El español, la clave de la competitividad

De izquierda a derecha, Jaime Díaz, Alejandra Mustakis, Fernando Montes y Rolando Medeiros. :: alejandra herrero

«La lengua actúa como una moneda única entre los hispanohablantes. El español es la moneda única de la América que lo habla», dice el profesor García Delgado

LUIS JAVIER RUIZ DE CHILE.

Santiago La segunda edición de las Jornadas Futuro en Español en Chile, que organiza Vocento y la Embajada de España en Chile con el patrocinio de Telefónica y el Gobierno de La Rioja, cerraron ayer sus puertas. La sede de Telefónica en el país andino acogió la sesión de clausura en la que el lenguaje, la innovación y la transformación digital y la ética empresarial fueron los protagonistas. En el inicio de la sesión, el director general de Negocio de Vocento, Iñaki Arechabaleta demandó la necesidad de «dotar a la empresa de un componente moral que vaya más allá del cumplimiento de la legalidad», mientras que el embajador de España en Chile, Carlos Robles, defendió que «nuestra lengua tiene un futuro en tecnología, ciencia, investigación y desarrollo».

Durante su intervención, el presidente regional, José Ignacio Ceniceros, recordó los orígenes riojanos del español y el vigésimo aniversario de la declaración de los monasterios de San Millán de la Cogolla como Patrimonio de la Humanidad, antes de destacar su carácter de «gran activo económico» y poner sobre la mesa su principal reto «el impulso de su uso como lengua de comunicación internacional». Una apuesta de futuro que, en territorio riojano, dijo Ceniceros, tiene dos nombres propios: «Dialnet, que singulariza nuestra apuesta por la transformación digital y el desarrollo tecnológico de la lengua que nos hermana» y el Cilengua, que trabaja «en la consolidación y divulgación científica en lengua española». «Es esencial fortalecer el español como lengua de comunicación internacional y explorar todas sus posibilidades como palanca para impulsar nuevas ideas de negocio y yacimientos de empleo», dijo Ceniceros, que cerró su intervención exponiendo las «inigualables oportunidades que proporciona La Rioja desde el punto de vista comercial, económico y cultural».

Ese aspecto económico al que se refirió Ceniceros la puso sobre la mesa José Luis García Delgado, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y director del estudio 'El valor económico del español'. García Delgado trazó la visión más económica del lenguaje: «Es un bien público que no tiene costes de producción, no es apropiable por quienes lo utiliza, que no se agota por su uso y que cuanto más se emplea mayor valor tiene. Sólo tiene un coste de acceso, el del aprendizaje» antes de dar cifras concretas: «Las empresas, cuando operan en un país con la misma lengua, se ahorran hasta el 1 por ciento de su facturación anual». Una cifra nada desdeñable cuando, dijo, «estamos hablando de empresas que facturan 45.000 millones de euros».

«La lengua actúa como una moneda única entre los países hispanohablantes. El español es la moneda única de la América que lo habla», dijo García Delgado, lo que contribuye «a multiplicar por cuatro las relaciones comerciales entre los países y por siete los flujos financieros».

La parte más moral de la mañana llegó con la mesa redonda sobre ética y buenas prácticas en la gestión de la mano de Juan Jaime Díaz, subdirector de El Mercurio; Alejandra Mustakis, presidenta de la Asociación de Emprendedores de Chile; el padre jesuita Fernando Montes, exrector de la universidad Alberto Hurtado, y Rolando Medeiros, miembro de la Confederación de la Producción y del Comercio, la patronal chilena.

Tres perfiles para representar todo el espectro de empresarial que vinieron a coincidir en la necesidad de un cambio para que la actividad empresarial se revista de actitudes humanistas, se dote, como expuso Medeiros, de una dosis adicional de empatía a los líderes empresariales para, desde la dirección de la empresa, impregnar esos valores éticos al conjunto de la organización. Alejandra Mustakis, destacó el compromiso del colectivo emprendedor. «No parten del número, sino del sueño y eso hace que las cosas sean muy diferentes. La sociedad es más consciente, va a exigir más a todos y encontraremos empresas mucho más sociales que seguirán generando valor económico».

El futuro son los datos. Lo dijo Claudio Muñoz, presidente de Telefónica en Chile, lo reiteró José Manuel Laceta, director de Red.es, y lo asumió Natalia Piergentili, subsecretaria de Economía y Empresas del Gobierno de Chile. Eso y la colaboración entre el sector público y el privado para evitar que la revolución digital acabe por generar dos clases sociales: los conectados y los marginados digitales. El debate sobre transformación digital y desarrollo tecnológico cerró las jornadas en Santiago de Chile mostrando un futuro incierto en el que la tecnología será la encargada de articular el desarrollo.

«Estamos en un cambio de paradigma y también hay que hacer cambios en políticas. Hay que apostar por la gente y hay que democratizar la innovación», apuntó José Manuel Leceta. Pero es una oportunidad. «La tecnología nos abre un gran campo. Estamos al inicio de una revolución y si lo hacemos bien y gestionamos una transición resolveremos desafíos que no hemos podido resolver hasta ahora», completó Muñoz.

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