Instalaciones frigoríficas sin oxígeno para prolongar la conservación de la fruta

Nave donde ocurrió la tragedia. :: m.f./
Nave donde ocurrió la tragedia. :: m.f.

L.J.R. LOGROÑO.

Se le llama 'muerte dulce' y en La Rioja todo el mundo la asocia al proceso de fermentación del vino. En no pocas vendimias, las bodegas se cobraron alguna que otra vida. La falta de oxígeno y las altas concentraciones de dióxido de carbono sumergen a la víctima en una especie de sopor, ajeno a la sensación de ahogo o de asfixia, que acaba con su vida. Como si se quedara tranquilamente dormido. Es lo que en las bodegas riojanas se conoce como 'tufo'.

Las cámaras frigoríficas de atmósfera controlada lo que hacen es generar artificialmente ese 'tufo', de modo que, por un lado, reducen hasta niveles prácticamente marginales la cantidad de oxigeno en el interior al tiempo que lo sustituyen, habitualmente, por nitrógeno y dióxido de carbono (las concentraciones varían en función de los productos almacenados). Esa 'atmósfera' creada junto al control de la temperatura y la humedad permiten conservar durante largos periodos los productos agrícolas ya que se consigue paralizar una maduración que no se reactivará hasta que regresen a un ambiente favorable.

Este tipo de instalaciones, habitualmente, están rodeadas de numerosas medidas de seguridad para evitar cualquier tipo de accidente y, en su acceso suelen figurar advertencias de los riesgos. De hecho son instalaciones que se abren de manera muy esporádica y que exigen el transcurso de al menos 48 horas de 'readaptación' para que los empleados puedan trabajar de manera segura en su interior.

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