Educación desde la emoción

Ana Laseca pone en práctica técnicas de relajación. /Antonio Díaz Uriel
Ana Laseca pone en práctica técnicas de relajación. / Antonio Díaz Uriel

Varios centros riojanos desarrollan proyectos de innovación educativa sobre 'mindfulness', Ruler y yoga

MARÍA CASADO Logroño

Prácticas de relajación, mantras, rincón de la calma, acuerdos y medidores emocionales... Son herramientas para las escuelas, pero no solo para las de meditación o yoga, sino para las de niños de Infantil, Primaria o Secundaria. En épocas como la actual, con multitud de estímulos, una vida estresante casi desde la infancia y menos tiempo para escuchar los sentimientos, la gestión emocional se está convirtiendo en la base de nuevos métodos educativos. La neurodidáctica, que los expertos definen como la disciplina que favorece que se aprenda con todo el potencial cerebral, ha llegado; el tiempo dirá si para quedarse.

En este contexto de inquietud, colegios y profesores están tratando de implementar en su día a día esas tendencias de la llamada inteligencia emocional. Para potenciarlo, desde la Consejería de Educación, Formación y Empleo de La Rioja, se están desarrollando varios proyectos de innovación educativa «encaminados a favorecer la salud psico-física de los alumnos, ayudarles en la gestión del estrés, favorecer la concentración y mejorar su equilibrio emocional, lo que sin duda contribuirá a mejorar las habilidades cognitivas y su rendimiento académico», explican. Estos programas, todavía en fase piloto, se están articulando desde el CIFE (Centro de Innovación y Formación Educativa): «Intentamos responder a la demanda de los docentes», reconoce Leyre Díaz, coordinadora en el CIFE.

Mindfulness en el aula

«Se trata de concentrarse en el momento presente»

Cuando la mascota 'Ranita' hace acto de presencia en clase, los alumnos de 3º de Infantil de Ana Laseca, en el CEIP Doctor Castroviejo (Logroño), saben que llega el momento de la calma, la concentración, la respiración... «Ya identifican la actividad, lo van interiorizando; igual que si les digo que vayan al rincón de la calma o usen el bote de la calma - que, con purpurina, se agita y deben mirar con atención hasta que se para completamente- saben que están alterados y deben parar», reconoce la profesora. Ella es la coordinadora del centro en el proyecto 'Mindfulness en el aula', en el que se formaron el año pasado y que se sigue trabajando este curso. «Con el 'mindfulness' se trata de centrarse en el momento presente, de ser conscientes», explica.

Para lograrlo le dedica cinco minutos diarios a distintas prácticas: respiraciones, botón de pausa, masajes... «Buscamos momentos como el inicio del día para activarles; la vuelta del recreo para relajarles, etc. Son herramientas para que estén bien, mejorar su bienestar personal, y a través de eso mejorar todo y estar más centrado», apunta. Además, una vez a la semana profundiza más con un taller donde practica por ejemplo la 'comida consciente' o juegos sobre uno de los cinco sentidos.

Método Ruler

«Aprenden que todas las emociones son válidas»

Yaiza tuvo el miércoles un recreo intenso. Llegó a su clase de 2º de Primaria del CEIP Duquesa de la Victoria alterada. Fue al medidor de emociones que hay en la pared y puso su nombre en el casillero rojo: máxima energía y poco agrado... Ella misma ubicó su emoción de enfado-alteración; desde ahí tendría que poner los métodos necesarios para volver a pasar al cuadro verde o el amarillo, donde prima el agrado. Este es un ejemplo de lo que el Método Ruler significa en el día a día de este centro logroñés. A través de él, se entrenan las habilidades emocionales, se identifican, se desarrollan estrategias para la educación emocional. Y, como reconocen, se están mejorando las relaciones y la concentración, aunque «es un proceso lento», recalcan.

«La inteligencia emocional nos interesa desde hace tiempo y hemos ido participando en varios programas; desde el curso pasado lo hacemos en el Método Ruler, que viene amparado por la Universidad de Yale», explica Rosa Ezquerra, directora del centro. Así, a través del CIFE, articularon la formación. Luego el trabajo siguió de forma interna y se fue implementando en el colegio. «Se empieza por el acuerdo emocional, que es una especie de declaración en la que los alumnos, por pequeños que sean, deciden cómo quieren estar, por ejemplo, tranquilos, contentos, respetados, escuchados... Se firma por todos y se apunta qué se hará para conseguirlo: por ejemplo sonreír, no gritar..., y también se incluye cómo actuar en caso de no cumplirse», explica Ana Peña, coordinadora junto a Teresa Cerrolaza del proyecto.

Tras el acuerdo emocional, que está presente en la clase, se echa mano del 'medidor emocional': una cuadrícula donde a través de colores (rojo, azul, verde y amarillo) se identifican las emociones por su grado de energía y agrado. Dos ejemplos: la ira en el rojo y el entusiasmo en el amarillo. «Aprenden que todas las emociones son válidas, incluso las menos buenas, pero hay que saber usarlas», explica la directora. Otra herramienta son los meta-momentos: estrategias para saber parar en situaciones de conflicto y actuar con «mi mejor yo». «Este año seguiremos profundizando, evaluando y avanzando con el 'mapa emocional», concluye.

Yoga en el aula

«El yoga enseña a los niños a ser conscientes, a parar»

El yoga tiene muchas dimensiones y también ha llegado a las aulas, pero «no como 'yoga para niños' sino adaptado al ámbito educativo, utilizando las herramientas y beneficios del yoga para implementarlo en las clases», explica Nuria Tobes, instructora, quien, junto a Urbano Hernández, han impartido el curso 'Yoga en la escuela' para docentes. «Los niños son esponjas, aunque pensemos lo contrario se centran más rápido y el yoga les enseña de forma divertida a atender, ser conscientes, parar, a gestionar el estrés», reflexiona Urbano.

¿Y cómo aplicarlo a las aulas? «Nos dieron pequeñas pautas, con asanas (prácticas corporales), ejercicios de respiraciones, musicoterapia... y lo estamos poniendo en marcha en clase», reconoce Raquel Larios, de Infantil del colegio Navarrete El Mudo. «Los alumnos están respondiendo muy bien, por la mañana igual les activo con una canción; en situaciones de conflictos también he utilizado prácticas del curso de yoga. Cada vez demandan más los propios niños la actividad; algunos están deseando que llegue la hora de 'Valores' para hacer técnicas y relajarse», explica Miriam Gregorio, profesora del colegio de San Román, donde conviven nueve niños desde Infantil a 6º de Primaria. «·Requiere esfuerzo del profesor, pero notas mejoría en la convivencia», coinciden las dos docentes.

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