«Es fundamental confiar en uno mismo y disfrutar»

Saúl Fernández, lanzado por la cuesta de los Danzadores. / S. F

Saúl Fernández es uno de los danzadores veteranos, con doce años de experiencia sobre los zancos

Félix Domínguez
FÉLIX DOMÍNGUEZNájera

A pesar de tener sólo 26 años, Saúl Fernández es uno de los veteranos del grupo de danzadores que en las próximas fiestas en honor a Santa María Magdalena, se lanzarán sobre sus zancos, primero para salvar las inquietantes escaleras que unen la explanada de la iglesia y la calle, y poco más tarde calle Danzadores abajo, para asombro de propios y extraños, en una tradición no exenta de riesgo, pero vistosa como hay pocas, no sólo en la Comunidad Autónoma, sino en todo el mundo.

Recuerda como si fuera ayer mismo, cómo con 15 años se subió por primera vez a los zancos para danzar a la vista de los numerosos vecinos y visitantes, en lo que fue su bautismo como danzador. «Fue en las Fiestas de Gracias, el último fin de semana de septiembre, cuando tenía 15 años. En esas fiestas, que son las últimas del año en las que danzamos con los zancos, es costumbre que los más veteranos dejen el último día por la tarde para que los nuevos se estrenen».

Así vio cumplido uno de sus sueños, ya que, según afirma «desde pequeño siempre me había gustado danzar», además de que, como suele decirse, 'de casta le viene al galgo', él tiene dos tíos que ya habían sido danzadores. Saúl mantiene que lo de la danza con zancos siempre le atrajo, porque «aparte del sentimiento que te provoca danzar, ya que lo vives desde pequeño y es algo natural, se trata de representar a tu pueblo, disfrutar y algunas cosas más».

Tal vez por todo ese cúmulo de sensaciones es por lo que apenas tiene en cuenta el riesgo que supone calzarse unos zancos de unos 45 centímetros de alto, cuya base es tan fina que casi da vértigo imaginarse a uno mismo con ellos. «¿Riesgo? La verdad es que como lo vives tan intensamente, lo dejas de lado, porque si bajas con miedo es imposible danzar», explica antes de señalar que «lo fundamental para quitarse el miedo es confiar en uno mismo y disfrutar».

«Que disfruten, pero respeten»

Los danzadores están encantados con que la gente acuda a verles ejecutar sus arriesgadas danzas sobre los puntiagudos zancos, «es importante que haya gente, ni mucha ni poca, tiene que haber gente porque si tropiezas o te desequilibras es importante que haya quien te pueda coger y no irte al suelo, pero si hay demasiada es un tanto agobiante y apenas tienes espacio para poder bajar la cuesta», explica Saúl Fernández.

Es por ello que, tanto él como sus otros siete compañeros, le piden a la gente «que sigan viniendo y lo sigan disfrutando, pero que respeten, ya que últimamente cada vez respetan menos». Reconoce que se trata de algo «que no se puede controlar, el que va es libre y por eso lo que pedimos es que respeten y disfruten de las fiestas».

También quiere destacar la importancia de la gente de la Asociación Danza de Anguiano, y para ello plantea un símil: «Esto es como un equipo de fútbol y todo el mundo ayuda», pero considera fundamental la labor de los atadores, esos antiguos danzadores que conocen el secreto de la sujeción de los zancos a las piernas de quienes se han de arriesgar con la danza.

«Sin ellos no podríamos danzar, ya que es un proceso que hay que saber hacerlo y saber hacerlo bien. Si se aprieta demasiado, malo, porque te puede cortar la circulación de las piernas, y si están flojos se van aflojando cada vez más y es imposible manejar los zancos. Es importantísimo, el zanco tiene que ir bien sujeto a la rodilla, y en los pies, porque a nada que se te vaya un poco el zanco se queda clavado y te quedas sin rodilla o te caes», explica con sus 12 años de experiencia.

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