Las granjas porcinas riojanas, más allá de los mitos

Cerdos recién nacidos en la granja Alvima de Alesanco. rodríguez/ JUSTO
Cerdos recién nacidos en la granja Alvima de Alesanco. rodríguez / JUSTO

La normativa y la evolución del sector dibujan un paisaje productivo 'blindado' por y para la seguridad alimentaria | La directiva europea de 2013 obligó a transformar las explotaciones porcinas riojanas y las que lograron adaptarse se rigen por una legislación muy exigente

Pablo García Mancha
PABLO GARCÍA MANCHALogroño

Hace unas semanas Jordi Évole ofreció una imagen siniestra de determinados aspectos del sector porcino español en un programa titulado 'Stranger Pigs', en el que se denunciaban determinadas prácticas poco éticas de la industria cárnica, además de las precarias condiciones laborales de algunos de sus trabajadores. Évole y su equipo entraron furtivamente en una granja murciana en la que se amontonaban cerdos enfermos con hernias y tumores. El reportaje avisaba al final que las imágenes emitidas no correspondían a todas las explotaciones ni era la forma habitual de proceder de las empresas del sector. Pero el lío y la polémica quedaron inmediatamente servidos sobre la mesa.

En La Rioja el sector del cerdo industrial no es muy numeroso, ni por el número de granjas existentes ni por las cabezas de animales que se dan cita en las explotaciones; sin embargo, como recogen los datos de la Consejería de Agricultura, el conjunto de la producción porcina representa el 24% de la producción total ganadera y ocupa el segundo lugar tras la carne de aves, que supone el 31%.

¿Y cuál es el nivel de dichas explotaciones riojanas? Julián Somalo, presidente del Colegio de Veterinarios, explica que «actualmente gozan de una salud que nunca antes habían tenido». Y detalla los motivos. A partir del 2003 entró en vigor una directiva europea sobre normas mínimas de protección de los cerdos que debían de cumplir todas las explotaciones de porcino de la UE, con un periodo transitorio de diez años para dar opción al sector a adaptarse a dicha normativa. Desde el 2013, «las explotaciones riojanas se han adaptado y las que no lo han podido hacer han dejado la actividad, por lo que todas las granjas de nuestra región cumplen exigencias muy estrictas en cuanto a instalaciones, manejo y sanidad de los animales e impacto ambiental con unos sistemas de control muy duros y continuos».

Alvima Porcino S.L. es una granja de Alesanco. Está considerada como la más grande de La Rioja y es de ciclo cerrado (realiza la producción y engorde de sus propios cerdos), cuenta con un censo de 1.000 a 1.200 cerdas en producción, con unos 36.000 cerdos de crianza al año, y la raza de sus animales es Dambred en las hembras y Pietrain en los machos. Esta explotación riojana destina la mayoría de su producción a 'Campofrío' para elaborar jamon de York y recibió uno de los principales premios del sector a finales del 2016, el 'Porc d'Or' a la excelencia, un galardón que ofrece el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA) de Cataluña desde hace 23 años. La empresa cuenta con un veterinario en plantilla, Vicente Magaña, que subraya que «todos los que trabajamos en este sector somos conscientes de la importancia que tiene, tanto a nivel europeo como a nivel mundial, y estamos concienciados de las exigencias y la responsabilidad que implica esta actividad».

En Alvima Porcino, Vicente Magaña dirige el control técnico-sanitario de la explotación, prevención y cumplimiento de las leyes de bienestar animal y el protocolo de la higiene de la producción: elaboración y control de recetas de medicamentos, piensos, programas sanitarios y enfermedades, y relata que la evolución en todos los sentidos del sector ha sido impresionante en los últimos años: «La normativa es muy exigente en todos los aspectos», desde las instalaciones (sistemas de alimentación) hasta automatización de diferentes trabajos para una mejor atención a los animales: ventilación automática con control de temperatura y humedad, sistemas de limpieza y desinfección y hasta la inseminación artificial. También se especifica en la normativa hasta el mínimo detalle de las condiciones de vida de los animales confinados para cría y engorde: superficie de suelo libre disponible para cada categoría de cerdo, revestimiento del suelo para cada tipo de cerdo. En caso de suelo de hormigón, la normativa establece hasta una anchura máxima de las aberturas así como la anchura mínima de las viguetas. Las cerdas deben estar en grupos durante un periodo determinado de tiempo, tener acceso a comida y agua limpia, disponer de material manipulable para su entretenimiento, un mínimo de luz y un límite de ruido...

«Los animales disponen de más espacio y mejores condiciones de alojamiento», subraya Magaña, que además es de la opinión que «una de las mejoras más importantes ha sido la profesionalización del sector porcino, desde el propietario pasando por los técnicos a los trabajadores. Todo influye y existe una obligatoriedad para el personal encargado del cuidado de los animales de formación específica en bienestar animal». Magaña está convencido que hay que «dejar muy claro que debemos estar muy seguros de los alimentos que comemos. Son muchos los controles que tenemos que pasar en la explotación, de todo tipo, sanitarios, higiénicos y de bienestar animal, que es una sensibilidad tanto nuestra como ganaderos como de la administración».

El paseo por la granja Alvima es impresionante. Hay que entrar en las instalaciones con una ropa especial y se exige ducha antes y después. Vicente Magaña enseñó a los periodistas todas las zonas de producción: cebaderos, corrales de los sementales, parideras y los espacios para los cerdos después del destete: «Cada día la sociedad está más preocupada por todas estas cuestiones y nosotros como granjeros hemos ido actualizando nuestros recursos para ofrecer un mejor servicio. Prueba de ello es que nunca ha habido una intoxicación en España por esta carne. La verdad es que nos va la vida en ello», asegura Vicente.

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