La farmacia hospitalaria asiste a 2.000 ancianos en sus residencias

L.J.R. LOGROÑO.

Una de las claves (hay muchas) para ajustar al máximo el gasto público en medicamentos es el real decreto del 2012, que aborda la sostenibilidad del sistema sanitario público. Entre las medidas incluidas figuraba la vinculación de los llamados centros de asistencia social (residencias de mayores) de más de 100 camas a los servicios farmacéuticos de los hospitales públicos. En el caso riojano son el Hospital San Pedro y la Fundación Hospital de Calahorra los que suministran los medicamentos a los residentes. «Reciben las medicinas directamente allí, en su casa, y tienen una buena atención farmacéutica, que es lo fundamental», defiende José Ignacio Torroba. «En coordinación con los médicos de esos centros, atendemos a más de 2.000 residentes a través de dos farmacéuticas que se incorporaron a nuestros hospitales», relata. «Nos hemos olvidado de las recetas con estos pacientes a los que dispensamos los medicamentos de la farmacia hospitalaria, que son elegidos según criterios de eficacia, seguridad y coste, las tres patas del uso racional del medicamento», completa Torroba sobre un sistema que, dice Carmen Sáenz, tiene otras ventajas añadidas como la eliminación de prescripciones duplicadas (pacientes a los que, por ejemplo, su médico de cabecera y un especialista le habían recetado el mismo principio activo de un medicamento).

«Hemos incorporado otras ventajas añadidas como la posibilidad de suministrar antibióticos intravenosos en la residencia si tiene medios, con lo que evitamos que ese paciente tenga que acudir al centro o ser ingresado si así puede ser». Todo redunda en un ahorro económico, sostienen. «La oportunidad de concentrar las compras derivan en este tipo de ahorro», dice Torroba.

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