La dulce celebración de Albelda

La localidad empieza cada año sus fiestas con una batalla de caramelos | Los arranques festivos se completan con la iluminaria, una hoguera en torno a la que se colocan los vecinos mientras degustan chocolate con bizcochos

PILAR HIDALGO* VALLEIREGUA@LARIOJA.COMALBELDA DE IREGUA.

Hay contiendas de lo más dulces y para nada cruentas. Al menos, en Albelda de Iregua. El municipio inicia sus fiestas -tanto las dedicadas al patrón, San Prudencio, como las del Triunfo o de verano- con una batalla de caramelos, que se arrojan desde la balconada del Ayuntamiento inmediatamente después de que el cohete estalle en el cielo.

Ocurre así desde hace cerca de tres décadas, cuando al que fuera alcalde de la localidad durante 24 años, el fallecido en este 2017 Amando González, se le ocurrió empezar los festejos albeldenses con esta golosa 'lluvia' para «situar a los niños como centro de atención de las fiestas», recuerda el promotor de la candidatura de Albelda y director de la Asociación Cultural Recoveco, José María Daroca.

Daroca explica que «existe una ley no escrita» en la localidad, según la cual los vecinos dejan a los pequeños de hasta 12-13 años que se ubiquen en primera línea bajo la balconada consistorial en el momento del cohete y «que sean ellos los que acaparen el protagonismo».

Así, se localizan en el mejor emplazamiento para recoger los cerca de 50 kilos de caramelos de goma que se les echan desde el Ayuntamiento. «Hay niños que cogen hasta dos kilos», reseña Daroca, para quien este característico acto llena de color e imaginación (por aquello de hacerse con el mayor número de chucherías) el arranque de las fiestas albeldenses. Albelda de Iregua recubre esos primeros instantes festivos de dulzura. Tras el cohete y la batalla, los vecinos se dirigen a la parroquia de San Martín para llevar a cabo una ofrenda floral (en los festejos de San Prudencio, en abril) o una salve (en verano) y después de uno u otro acto todos se congregan en la plaza de España en la iluminaria.

Se trata de una hoguera que ha llegado hasta nuestros días tras pasar de generación en generación. Tradicionalmente, su motivación ha consistido en ahuyentar los malos augurios y que ayude a tener unas abundantes cosechas. El fuego se mantiene encendido durante dos o tres horas, los más atrevidos lo saltan, y en torno a él se reparten chocolate y bizcochos. «Es el punto de encuentro de los albeldenses, ya que todos nos colocamos alrededor de la hoguera y las llamas facilitan que te veas», señala el promotor de la candidatura de esta localidad.

Históricamente otro lugar de encuentro para las gentes de Albelda y de los municipios colindantes ha sido la romería a la ermita de Santa Fe de Palazuelos. Antaño fue objeto de rivalidad entre los de Albelda y Clavijo. Hasta 1970 se estableció un pacto verbal entre las dos villas, siendo los albeldenses sus propietarios con la condición de subir una vez al año a visitarla. Eso sigue aconteciendo cada 25 de abril, festividad de San Marcos, cuando allí se celebra una eucaristía y se reparte la caridad.

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