si funciona, no se toca

Como el jueves

«Allí presente, Pedro Sanz tragó quina como si necesitara semejante viacrucis para expiar sus nunca reconocidas culpas»

José Antonio Del Río
JOSÉ ANTONIO DEL RÍOLogroño

"Si funciona, no lo toques" es el principio de subsistencia que rige razonablemente bien y por lo general en ámbitos tan distintos como la tecnología, las artes, el amor, la economía, el deporte, la ciencia... o la política. También en la política. José Ignacio Ceniceros así lo debe entender porque su discurso de ayer recordó en el tono al que relató en septiembre del año pasado en su debú como protagonista del debate sobre el estado de la región. (Lo del tono es por explicarlo de alguna forma, porque el presidente es más bien átono y un tanto así prosaico en su forma de exponer; tantos años de obligada institucionalidad en la Presidencia del Parlamento no convierten a uno en un Demóstenes o en un Castelar precisamente). En el tono y en algún detalle, nada nimio por otra parte, como que otra vez olvidó, quizás con intención, sus orígenes.

Será, porque los diez primeros minutos de exposición se convirtieron en un inopinado ejercicio de comparanza entre la realidad de 'su' Rioja, La Rioja de 2016 tras dos años de Gobierno Ceniceros, y aquella en la que tomó posesión en 2014. Nada extraño, en principio, dada la natural propensión de las gentes del Partido Popular a mentar la «herencia recibida» como la razón de todos sus males, como el reflexivo del perdón de todas sus carencias, como el bálsamo de tigre de todos sus golpes. Pero extraño en esta ocasión si se advierte que el testador juega en el mismo equipo y suda aún la misma camiseta que el tomador de la herencia. Allí presente, Pedro Sanz tragó quina como si necesitara semejante viacrucis para expiar sus nunca reconocidas culpas. El detalle fue prolijo: «Recogimos una tasa de riesgo de pobreza o exclusión inasumible... En 2016 más de 15.000 personas salieron de dicha situación»; «Nos encontramos con 1.358 jóvenes a los que no se les pudo abonar partidas comprometidas del programa Hipoteca Joven; hoy esas cantidades están transferidas»; «Afrontamos el gobierno con nuestros 10.200 empleados públicos afectados en sus derechos. Pronto repusimos la paga extraordinaria... y restituimos derechos ciertos...». Y así hasta rematar la faena mirando de soslayo al hemiciclo, o no: «Porque solucionar el ahora de hace dos años requería de algo más que buenas intenciones».

Sonia Tercero

Puesta sobre la mesa la evidencia de lo que Ceniceros había venido (también) a demostrar, la narrativa presidencial se condujo entonces por lo vericuetos que le señaló su equipo, la gente del Gobierno que es con la que Ceniceros se siente cómodo, arropadito, seguro. Desgranó el listado de «hechos sólidos» de cada área y lo hizo generosamente, descendió al detalle e incluso cayó en el reprochable vicio de la ostentación, rémora de una pasado reciente del que fue actor aunque ahora no sea de gusto recordar(se)lo. Volvió a atronar entonces en el antiguo convento 'ese' mantra para reconocer, esta vez, «la evolución de la economía riojana, su capacidad para generar empleo... y el perfil económico Por un instante retornó ese que tantas tardes de gloria nos regaló, como lo hizo el exceso verbal para advertir que «La Rioja es en investigación biomédica».

¿Y del futuro? Pues poco o así. Lo dejaría para hoy. Es la costumbre en estos casos y, como nacieron estas líneas, cuando algo funciona, no lo toques.

(Ficha técnica: 105 minutos de discurso. Faltó en su escaño la diputada Arruga. En los graderíos, lleno. Se excusaron el congresista Del Río y la senadora Mendiola).

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