«Te tiene que gustar el trato con la gente»

Romo peregrina desde hace 19 años con su puesto por cinco pueblos del entorno de Logroño José Antonio Romo Vendedor en Lardero

P. HIDALGOPILAR HIDALGO LARDERO.

Encarna la tercera generación de una saga familiar dedicada a la producción y venta de frutas y verduras. José Antonio Romo Ocón, quien a sus 48 años lleva con orgullo el título de ser «el agricultor dedicado al cultivo de verdura más joven que queda en el término de Logroño», se levanta entre semana a las cinco y media de la mañana para cumplir con su calendario de mercadillos.

José Antonio lleva 19 años realizando la misma ruta y llevando frutas y verduras frescas a cinco municipios del área metropolitana de Logroño y de Rioja Alavesa. Los lunes despacha en Ribafrecha; los martes, en Albelda de Iregua; los miércoles coloca su puesto en Lardero; los jueves, en Elciego y los viernes le toca Laguardia.

Él vende la verdura que cultiva en su huerta del barrio logroñés de Cascajos «y lo que no tengo yo y, sobre todo, la fruta la compro a mis proveedores». Esto es, a eso de las seis de la mañana ya está en Mercarioja o recorriendo almacenes hortofrutícolas.

Como todos los miércoles para las ocho de la mañana comienza a montar su puesto en la plaza de España de Lardero. «Me lleva entre hora y hora y cuarto prepararlo y otro tanto recoger», indica. Así, hasta cerca de las 15 horas se le suele ver junto a los soportales de la Casa Consistorial 'cigüeña'.

José Antonio despacha los productos de la huerta con una sonrisa y mucha amabilidad. «En este trabajo te tiene que gustar el trato con la gente», asegura. De este modo, se sobrellevan mejor los madrugones, las kilometradas, el comercio itinerante, la venta a cielo abierto (tanto en los días de frío o de lluvia como en los de intenso calor) y el que los mercadillos hayan perdido parte de su tirón. «Nos encontramos muy afectados por la competencia de las grandes superficies y eso que la gente aún sigue viniendo a los mercadillos o a las tiendas pequeñas a por productos frescos como las verduras», expone.

Frente a las cajas bien surtidas de calabacines, berenjenas, coles, manzanas, naranjas, peras, brócoli, vainas o limones se va acercando un goteo de clientas. «Lardero es un pueblo grande, pero su mercadillo es pequeño porque al estar tan cerca de Logroño la gente no acude tanto aquí y va más a las grandes superficies de la capital», señala.

No obstante, José Antonio reconoce que tiene una clientela fija. «Lo más importante es la confianza que les das», afirma. Precisa que la mayoría superan los 45 años. «En esto también influye mucho la forma de comer, puesto que los mayores siguen guisando mientras que los jóvenes tiran más de precocinados», apunta.

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