Ingeniero y viajero empedernido

Pablo brindando con vino de arroz en Can Tho (Vietnam) :: L.R.

El logroñés Pablo Villoslada concluyó entre enero y marzo su aventura de dar la vuelta al mundo en 80 días | El viajero, residente en Amsterdam, visitó en su periplo nueve países: Tailandia, Camboya, Vietnam, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Argentina y Uruguay

ÁNGELA ROCA/A.G.LOGROÑO.

Poco tiene que envidiar Pablo Villoslada a Phileas Fogg. Este joven logroñés de 32 años, graduado en Ingeniería Técnica en Informática de Gestión en la Universidad de La Rioja (UR), ya presume de haber recorrido casi 50 países.

Comenzó su andadura por Europa hace diez años cuando viajó con el programa Erasmus a Coimbra (Portugal). Posteriormente, le concedieron la beca Leonardo, lo que le permitió desplazarse a Basingstoke, un pequeño pueblito de Inglaterra.

De allí se mudo a Bratislava (Eslovaquia), donde trabajó durante cuatro años y medio y desde el año 2015 vive en Amsterdam. Allí trabaja como 'consultor Front-end' para la empresa Backbase. Pero este viajero empedernido siempre quiso dar la vuelta al mundo, así que en las pasadas Navidades organizó su aventura.

«Aunque viajes solo, nunca lo estás, siempre encuentras gente en el camino»

Comenzó el 11 de enero y terminó el 31 de marzo. Durante ese periodo recorrió nueve países: Tailandia, Camboya, Vietnam, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Argentina y Uruguay: «Tengo un amigo viviendo en Nom Pen y otro en Auckland, por lo que esas dos ciudades eran destinos fijos». «Buenos Aires y Sydney -continúa- también estaban en mi lista, mientras que el resto de países surgieron sobre la marcha enlazando unos con otros». Respecto al inicio del viaje, Pablo lo explica así: «Empecé en Bangkok, ya que coincidió que un amigo iba a visitar también Nom Pen».

En 'Hobbiton' (Matamata, Nueva Zelanda) / L.R.

Después de su visita a Bangkok, pasó dos semanas en Camboya, otras dos en Vietnam, viajó a Singapur y luego una semana en Australia, donde visitó Sydney, Camberra y Melbourne. Desde ahí, pasó otras dos semanas en la isla norte de Nueva Zelanda y cogió un avión a Santiago (Chile). Cruzó Los Andes en autobús hasta llegar a Mendoza (Argentina), luego Córdoba y acabó con una estancia de diez días en Buenos Aires. Tomó un barco a la Colonia del Sacramento (Uruguay) y concluyó su viaje pasando tres días en Montevideo.

La aventura fue muy gratificante según su protagonista y, de hecho, Pablo anima a todos a viajar: «Le diría a la gente que se atreva, que nunca es el momento perfecto pero que los sueños hay que cumplirlos». «Nunca estás sólo -continúa-, siempre encuentras gente en el camino y, respecto a lo que echas de menos, la familia, los amigos... y la calle Laurel».

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