Jericó, el paraíso es esto

Luz y Fabiola, dos habitantes de Jericó, en una escena de la película; abajo, otros dos momentos de la cinta. :: /
Luz y Fabiola, dos habitantes de Jericó, en una escena de la película; abajo, otros dos momentos de la cinta. ::

Futuro en Español vuelve a abrir su programación al cine que habla el idioma común y revisa las raíces colombianas: un viaje hacia los orígenes de la realizadora Catalina Mesa

JOSÉ MANUEL LEÓN MELIÁ

Catalina Mesa es una mujer polifacética en su formación audiovisual, que ha adquirido conocimientos en los más prestigiosos centros de enseñanza internacionales. Matriculada en las diversas ramas que convergen en un conocimiento global de las áreas técnicas y artísticas de cualquier tipo de películas, la realizadora colombiana acabó creando un sello propio en París y es artífice del proyecto 'Farm for change'.

Siempre inquieta, con ganas de aprender, y moviéndose de un sitio a otro sin escala definitiva, decidió un buen día recalar de nuevo en su país y acercarse hasta la población de Jericó, en la zona de Antioquía, para cumplir una promesa y recuperar los recuerdos de su tía abuela, Ruth Mesa. El regreso a las raíces sociales y culturales y el propósito de indagar en la memoria de su pariente se ha traducido en un vívido documental titulado 'Jericó, el infinito vuelo de los días'. Un entrañable trabajo que ha pasado por varios festivales (Barcelona, Toulouse) y cuya principal premisa es recoger los cálidos testimonios de ocho mujeres mayores que con su franqueza y firme memoria sueltan un puñado de testimonios que sin dar una puntada sin hilo tejen los fragmentos más hondos y especiales de su larga trayectoria.

·'El infinito vuelo de los días' se exhibe el próximo miércoles (20
15 h.) en Cines Moderno, pre-sentada por su directora.

Una cámara a vista de pájaro nos da las primeras imágenes de Jericó, un pueblo situado en un valle rodeado de pequeñas colinas, de viviendas bajas y unifamiliares, que parece enmarcado como un

bello cuadro naturalista y ajeno a la imagen conflictiva de Colombia. Es como si Catalina nos dijera: 'Esto es el paraíso'. Y de verdad que tiene esa apreciación. Se respira tranquilidad y los planos nos aproximan a un remanso de paz. Las casas, pintadas de alegres colores, dan un tono feliz y dichoso, que la cineasta aprovecha para hacer estética del lenguaje. Entramos con buen pie. Te sientes a gusto. Sin romper el encanto y el sosiego, conocemos a la primera mujer, una señora, muy coqueta, se pinta y se arregla porque todavía se siente bella y nos presenta su hogar, llena de retratos, de rosarios clavados en las paredes y sus figuras religiosas. Rodeada de amuletos, de la imaginería cristiana (Santa Laura de Jericó), cuya devoción no tiene parangón. Tanto es así que para ella la lotería sería morirse en Jericó y no en otro sitio.

La música y las canciones populares ('Me voy para el pueblo, hoy es mi día') tiene un componente narrativo que engrasa el encadenado con otras voces. Catalina se fija sobre todo en el papel de la mujer en un sitio rural. Su importancia y trascendencia. Se hace eco de la base social matriarcal y reivindica la postura y coraje de un universo femenino que dio equilibrio y seguridad al progreso de Jericó. Son trozos de vida apasionantes que fluyen sin cesar desde el eco feliz y el quiebro amargo. La nostalgia se tiñe de amor, sinceridad, cariño y emoción.

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