La Retina: El ojo de las fiestas de Cervera

Cuadrilla de niños en fiestas de Santa Ana en los setenta y José Enrique González Moreno subido a un árbol. :: / J.E.G.M.

El cerverano José Enrique González Moreno tenía quince o dieciséis años cuando captó esta imagen de las fiestas de Santa Ana de Cervera del Río Alhama, a principios de los setenta

Sanda Sáinz
SANDA SÁINZCervera

José Enrique nació un 26 de noviembre (fiesta cerverana de San José El Tonelero) de 1954. En 1957 su familia se marchó a Barcelona, regresó en 1958 a Cervera y en 1961 se asentaron definitivamente en la capital catalana aunque siempre ha mantenido el vínculo con su pueblo natal donde tiene a sus difuntos y su casa.

Como le ocurrió a él, muchos de los que aparecen en la imagen que mostramos hoy también tuvieron que dejar el municipio.

«Las fiestas en esa época me gustaban mucho, eran diferentes a las de ahora. Más sencillas, pero con más ambiente. Se vivían más. Antes era un momento único que esperabas todo el año. Además duraban menos. Yo no recuerdo una semana de fiestas, sólo tres o cuatro días. Luego había uno de descanso y la jornada de juergas, que ibas a comer al campo (algo que ya no se hace)», resume José Enrique.

Esta instantánea nos muestra varios detalles en los que ha cambiado el pueblo. Está tomada en una explanada donde actualmente se ubica el Ayuntamiento.

La feria se instalaba allí antaño (se ve detrás el tiovivo y a un lado la caseta de tiro, junto al camión del ganado) y el baile se hacía en la plaza de España o en la plaza del Rollo. Ahora se concentra casi todo en la plaza Escultor Daniel.

«Las vacas se escapaban mucho. El vallado era muy sencillo y cada dos por tres había que ir al río a buscarlas. Era una diversión», rememora el cerverano, que añade: «Me gustaban las vaquillas y ahora también, sobre todo hacer fotos de los encierros».

La estructura de los edificios del fondo es otro cambio visible, ahora con menos huertas y más bloques de viviendas en este lugar.

«Conseguí mi primera cámara canjeando unos puntos de tabletas de chocolate», recuerda José Enrique, que desde entonces ha sido aficionado a la fotografía y hoy en día continúa captando momentos y detalles de Cervera que cuelga en las redes sociales.

Empezó con su laboratorio a los diecisiete o dieciocho años, en Barcelona. En su casa instaló una ampliadora sencilla y un profesional le enseñó los primeros pasos.

«En aquella época del blanco y negro, cuando me cogió el gusanillo de la fotografía, tenía mi cuba tanque, revelaba los negativos de acetato y luego los positivaba en mi laboratorio con la luz roja. Todo ha cambiado. Ahora disparo, paso las imágenes al ordenador o a una máquina, las imprimo y listo», comenta el fotógrafo, que comparte esta afición con otra de sus pasiones, el mundo ferroviario, del que ya ha publicado un libro sobre el ferrocarril minero del Moncayo.

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