Un hogar para niños vulnerables

Reunión de seguimiento en la sede de Cruz Roja en Logroño con familias acogedoras. :: /Antonio Díaz Uriel
Reunión de seguimiento en la sede de Cruz Roja en Logroño con familias acogedoras. :: / Antonio Díaz Uriel

En La Rioja hay sólo 32 pequeños en acogimiento familiar, una fórmula de protección del menor «muy desconocida» | La medida, de carácter transitorio, se habilita en los casos de chavales cuyos progenitores atraviesan una dificultad para atender su crianza

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGOLogroño

Vaya por delante que en La Rioja, como en otras tantas comunidades, hacen falta familias acogedoras, una fórmula a la que pocas recurren porque esta forma de dar cariño y protección a niños y adolescentes vulnerables sigue siendo a día de hoy «la gran desconocida».

El acogimiento familiar es un sistema que la Ley de Protección del Menor contempla para los casos en que se detecta la conveniencia de articular una medida de salvaguarda temporal de un niño o un joven (hasta 18 años). No obstante, el objetivo último de la misma radica en que éste retorne a su familia de origen o bien se establezca una medida de protección más estable, como por ejemplo la adopción.

«Muchas veces se valora si existe posibilidad de que las causas que han motivado la desprotección de ese menor puedan resolverse o tienen una fecha de cambio», expone Mónica Dulce, la coordinadora del programa de acogimiento familiar en Cruz Roja La Rioja. Esta entidad desarrolla esta modalidad promovida por el Gobierno regional que, en estos momentos, tiene 32 menores atendidos en la comunidad a través de 27 familias acogedoras.

La Consejería de Políticas Sociales propone el acogimiento familiar para los niños y adolescentes en situación de desprotección, por cuanto sus padres presentan una incapacidad o dificultad para llevar a cabo la crianza, mantener el cuidado y la educación de éstos (por un ingreso en prisión, una enfermedad física o mental, casos de maltrato o abuso...). «Son varias las razones, nunca hay una única causa para que un menor acabe en una situación de desprotección y que por tanto pueda ser acogido», subraya Dulce.

«No hay recurso que iguale el cariño que dispensa una familia» CONRADO ESCOBAR / CONSEJERO DE POLÍTICAS SOCIALES

Dado que el objetivo es que los chavales retornen con sus padres biológicos, «se trata de una fórmula apasionante, pero muy complicada de gestionar», reconoce el consejero de Políticas Sociales y Familia, Conrado Escobar.

Y es que este sistema de amparo tiene una fecha de fin. En la mayoría de las casuísticas el menor mantiene el contacto con su familia de origen y, muy singularmente, carga una «mochila». «Son críos con muchas heridas», explica el titular de Servicios Sociales.

«Resulta crucial respetar la historia de vida del chaval en el acogimiento» MÓNICA DULCE / COORDINADORA EN CRUZ ROJA

Pero «no hay un recurso que pueda igualar al cariño y a la atención que dispensa una familia», remarca Escobar, quien admite que por eso «sería deseable que todos los chavales que están acogidos en una residencia (actualmente en torno a 270 en La Rioja) cuenten con una familia». «Por poco tiempo que estén en este ámbito, ese cariño es irremplazable y queda para siempre en la mochila emocional del menor», sentencia el titular de Servicios Sociales.

Cualquier perfil

Cualquier familia o adulto puede acoger. «No importa el número de hijos que ya posea, si es monoparental o no, ni su orientación sexual. Basta con mostrar compromiso, ser solidario, disponer de una estabilidad económica y social, y tener unas capacidades adecuadas para la educación y la crianza de los hijos», enumera la coordinadora del programa en Cruz Roja La Rioja.

En la región se necesitan bastantes padres de acogida, sobre todo para críos de entre 0 y 6 años MÓNICA DULCE / COORDINADORA EN CRUZ ROJA

La entidad lleva a cabo acciones de difusión y sensibilización en torno al acogimiento familiar, con el fin de atraer a un mayor número de familias de acogida. «Se necesitan muchas, sobre todo para niños de entre 0 a 6 años», precisa Dulce.

Los interesados reciben un curso de formación y deben superar una valoración en la que se evalúan sus aptitudes y su estabilidad personal, psicológica y social para cuidar de un menor. Logrado este aval, el equipo del programa de acogimiento familiar de Cruz Roja La Rioja realiza un seguimiento a través de entrevistas y llamadas telefónicas periódicas, que se completa con una asistencia 24 horas para cualquier duda, problema o dificultad que pueda surgir.

«Acompañamos durante todo el proceso», expone la coordinadora del programa, que indica que «en función de las preguntas que haga el niño, transmitimos a los acogedores que le den una respuesta acorde a su edad y nivel evolutivo, siempre diciéndole la verdad, pero contándole la realidad adaptada».

La última modificación de la Ley de Protección del Menor contempla varios tipos de acogimiento familiar: el de urgencia (principalmente destinado a pequeños de 0 a 6 años con una duración aproximada de unos 6 meses en tanto que se decide otra posible medida más estable en el tiempo), temporal (duración máxima de 2 años), permanente (sin fecha de fin, se podría extender hasta la mayoría de edad del chaval), de fines de semana y periodos vacacionales, y el especializado (el indicado para aquellos menores que cuentan con unas necesidades educativas especiales como una discapacidad visual o una afectación neurológica).

Los interesados en ser familia acogedora en la región deben dirigirse bien a la Consejería de Políticas Sociales o a Cruz Roja. «Los casos que ahora hay de menores susceptibles de ser acogidos son sobre todo de bebés», precisa Dulce.

Asegura que «muchas veces esta fórmula se confunde con la adopción», cuando existen importantes diferencias. «Una adopción supone unas relaciones familiares estables en el tiempo y el acogimiento no. Asimismo, los niños acogidos tienen en la mayoría de los casos contacto con su familia de origen, cuando en la adopción se corta desde el momento en que se inicia», remarca.

Y ese nexo con los padres biológicos se intenta no romper porque «es deseable que el niño siga manteniendo un vínculo con su familia biológica, ya que en el acogimiento resulta fundamental respetar al menor y a su historia de vida». De forma paralela, «indirectamente también trabajamos con su familia de origen». «Funciona muchísimo mejor si éstos apoyan el acogimiento», certifica.

Prestaciones

El Gobierno de La Rioja cuenta con ayudas para respaldar a las familias acogedoras. Éstas han aumentado este año notablemente su cuantía en relación al 2017. Así, las unidades familiares que lleven a cabo un acogimiento reciben 400 euros mensuales (137 euros más que en el pasado ejercicio). Esta prestación se eleva a 500 euros al mes en el caso del acogimiento de menores con alguna necesidad educativa especial (como una discapacidad).

Además, el Ejecutivo regional también apoya económicamente si los chavales precisan de algún tipo de tratamiento médico, psicológico o psiquiátrico especializado.

Begoña Eibar / Madre en solitario «La nena quiere estar conmigo cuando busca sentirse segura»

Begoña Eibar llevaba ya tiempo separada y sus dos hijos eran mayores cuando comenzó con la acogida. La idea le había rondado antes por la cabeza, pero hasta finales del 2015 no consideró que había llegado el momento. Aunque la suya iba a ser una familia monoparental, no le asustaba. «Trabajo en educación, por lo que estoy acostumbrada a los niños», indica esta docente que, tras formarse en acogimiento, recibió una niña de 4 años.

«Me hace gracia porque mis hijos, con 29 y 27 años, podían ser más los padres de la nena que yo», señala. Sin embargo, la pequeña mantiene con ellos un vínculo «fraterno, de juegos y cosquillas» y con ella, el propio de una madre. «Es conmigo con quien quiere estar cuando busca sentirse segura», señala.

Begoña Eibar.
Begoña Eibar. / Antonio Díaz Uriel

En el par de años que llevan juntas, Begoña ha visto «florecer» a su «nena». «La niña ha evolucionado mucho porque venía muy insegura y esa inseguridad la manifestaba motrizmente. Iba a andando y de cada cinco pasos, tropezaba tres», describe. Ahora en cambio, «anda en bicicleta y está aprendiendo a nadar». «Esto le ha dado una alegría enorme y está muy motivada». Un entusiasmo que también comparte Begoña, que ha iniciado el proceso para convertir el acogimiento temporal en permanente.

Carlos Murúa y Verónica Calle / Familia de acogida temporal «La despedida es muy triste, pero te quedas con mucho más de lo que das»

Siendo adolescente, Verónica acudía como voluntaria a la Residencia Iregua, donde le sorprendió descubrir que «había niños que no vivían en familia y que estaban institucionalizados».

Así que, cuando le surgió la oportunidad, esta médico de profesión y su marido apostaron por acoger a un niño «porque queremos compartir nuestra familia». La pareja tiene dos hijos biológicos, de 16 y 18 años, y ha ampliado en dos ocasiones su clan con dos acogidas temporales de bebés.

El primero llegó hace cuatro años con dos meses de vida. Se iba a quedar hasta los seis meses y permaneció con ellos hasta los dos años. «Lo adoptaron», indican. «La despedida es muy triste, se pasa mal y se llora mucho. Pero siempre piensas en el bien del bebé», afirma Verónica. «Te quedas con mucho más de lo que das», completa Carlos.

Carlos Murúa y Verónica Calle.
Carlos Murúa y Verónica Calle. / Antonio Díaz Uriel

La experiencia les resultó tan satisfactoria que repitieron. Acogieron a una chiquitina de 9 meses que ya ha cumplido los dos años. Señalan que el acogimiento de bebés requiere «más esfuerzo porque tienes que levantarte por la noche y llevarlo a la guardería». En cambio, «de cara a las visitas con los padres resulta el más cómodo, puesto que estos niños no cargan la mochila emocional como en otros casos y no pelean contra nadie», apunta Verónica.

Al primer pequeño del que cuidaron lo siguen viendo por la calle porque está adoptado en La Rioja. «Cuando nos lo encontramos, hablamos con sus padres adoptivos. Es muy chiquitín y el niño no se acuerda de nosotros. Pero ¿por qué se tiene que acordar? Ya nos acordamos nosotros de él. La experiencia se la llevó y nosotros también», dicen.

María Ángeles / Joven acogida «Es una felicidad tremenda que alguien se preocupe por ti»

María Ángeles permaneció interna con monjas y pasó por un piso tutelado. «Estaba muy incómoda porque veía a niños entrando y saliendo y me dolía mucho. Pensaba ¿y cuándo voy a salir yo?», recuerda. Ese día llegó de la mano de una chica que le ha ofrecido una familia, en la que ellas dos son las únicas miembros.

Vive con esta mujer desde los 11 años y, pese a que a los 18 el acogimiento permanente finalizaba, «he decidido continuar con ella porque estoy a gusto y el día de mañana voy a tener un montón de cosas que no he tenido antes».

María Ángeles.
María Ángeles. / Antonio Díaz Uriel

«Eso es una felicidad tremenda», completa esta joven que ya ha soplado las 19 velas y que no dejó de mantener el contacto con su familia de origen.

«Son mis seres queridos y los respeto», se refiere a su entorno de sangre. Con su madre de acogida se siente feliz. «Desayunar juntas, cenar o ir a sitios juntas era algo que en los anteriores sitios donde he estado no hacía», afirma. Pero sobre todo, lo que más le llena de esta experiencia es el sentir que «alguien se preocupa por ti» porque «llegas a casa, le miras y te pregunta cómo éstas, qué tal tu día...». «Me motiva mucho el estar con esta persona porque me da educación, sanidad y respeto», agradece.

Mapi Domingo / Presidenta de AFAAR «Desde que se integran, su vida se normaliza y evoluciona muchísimo»

Mapi Domingo preside la Asociación de Familias Adoptantes y de Acogimiento de La Rioja (AFAAR), desde donde proporcionan formación, información y apoyo a las familias acogedoras o que se plantean serlo. Además de encabezar este colectivo, Domingo predica con el ejemplo.

En el 2011, su marido y ella acogieron a una niña de tres meses que ya ha cumplido los 8 años. Y en el 2017 hicieron lo propio con otro pequeño de 4 años. En ambos casos comenzó siendo una acogimiento temporal, que acabó como permanente (con el segundo menor están finalizando el proceso).

«Es muy ambicioso pretender que todos los niños estén en una familia, pero no es imposible», plantea como objetivo la presidenta de AFAAR. Y es que no alberga dudas de que «a los menores les corresponde estar en una familia». «Desde que se integran, sus vidas se normalizan y experimentan una evolución total», subraya.

Mapi Domingo.
Mapi Domingo. / Antonio Díaz Uriel

«Queriéndolos tú, se quieren ellos», expone, lo que no resulta baladí en criaturas que «tienen mochila porque han sido abandonadas». A quienes sopesan la opción de incorporar a un nuevo miembro en su hogar, les indica que «lo primero que hay que tener es muchas ganas y saber hasta dónde puedes llegar y de qué edad los quieres». Y es que «la vida te cambia, da un giro de 360 grados». «Pero es una gozada», asevera Domingo, que no tiene hijos biológicos.

No le ha tocado vivir el momento más duro, pero conoce por otras familias la situación. «La despedida es lo que más cosa da, aunque si te paras a pensar es porque piensas en ti y no en el niño. Porque él todo lo que ha vivido y disfrutado, el amor que ha recibido, los abrazos... Eso se lo llevará con él vaya donde vaya», anima.

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