El interés por el seguro de enterramiento se mantiene al alza y cubre ya a 90.693 riojanos

La Rioja es una de las cuatro regiones donde más ha crecido la contratación de estas pólizas y 3 de cada 10 decesos están protegidos por este tipo de producto

MAITE MAYAYO LOGROÑO.

Quién lo diría sino fuera por las estadísticas. El seguro de enterramiento es un superviviente del pasado que goza de muy buena salud en el presente. A simple vista podría sugerir una reminiscencia propia de nuestros ancestros pero se ha sabido acomodar al exigente mundo tecnológico y mantener -incluso ampliar- su arraigo entre la población a pesar de su veteranía -es el seguro más antiguo y, detrás del de automóviles, el ramo de mayor capilaridad entre la población-. En La Rioja, tres de cada diez sepelios se cubren por medio de las aseguradoras frente a los seis de cada diez del promedio nacional y la estadística apunta que la comunidad riojana tiene una de las tasas más altas de crecimiento en la contratación en el último año y, además, sostenida a lo largo de los últimos cuatro ejercicios.

Al término del 2016, había 90.693 riojanos amparados por este tipo de aseguramiento (son 4.400 personas más que cuatro años atrás) y conformaban las 38.632 pólizas suscritas (2.657 más que en el 2013).

A nivel nacional, 21 millones de españoles (casi la mitad de la población) estaban protegidos en el 2016 con alguna de las 8 millones de pólizas que había en esos momentos en el mercado (es decir, a razón de 2,6 asegurados por contrato). Estas notas forman parte del informe 'Estamos Seguros 2016' de Unespa que subraya el carácter familiar de este producto.

Entre las referencias destacadas por la publicación figura su implantación especialmente elevada en Extremadura, donde el 70,2% de la gente está cubierta, Asturias (64,1%) y Andalucía (60,5%). Pero -añade la patronal del sector- «incluso en las regiones donde el seguro de decesos tiene un peso comparativamente bajo, su presencia sigue siendo perceptible». Es el caso de Baleares (22%), Navarra (23,2%) y La Rioja (29%). Estos territorios son los que presentan las tasas de progresión en la contratación más pronunciadas en el último año. Así, el índice aumentó en La Rioja el 2,44% (921 pólizas más tras pasar de las 37.711 del 2015 a las 38.632 del último ejercicio). Este incremento es superior al nacional (1,52%) y es el cuarto más importante del conjunto del país (Melilla encabeza la lista con el 8,23%).

Los números encuentran respaldo en la experiencia diaria de empresas como Mémora Pastrana, cuyo gerente, Jerónimo Miguel, aprecia el impulso en los últimos tiempos. «El gasto de un entierro es sobrevenido y hay familias a las que les resulta complicado hacer frente a un sepelio, cuyo coste puede rondar de media los 3.000 o 3.500 euros. El seguro te permite un pago fraccionado y flexible», apunta.

En definitiva, la muerte lleva aparejada una carga económica elevada que no suele entrar en los planes de la familia, de forma que disponer de un seguro alivia esta circunstancia inesperada y gravosa.

Quienes trabajan en el sector destacan el arraigo de este tipo de producto en la sociedad española: los ritos fúnebres nos han acompañado desde siempre y las familias, tradicionalmente, se empapaban de esta cultura, lo que justifica el deseo de asegurar este paso y poder marcharse en paz al otro mundo.

Tanto es así que Jerónimo Miguel explica que «nuestros mayores siempre tenían en mente este asunto. Una familia contrataba una póliza de deceso que incluía a padres e hijos. Y una vez que estos últimos se separaban del núcleo decidían si continuaban o se separaban».

Por ello, de alguna manera, este tipo de seguro se ha mantenido al margen de los vaivenes económicos. Otra cosa son las coberturas que se han ido incorporando o dando de baja en función de la disponibilidad del bolsillo. Una póliza normal incluye los gastos habituales desde recoger el cadáver, trasladarlo (también de una a otro ciudad o incluso desde el extranjero) y prepararlo, hasta el velatorio, adornos florales, esquelas y la inhumación o cremación, sin olvidar el papeleo.

Pero todas estas cuestiones han pasado el filtro de los tiempos. Como señala Jerónimo Miguel, no hay otro producto que se haya adaptado tanto a las necesidades de la persona y del momento. Y para muestra un botón: hace un siglo y pico el seguro pagaba plañideras y ricos carruajes fúnebres. Hace poco más de tres o cuatro décadas, la póliza incluía velatorios que se cumplimentaban en los domicilios. El siguiente paso fue el traslado de estos a los tanatorios, donde se ofrecieron nuevos servicios. Y el última ha sido la llegada de la cremación (el 50% de los casos).

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