonía móvil y el incremento en el nivel de cobertura, la utilidad de las cabinas ha caído en picado y ya casi no se usan. Según datos de Cabitel, la filial de Telefónica que se encarga de su gestión, la mitad de ellas no registran ni una sola llamada al año.

Algunos datos

La primera cabina
El primer teléfono público español se instaló en el Parque del Retiro de Madrid en 1928.
En La Rioja
A fecha de hoy quedan 117 en funcionamiento. En el año 1995 había 320 y en el 2011, 270.
Uso de las cabinas
Según fuentes de Telefónica, alrededor de la mitad de las cabinas españolas no registran ni una llamada al año. En toda España, se cursan 750.000 llamadas al mes, lo que supone una media de 1,7 llamadas por teléfono y día.

Aunque otros países como Francia o Bélgica ya han decidido eliminarlas, el Ministerio de Industria ha determinado mantener el servicio por un año más. Ya en el 2016, cuando expiró el plazo de concesión y el concurso para su licitación quedó desierto, varias voces -entre ellas la Comisión Nacional del Mercado de las Comunicaciones- plantearon su eliminación, pero el Ministerio defendió su continuidad y decidió que Telefónica continuase prestando ese servicio por un año prorrogable. Hace unas semanas, una nueva orden ministerial ejecutaba esa nueva prórroga. De manera que las cabinas seguirán existiendo al menos hasta el 31 de diciembre del 2018. En todo el país quedan en uso 18.000 cabinas. Las ciudades que mantienen una mayor cantidad son Madrid (1.000), Barcelona (500) y Las Palmas de Gran Canaria (400). En toda La Rioja, según fuentes de la compañía, quedan actualmente en funcionamiento 117. Una cifra exigua si la comparamos con las 320 que estaban operativas en la comunidad autónoma en 1995 o con las 270 que todavía quedaban en pie hace siete años.

En 1999 el número de teléfonos públicos alcanzó su máximo histórico en España

De esas 117 cabinas que se mantienen con la línea abierta, aproximadamente la mitad están diseminadas por Logroño. Otros municipios riojanos con más de un terminal en funcionamiento son Calahorra (10), Haro (4), Alfaro (4) y Arnedo (3). En teoría, y según el Real Decreto del año 2011 que regula la prestación del servicio, debe existir una cabina en cada municipio con más de 1.000 habitantes, que además deben contar con un teléfono público adicional por cada 3.000 vecinos.

A todos ellos les quedan, salvo nueva prórroga, once meses de vida.

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