La dura lucha de las abejas

Álvaro Garrido, desde que se incorporó al sector, hizo una apuesta por la apicultura trashumante. :: sonia tercero
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Álvaro Garrido, desde que se incorporó al sector, hizo una apuesta por la apicultura trashumante. :: sonia tercero

La apicultura busca sobreponerse al año pasado, marcado por las enfermedades

I. GARCÍA

Las abejas juegan un papel fundamental en el medio ambiente. De hecho, su existencia es necesaria para la supervivencia humana, ya que algunos estudios destacan que sin su labor de polinización, el 60% de las frutas y verduras que se consumen en la actualidad desaparecerían.

Pues bien, el año pasado no fue bueno para estos animales. O al menos así lo señala Álvaro Garrido, de Campomiel. «No recuerdo nada igual en los últimos veinte años», se lamenta. «La sequía trajo asociadas muchísimas enfermedades y, si en La Rioja la media de producción es de 17 kilogramos de miel por colmena, el año pasado nos quedamos sólo en ocho», apostilla.

Garrido sabe bien de lo que habla, puesto que su relación con este sector se remonta a hace más de veinte años. «Soy la tercera generación de apicultores de la familia», resalta. «Se comenzó haciendo una apicultura muy tradicional y en 1997 cogí yo las riendas del negocio y aposté por unas prácticas distintas que permitieran que las abejas trabajaran nueve meses al año y no tres», añade. Así, decidió explorar nuevas zonas de producción y dedicarse a la apicultura trashumante. «Lo hice porque el cambio climático estaba afectando a las abejas», expone. «Además, para sacar diferentes variedades de miel, nosotros tenemos ocho, no hay más remedio que viajar con las abejas a otras poblaciones, aunque estén situadas a más de 900 kilómetros de donde vivimos», continúa. «De hecho, hay colmenas que pasan por cuatro zonas distintas de España a lo largo del año», finaliza su explicación.

Garrido también señala que el sector ha vivido un cambio sustancial en los últimos años. «Entre los ochenta y los noventa, mermaron muchísimo las producciones y hubo un periodo de tiempo en el que la apicultura era ruinosa», recuerda. Actualmente, el riojano reconoce que la miel se vende cara, pero al mismo tiempo asegura que detrás hay mucho trabajo y que, para sacar provecho de él, es obligatorio tener un conocimiento profundo de las abejas. «Hay ciertas labores que sólo se pueden realizar en unos días concretos para que todo vaya bien y a mí me ha costado muchísimos años conocer perfectamente a estos animales», admite. «Hace falta muchísima práctica porque además existen más de 10.000 razas de abejas en el mundo, por lo que si alguien de otro país quiere asentar su negocio aquí es necesario que primero se familiarice con nuestras abejas porque las diferencias de comportamiento pueden ser abismales», recalca.

Pese a que el precio de la miel ha subido, los apicultores no están contentos, precisamente, por la ausencia de tratamientos eficaces para luchar contra esa elevada mortalidad provocada, además de por las enfermedades, por otros factores como el uso de pesticidas. «Se nos están muriendo las abejas», se lamenta Garrido. Además, desde el sector también se pelea por un etiquetado correcto de los productos. «Queremos que lo que se vende como miel sea realmente miel y que si viene de otros países también quede claramente reflejado para el consumidor», señala el responsable de Campomiel, quien también se lamenta del poco relevo generacional existente en el sector. «En ese aspecto, hay que tener en cuenta que hasta hace cuarenta años, los apicultores eran muy individualistas y no transmitían sus conocimientos a nadie, en muchos casos, ni siquiera a su familia», asegura.

Más apoyo

Además de los factores que influyen en la producción, Álvaro Garrido también reclama más apoyo por parte de la administraciones. «Para que el trabajo con la miel resulte dulce, el apicultor tiene que trabajar muchas horas, realizar un gran esfuerzo y muchas veces no se encuentra con el apoyo que necesita», se queja. «Parece que no se apuesta por las empresas que quieren hacer miel de nuestro territorio y presentarla fuera», apuntilla.

Para demostrar el valor de este oficio, Garrido lanza un dato: «Por cada dólar que la abeja recoge, deja 100 de beneficio en el monte». Por ese motivo, no entiende algunas decisiones. «Tenemos que pagar unas tasas brutales y, además, algunos ayuntamientos nos piden unas obligaciones de pago por derechos de vuelo, como los aviones», afirma. «Así, no es de extrañar que los montes se estén quedado sin colmenas», remata.

De cara al futuro, además, Garrido considera necesario hacer hincapié en varios aspectos. «Por un lado, sería bueno que se llevaran a cabo trabajos de investigación a cargo de laboratorios acreditados y que se den a conocer los resultados obtenidos», señala. De igual manera, solicita que se abra la posibilidad de utilizar ciertos tratamientos autorizados en agricultura ecológica, que no dejan residuos ni en la cera ni en la miel. «En definitiva, necesitamos más apoyo a los agricultores profesionales y que se establezca una política conjunta a nivel nacional», opina. «Porque, por ejemplo aquí en La Rioja, no se está apoyando, y no hablo en términos económicos sino de respaldo, desde las administraciones a los agricultores para que crezcan y se queden en la región», concluye.

Buena primavera

Con respecto a la campaña de este año, Garrido confirma que la primavera está siendo buena. «Viene algo retrasada y arrastramos bastantes bajas derivadas del año pasado, pero el apicultor, por regla general, se caracteriza por mirar hacia adelante con ilusión y vamos a dar el 200% de nosotros para defender por donde vayamos la miel de La Rioja», finaliza el responsable de Campomiel.

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