«Fue horrible, cuando cierro los ojos revivo el accidente»

Erik Villarreal, en su habitacion del Hospital Universitario de Burgos /Justo Rodriguez
Erik Villarreal, en su habitacion del Hospital Universitario de Burgos / Justo Rodriguez

Sandra Judith C.P. abandonó ayer tarde el box de urgencias del Hospital Universitario de Burgos, en el que sigue ingresado el riojano Erik Villarreal, de 21 años

ROBERTO GLEZ. LASTRAENVIADO ESPECIAL A BURGOS.

Con la sonrisa de los supervivientes abriéndose paso entre las graves heridas y las múltiples fracturas, una decena de riojanos se recuperaba ayer en las distintas unidades el Hospital Universitario de Burgos (HUBU), un macrocomplejo en el que Diario LA RIOJA solo encontró ayer colaboración para poder desarrollar su labor informativa, desde el director gerente del centro, Miguel Ángel Ortiz de Valdivielso, hasta médicos, enfermeras, auxiliares, celadores y personal de seguridad.

Pasaban unos minutos de las 15.30 horas cuando la única víctima del siniestro del autobús que fue dada de alta ayer, Sandra Judith C.P, abandonada el centro hospitalario burgalés con el alta en su mano, pero con el cuerpo y el espíritu triturados. «Tengo la columna muy golpeada y muchísimos dolores pese a todos los tranquilizantes que me han dado desde anoche. Pero no me puedo quejar, gracias a Dios. Ha sido un milagro... Fue horrible... Todavía, cada vez que cierro los ojos, vuelvo a revivir el accidente», admite sin poder reprimir el llanto.

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Del siniestro apenas recuerda nada: «Escuché una especie de rac, rac, rac... y de repente, volcó. Gracias a Dios que llevaba el cinturón puesto... Quedé atrapada y con varias personas encima y cuando me lograron sacar rompimos uno de los cristales para escapar de allí...», concluye entre lágrimas.

«Fue más grave de lo que parecía, pero el hospital supo reaccionar y vinieron médicos y enfermeras que no estaban ni de servicio»

«Fue más grave de lo que parecía, pero el hospital supo reaccionar y vinieron médicos y enfermeras que no estaban ni de servicio» Miguel A. Ortiz de Valdivielso | Director gerente del Hospital Universitario de Burgos

Segundos eternos

En otro de los boxes se recupera Erik Villarreal, un joven logroñés de 21 años que viajaba en el autocar junto a su novia, Pamela. «Íbamos los dos jugando con el móvil, de repente sentimos como un bache y el autobús se salió de la carretera y empezó a bajar por una ladera hasta que volcó y empezamos a dar vueltas de campana, no sé ni cuántas. Luego se paró y quedó volcado. Imagino que eso no duró más de 10 segundos, pero se te hacen eternos. Todo transcurría como a cámara lenta, no sé si se me soltó el cinturón o me lo solté yo y luego me fue imposible agarrarme a nada, noté golpes por todo el cuerpo y me hice un ovillo para tratar de protegerme», relata.

Una vez incorporado no sintió sus heridas ni el dolor. «Me levanté, busqué a mi novia y vi que estaba bien, que solo tenía el tobillo atascado, pero enseguida lo pudo sacar. Los cristales del autobús estaban destrozados y apenas se veía nada pero sí se oía a algunas personas llorar, gemir y quejarse de dolor y a otros muchos que aún estaban en shock. Había gente que se veía que estaba mal: una chica se había quedado colgada del cinturón boca abajo y debajo había otra cubierta completamente de sangre y bajo ella otra que no podía moverse. Junto a otros tres o cuatro chicos más las sacamos por una de las ventanas y las dejamos en el suelo junto al resto de personas que no se podía mover y volvimos a por las cazadoras, abrigos y toda la ropa que encontramos para taparles porque hacía muchísimo frío», prosigue su relato postrado en su cama de urgencias, sin apenas poder moverse por el dolor de espalda, pero con la tranquilidad, la suya y la de sus padres, porque el médico interrumpe la entrevista para confirmar que el TAC acaba de descartar cualquier posible lesión medular.

«Yo me encontraba bien, pero enseguida se me empezó a hinchar la cara y, en cuanto me metieron a la ambulancia, se me quedó la espalda rígida y ya no pude moverme», explica, para acabar la charla con un contundente «hemos tenido muchísima suerte, sí. Como dicen mi madre y mi padre, hemos vuelto a nacer, ha sido un milagro».

Ellos también sonríen ya a la cabecera de la cama. «El susto que nos hemos llevado ha sido tremendo y, visto lo visto, ha sido un milagro lo que nos ha venido a todos, a ellos y a los familiares», se arranca el padre, Rubén Villarreal, quien traslada su agradecimiento al hospital por el trato y los cuidados y al Ayuntamiento de Logroño y su alcaldesa, Cuca Gamarra por sus llamadas.

"Vinimos con lo puesto"

«Estábamos en El Rasillo con unos amigos cuando nos llamó mi hijo y vinimos para aquí con lo puesto, aunque no lo pudimos ver hasta las 12 y pico de la noche y solo cinco minutos. Nos fuimos a un hotel, pero no hemos podido pegar ojo, claro», añade Rubén. «Sí, lo vimos un poquito y la noche la hemos pasado en vela, pero ahora, al poder estar con él y acabarnos de decir los médicos que el TAC ha dado bien, pues ya estamos más tranquilos y con ganas de volver a casa, a Logroño, con él», tercia, por su parte, su esposa, María, la madre de Erik.

En otro de los edificios, en el que alberga la UVI, permanece grave, pero ya estable H.V.C., de 27 años, operado unas horas antes. Su familia prefieren no hablar, pero si ruegan a Diario LA RIOJA que transmita a todo el personal del hospital su agradecimiento por el trato humano y médico dispensado.

Una felicitación que recoge y extiende a todo el complejo su director gerente, Miguel Ángel Ortiz de Valdivielso: «Fue efectivamente más grave de lo que se dijo, aquí nos llegaron 21 heridos, pero, afortunadamente, la respuesta del hospital y de sus profesionales fue magnífica y, además de los que estaban de guardia y localizados, hubo varios médicos y personal de enfermería que se presentaron aquí voluntariamente para trabajar».

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