La lechuga piensa en verde

Lechugas recién cortadas, en un mar verde de un invernadero calagurritano. :: sergio martínez/
Lechugas recién cortadas, en un mar verde de un invernadero calagurritano. :: sergio martínez

Después de su histórica caída, el cultivo del vegetal se estabiliza en la región y se presenta como una opción segura aunque sus márgenes son reducidos

SERGIO MARTÍNEZ

De enero a diciembre, todos los días del año son buenos para la lechuga. Alimento saludable, versátil, apreciado y reconocido, es un imprescindible en nuestra dieta, y aunque el verano parece más propicio para disfrutar de sus características, el invierno también explota las virtudes de una verdura que presume de algo que no pueden hacer todas: consumo y cultivo anual.

LAS CIFRAS

Lechuga en La Rioja
AñoSuperficie (has)
1999 321
2000 303
2001 317
2002 314
2003 328
2004 325
2005 287
2006 221
2007 163
2008 150
2009 146
2010 134
2011 127
2012 121
2013 113
2014 107
2015 108
2016 110

Al igual que cualquier producto del campo, la lechuga cuenta con épocas más y menos favorables, con sus ventajas e inconvenientes. Para el agricultor, actualmente se trata de un cultivo que exige de invernadero, pero que resiste relativamente bien las bajas temperaturas y encuentra un mercado menos saturado. En verano su cultivo se complica con respecto a que las plagas son más peligrosas y habituales, pero el clima favorece que se plante también en exterior, necesitando malla en invernadero, y su ciclo de crecimiento sea más corto, algo que aumenta la oferta de forma considerable.

De 328 hectáreas de lechuga en el año 2003 se ha pasado a las 110 del 2016

Distintos panoramas que hacen la lechuga quizá más apetecible en verano para el consumidor y en invierno para el agricultor, tal y como explica Javier Pérez, de Calahorra: «Los meses de mejores precios son de noviembre a febrero, estando en torno a los 1,20 euros la caja, porque hay un consumo no demasiado alto pero interesante y sólo se cultiva en los invernaderos». Una situación que contrasta, comenta el agricultor calagurritano, «con unos precios de incluso 50 céntimos en los meses de verano».

Javier Pérez cuenta con unos invernaderos en Calahorra que ahora ocupa, entre otras hortalizas, la lechuga, tal y como apunta, un humilde pero seguro producto: «No ofrece grandes rendimientos ni beneficios, pero es un producto fijo todo el año, del que vendo todo y que no requiere demasiado trabajo ni mano de obra, algo que es fundamental».

En los últimos tiempos, el cultivo se ha reducido en La Rioja de forma similar a otros productos hortícolas. Desde el año 2003, en el que había 328 hectáreas en la región, se ha pasado a las 110 del 2016. Un descenso vertiginoso que se ha estabilizado en los últimos años, algo por encima del centenar de hectáreas y con una producción cercana a las 3.000 toneladas.

El agricultor de Casalarreina Javier Madrigal ofrece una visión más pesimista del cultivo: «Las ventas de lechuga están bajando mucho, quizá en la última década nos hayamos quedado en un 30% de lo que había antes. Algo que ha hecho mucho daño son los preparados de lechuga, porque la gente va lo cómodo». Su comentario está asociado a los datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medioambiente, que muestran como en la última década el consumo por persona de 5,4 a 3,9 kilos al año.

Madrigal, apunta que «es un cultivo que ahora está sobreviviendo, vendiendo pero a precios demasiado bajos, en ocasiones incluso sin compensar los costes», un problema que se repite en otras hortalizas de la región. Dentro del tipo de lechuga, el agricultor casalarreitero explica que «el mercado está tendiendo más a la variedad Batavia o rizada, de textura más suave y más tierna que la Romana, que tuvo su momento pero que en La Rioja está prácticamente desaparecida».

La lechuga, por lo tanto, se presenta como un cultivo relativamente sencillo, sin excesiva estacionalidad, que sigue teniendo, pese a la caída, mercado, y que en La Rioja mantiene la superficie en los últimos tiempos. La batalla de los precios sigue siendo el principal problema, algo que va más allá de la lechuga.

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