«Los intérpretes hacen posible la comprensión y el consenso en Bruselas»

Javier Hernández, ante la sede de la Comisión Europea. :: /CE
Javier Hernández, ante la sede de la Comisión Europea. :: / CE

El funcionario europeo calagurritano clausura esta tarde en la UR el encuentro de Profesionales de la Lingüística Aplicada | Javier Hernández Saseta, intérprete en la Comisión Europea

J.A.R. LOGROÑO.

Jefe de la Unidad Multilingüismo y Transferencia del Conocimiento de la Dirección General de Interpretación de la Comisión Europea, Javier Hernández Saseta (Calahorra, 1965) interviene hoy en los Encuentros con Profesionales de la Lingüística Aplicada de la Universidad de La Rioja (UR). Clausura este encuentro (Sala de Grados del Edificio Politécnico, a las 16.30 h.) con la ponencia 'Interpretar para Europa', en la que tratará de responder a cuestiones como ¿qué es exactamente la interpretación?, ¿cuál es la diferencia con la traducción? o ¿cuáles son las cualidades que un intérprete requiere para poder trabajar en la UE?

-Prefiere que se le presente como intérprete, como traductor o como funcionario de la UE?

-Digamos que soy un funcionario de la UE que ocupa un puesto en la Dirección General de la Interpretación de la Comisión Europea. Soy intérprete de formación y vocación. Nuestra herramienta de trabajo es la lengua oral, no la escrita. No soy un traductor.

-Aterrizó en el Parlamento Europeo hace casi 30 años. Por experiencia, no le faltarán argumentos para explicar el papel del intérprete en una Babel como lo son Parlamento, Comisión e instituciones europeas.

-28 Estados miembros. Cada uno 'de su padre y de su madre', defendiendo intereses dispares, pero con el objetivo común de crear un espacio de convivencia, de libertad y de prosperidad para más de 500 millones de personas. Y eso, en 24 lenguas oficiales. Ahí es nada. Los intérpretes y los traductores logran que el milagro de la comunicación y, por lo tanto, de la comprensión y del consenso, se den en el día a día de Bruselas. El hecho de que cada uno pueda expresarse en su lengua materna hace que el proceso de toma de decisiones sea más claro y eficaz, más transparente y, en definitiva, más democrático.

-¿Es posible el debate ágil, el intercambio de ideas, la discusión incluso con un intérprete de por medio?

-Por supuesto, para eso somos contratados y para eso hemos sido formados. Precisamente el hecho de que, gracias a los intérpretes, cada persona pueda hablar su lengua materna en las reuniones de la UE hace que el debate sea más espontáneo, más auténtico. En su lengua materna, uno dice lo que quiere; en una lengua extranjera, uno dice lo que puede. Y cuando están en juego el interés general y los intereses de los Estados, eso es mucho.

-¿Cuáles son las cualidades que debe reunir un buen intérprete?

-Debe ser una persona despierta, mentalmente ágil y con mucha curiosidad intelectual. Además debe ser un buen comunicador. En cuanto a las herramientas, se necesita un profundo conocimiento de los idiomas de trabajo, sobre todo de la lengua materna, y aprender las técnicas que le van a permitir traducir de manera simultánea lo que el orador dice.

-Además de las ideas, ¿debe el intérprete ser capaz de 'traducir' las emociones?

-Por supuesto. El intérprete no es un diccionario. Es una mente pensante que comprende palabras pero también la ironía, el buen humor o el enfado: eso hay que trasmitirlo para que el mensaje llegue con el tono y la intención deseados. El contexto y el metalenguaje son básicos para el intérprete.

-Los intérpretes que trabajan con los más altos cargos, ¿valen más por lo que callan que por lo que traducen?

- Los intérpretes tienen un código deontológico que les impide revelar la información confidencial que se maneja en ciertas reuniones. Es cierto que, a veces somos testigos de negociaciones y acuerdos de gran trascendencia. Somos profesionales que facilitamos la comunicación y ayudamos a los delgados a comprenderse, pero una vez la interpretación hecha, las palabras ya no son nuestras, son de nuestros clientes.

-¿No es uno de los grandes hándicaps de la Unión la coexistencia de 24 lenguas oficiales?

-No, al contrario, entre otras cosas, eso es lo que hace de nuestra organización un ejemplo único en la historia. El multilingüismo legitima y convierte a la UE en plenamente transparente y democrática, mucho más próxima de los ciudadanos porque habla la lengua de cada uno de ellos.

-Uno de los grandes objetivos de la política lingüística de la UE es que los ciudadanos hablemos un par de idiomas además del materno. ¿No es eso ciencia ficción?

-Desde luego fácil no es, pero con esfuerzo y dedicación se puede conseguir. Algunos de nuestros conciudadanos del norte de Europa nos llevan ventaja, nosotros nos apuntamos más tarde a la carrera, pero en los últimos 20 años se ha avanzado mucho. En este patio de vecinos en el que hemos convertido el mundo, ya ni siquiera aldea global, el saber idiomas va a ser como el respirar.

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