Luz para encender sonrisas

Jaime, María, Carolina y Josu, jóvenes riojanos cooperantes con niños en Guatemala. :: L.R./
Jaime, María, Carolina y Josu, jóvenes riojanos cooperantes con niños en Guatemala. :: L.R.

Cuatro jóvenes riojanos ayudan en un hogar para niños de Guatemala

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

Este verano un grupo de profesores de los Hermanos Maristas de Logroño acudió a Santa Apolonia, en Guatemala, como cooperantes. Fueron Carolina Herrero, María Somalo y Jaime Ibáñez, jóvenes de entre 29 y 34 años, maestros de Matemáticas, Física y Química, Lengua Castellana y Literatura, Inglés, Geografía e Historia... tanto en Educación Primaria como en ESO y Bachillerato, y a quienes también se unió Josu Pérez.

Viajaron en julio con la ONG SED Rioja para ayudar en el hogar Santa María de Guadalupe, un centro del departamento Chimaltenango, con una cuarentena de niños de 0 a 18 años «en riesgo de exclusión social debido a una situación familiar más que complicada (huérfanos, de padres adictos o en la cárcel o nacidos en el seno de una familia que no puede hacerse cargo de ellos por motivos económicos)», explican. «Siempre quise vivir esta experiencia, conocer otras realidades y también darlas a conocer a nuestros alumnos de Maristas», afirma Carolina.

Para los cuatro fue su primera experiencia como cooperantes y, según relatan, resultó positivo poder «contagiar a estos niños tan faltos de cariño las ganas e ilusión que ponemos todas las mañanas cuando damos clase en nuestro colegio». Y es que lo que se han encontrado allí es «un país con grandes contrastes sociales y políticos; hablar de Guatemala es hablar de un país agradecido, lleno de gente que no se cansa de dedicarte su mejor sonrisa para agradecer las tareas que llevas a cabo».

No obstante, han percibido que «la mujer está completamente sometida al hombre» y que «un niño puede decirte que la única comida que va a tener en el día es el almuerzo que su profesora le va a servir antes de salir al recreo». «Es un país precioso, con una cultura y tradición maya únicas, unos paisajes impresionantes, pero que agoniza debido a la corrupción y extorsión», considera Carolina.

En el centro infantil «nos encontramos casos de niños que no te dejan indiferente, una especie de bofetada de realidad», por lo que entienden, incluso, que «han tenido suerte de 'caer' en el hogar de acogida». Así, la prioridad fue «llevar un poquito de luz que al menos encienda una pequeña sonrisa» y creen que, sobre todo, pudieron aportar «cariño». Hasta el colegio se convierte en «una forma de evasión de su triste realidad».

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