La esperanza de vida sube en La Rioja a los 84,3 años, la tercera más alta de las regiones europeas

La esperanza de vida sube en La Rioja a los 84,3 años, la tercera más alta de las regiones europeas

Mientras las mujeres elevan sus expectativas hasta los 87,2 años, los hombres se quedan en los 81,4, según la Oficina Europea de Estadística

Javier Campos
JAVIER CAMPOSLogroño

La esperanza de vida de la población riojana sigue aumentando cada año y, al menos de momento, continúa sin tocar techo. Según la última entrega de Eurostat, la correspondiente al 2016, La Rioja ha visto elevada su expectativa de vida hasta los 84,3 años situándose como la tercera región europea más longeva sólo por detrás de la Comunidad de Madrid -con 85,2 años- y del cantón suizo del Ticino, con 85 años.

La Oficina Estadística de la Unión Europea (UE) encargada de publicar estadísticas e indicadores de alta calidad que permitan hacer comparaciones entre países y regiones recoge cómo La Rioja ha dejado atrás los 83,7 años del 2015 y, con ello, el sexto puesto del ranking de entonces para seguir escalando posiciones (superada en aquel momento por Madrid -con 84,5-, Navarra -con 84-, Île de France, la región que engloba a París y a su zona metropolitana -84-, la italiana Trento -84- y Castilla y León -83,9 años-).

Tan alta esperanza de vida, en cualquier caso, es matizable atendiendo al sexo. Y es que mientras la de las mujeres riojanas se eleva hasta los 87,2 años, la de los varones se queda en los 81,4. Estos 5,8 años de diferencia tienen su reflejo en los ranking: así, si las riojanas se sitúan como las terceras que alcanzan una edad más avanzada de entre las comunidades del conjunto de regiones europeas, los riojanos no aparecen hasta la posición número 17.

La esperanza de vida indica los años que un recién nacido puede 'esperar vivir' si los patrones de mortalidad por edades imperantes en el momento de su nacimiento siguieran siendo los mismos, es decir, se mantuviesen estables, a lo largo de toda su vida.

Calidad de vida en España

La calidad de vida en España se confirma al comprobar que hasta cuatro regiones españolas -Madrid, La Rioja, Castilla y León y Navarra- se ubican entre las 10 primeras posiciones. Que La Rioja salga tan bien parada en lo que a esperanza de vida se refiere no pasa desapercibido para los profesionales de la geriatría y la gerontología. Dos disciplinas de notable importancia, sobre todo a largo plazo. Y es que con tal envejecimiento de la población y con una pirámide poblacional que es más amplia en la parte de los tramos de edad considerados como vejez, la geriatría y la gerontología se erigen como dos pilares fundamentales para garantizar la calidad de vida de todas aquellas personas que llegan a la denominada tercera edad ya que, gracias a su estudio, se pueden proponer unas mejores soluciones que contemplen un nuevo estilo de vida.

«Lo importante no es tanto los años que se viven, sino la calidad con la que se viven», sentencia al respecto Celia Esther Arpón, presidenta de la Sociedad Riojana de Geriatría y Gerontología (SRGyG). Dicho de otro modo, «se trata de darle vida a los años más que años a la vida». Y todo ello porque aunque la supervivencia es alta, «el grado de dependencia y discapacidad también lo es».

La receta para plantar cara a la vejez antes de llegar a tales estadios, como indica la doctora -médica en una residencia de mayores-, no es otra que los hábitos saludables -desde la dieta al ejercicio físico-, «mantenerse activo» para prevenir el deterioro tanto físico como psíquico. «El reto no está en vivir más, sino en vivir mejor; vamos, que para las personas es más importante una buena calidad de vida que llegar a los 100», concluye sin dudarlo.

El envejecimiento, al mismo tiempo, también es campo de estudio al que están abonados los sociólogos por las implicaciones que conlleva. «El aumento de la esperanza de vida, el vivir más años, es un bien social, es una oportunidad. Pero también plantea numerosos retos que como sociedad tenemos que comprender y a los que dar respuesta», explica Enrique Ramalle, director del área de Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Riojanos (IER).

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El primero de ellos, a su modo de ver, es de tipo individual. «No sólo se trata de cumplir más años, sino de vivirlos en salud física y social. Tener la oportunidad de vivir un año más con muy mala calidad de vida puede ser una perspectiva poco atractiva para algunas personas». Baste como ejemplo el reciente caso del australiano de 104 años que viajó a Suiza para fallecer, recuerda. Igualmente, hay retos en lo familiar. «El envejecimiento del envejecimiento conlleva situaciones en las que ancianos deben cuidar a alguno de sus padres», apunta.

Lejos de quedarse ahí, el fenómeno aún es más complejo y presenta otras muchas perspectivas. «Hay retos en los aspectos políticos (los ancianos son el poder gris al que los partidos incluyen en sus programas), en los económicos, en los sociales... ¿Cómo proporcionar una red de apoyo social a las personas muy mayores que les permita seguir disfrutando de la vida?», se pregunta Ramalle, quien se responde que «como sociedad tenemos que ser capaces de revertir la paradójica situación de que aquello que se veía como un logro, prolongar la vida, se haya convertido en una carga».

Y, todo ello, teniendo que cuenta que las personas mayores de hoy son más jóvenes en salud, apariencia física, intereses o formación que los de hace tan solo 25 años. «Eso es una oportunidad que proporciona una enorme fuerza social que aún estamos por descubrir», aventura.

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