El judoca peregrino

Francisco Olivenza, vestido con el judogi, en un momento de su peregrinaje /
Francisco Olivenza, vestido con el judogi, en un momento de su peregrinaje

Francisco Olivenza, en ruta con el kimono por una buena causa

África Azcona
ÁFRICA AZCONALogroño

No es, por su peso, el mejor atuendo para hacer el Camino de Santiago, pero el sobreesfuerzo le merece la pena al judoca Francisco Olivenza, que en su última iniciativa solidaria como presidente de la asociación Puente de la Amistad, se ha propuesto canjear kilómetros por judogis. Los 250 recorridos hasta la fecha le han permitido enviar hasta 200 judogis a niños de Colombia, Bolivia, Cuba y Perú en situación de exclusión social, muchos en zonas conflictivas del mundo, algunas de las cuales ha conocido por su trabajo de primera mano.

Pero serán más, porque aunque acaba de concluir el último tramo, el que separa O Cebreiro de Santiago de Compostela (160 kilómetros), por detrás quedan pendientes largas etapas que irá cumpliendo próximamente. Vestido con el típico kimono blanco, al que le sobrehiló el nombre de varios patrocinadores, y la mochila al hombro, este riojano entrenador regional, del Gimnasio Pedro Fernández, y segundo Dan de la Federación Española de Judo, no ha pasado desapercibido entre los caminantes de la Ruta.

«Cuando se enteran del motivo de mi marcha, a muchos caminantes les surge espontáneamente entregarme dinero». Olivenza no puede estar más satisfecho con la acogida de su aventura a la que ha llamado el Reto del Judoka y que viene a reafirmar los méritos reconocidos por el premio 'Deporte e Integración' recibido por la Asociación Puente de La Amistad en los pasados Galardones de Deporte de Logroño.

El deportista riojano ha financiado 200 judogis a niños en exclusión social

La UNESCO declaró el judo como mejor deporte formativo para niños y jóvenes, algo que ratifica Olivenza por su experiencia. Ha tenido como alumnos a hijos de refugiados, que se encuentran fuera de su país natal, y conoce de cerca a otros que son víctimas de la droga (los carteles de Colombia) o, incluso, del maltrato por parte de su propia familia. Para ellos son los judogis que financia recorriendo el Camino de Santiago. «Con el kimono se ven importantes, valorados. Les sube la autoestima y se sienten reconfortados al saber que hay quien piensa en ellos desde otros países lejanos», asegura. Otros jóvenes verán pronto cumplido su sueño de vestirse de blanco, será conforme este judoca peregrino vaya cumpliendo nuevas etapas para las que ya se prepara.

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