El fiscal mantiene los 13 años de cárcel para el acusado de agredir sexualmente a su excuñada

El acusado espera el momento de comenzar, en la mañana de ayer, su declaración en la Audiencia Provincial. :: juan marín/
El acusado espera el momento de comenzar, en la mañana de ayer, su declaración en la Audiencia Provincial. :: juan marín

La presunta víctima reconoce que inicialmente confundió al agresor con su hermano y que tardó más de dos años en denunciar por vergüenza

LUIS JAVIER RUIZ LOGROÑO.

Las dudas que tendrá que resolver la Audiencia Provincial son tantas que tendrá que empezar por determinar cuándo ocurrieron los hechos. Porque ni en eso coincidieron las versiones que acusaciones y defensa sostuvieron ante el tribunal encargado de juzgar por presunta agresión sexual a K.G.T., un joven boliviano al que dos años y medio después (o uno y medio, según versiones) de los presuntos hechos le denunció la expareja de su hermano.

K.G.T. sostuvo que sí hubo relaciones sexuales, pero que fueron consentidas. Que el día de los hechos acudió a su casa bien entrada la madrugada y se encontró en la habitación a su excuñada desnuda, a la que previamente había llevado su hermano (con el que compartía dormitorio) en estado ebrio. Explicó que tras hablar un rato, una cosa llevó a la otra y mantuvieron relaciones: «Al terminar ella se echó a llorar preguntándose qué habíamos hecho y arrepintiéndose. Le dije que tranquila, que nadie se enteraría».

Su versión asegura que pasó el tiempo hasta que en agosto del 2015, tras un intercambio de palabras en una discoteca de Logroño, ella le rompió la nariz de un taconazo. Fue detenida y en comisaría presentó la denuncia por agresión sexual.

«Le toqué el pelo y vi que no era él. Intenté quitármelo de encima, pero no podía», explicó la presunta víctima

La presunta víctima negó ese relato. No hubo consentimiento. Dijo que él se le abalanzó y que, inicialmente, pensó que se trataba de su expareja, al que sí hubiera aceptado. «Le toqué el pelo y vi que no era él. Intenté quitármelo de encima, pero no podía. Le gritaba que parara», explicó antes de asegurar que, finalmente, consiguió su propósito en un relación «muy corta».

Instantes después entró en la habitación el propietario del piso en el que vivían los dos hermanos. «No le dije nada, no supe reaccionar. Cogí las cosas y me marché», relató. Al día siguiente acudió a Urgencias con un ataque de ansiedad. «No dije nada a nadie», aseguró. La defensa del presunto agresor puso sobre la mesa la declaración judicial de una testigo (que ayer no compareció) que aseguró que sí había advertido de esta circunstancia a los médicos.

Sea como fuere, el caso es que la denuncia se materializó en agosto del 2015. Reconoció la denunciante que agredió a K.G.T. con un tacón y le rompió la nariz en las puertas de una discoteca «porque en las fiestas de Lardero agarró a mi hermana pequeña para bailar. Pensé que le podría pasar lo mismo a ella». Tras ser detenida por lesiones, denunció a K.G.T. por agresión sexual.

Después de que el Ministerio Fiscal 'delegase' su informe en la acusación particular, el letrado de la víctima sostuvo que la congruencia de las declaraciones de la víctima a lo largo del tiempo refuerzan su versión y que, el periodo entre los hechos y la denuncia fue «moralmente tormentoso» para ella. El acercamiento de K.G.T. a su hermana fue, concluyó, lo que hizo emerger esa «frustración» que derivó en la denuncia.

La defensa de K.G.T., por su parte, incidió en que «fueron relaciones consentidas de las que luego se arrepintió. Hay venganza. Su imaginación, a este hombre, le puede salir muy cara», concluyó el letrado.

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