La duquesa (o el duque) de la victoria

El presidente del partido, José Ignacio Ceniceros, ayer junto a Diego Bengoa y María Martín ejerciendo el voto en la sede del PP en Logroño. :: justo rodríguez/
El presidente del partido, José Ignacio Ceniceros, ayer junto a Diego Bengoa y María Martín ejerciendo el voto en la sede del PP en Logroño. :: justo rodríguez

La sede riojana del PP se puebla de militantes para ejercer su voto en las primarias donde (casi) nadie se atreve a revelar sus preferencias

TERI SÁENZ LOGROÑO.

A la calle Duquesa de la Victoria de Logroño donde se ubica la sede central del PP de La Rioja no le faltaba ayer de nada. Los mismos clientes fieles del Mercado del Corregidor con las bolsas cargadas, abuelos dando sentido a la conciliación de sus hijos empujando el carrito de sus nietos, vecinos de la zona en el fragor de sus labores, cafeterías repletas en la hora punta del almuerzo. Por no faltar, no faltaba ni un indigente de los que frecuenta la aledaña Glorieta del Doctor Zubía y que a esa hora se ovillaba en un banco frente a la sede del PP entre un par de mochilas y cachivaches de nómada. La estampa al mediodía era, en fin, intercambiable con la de cualquier otro mediodía si no fuera por un detalle: el continuo ir y venir de afiliados al local donde cuelga el logo del Partido Popular.

Allí se decidía el futuro del partido. O al menos, la parte alícuota que corresponde a los populares riojanos para decantarse por quién será su nuevo líder (o lideresa) y que los compromisarios deberán certificar en el congreso nacional que remachará las primarias en Madrid.

La sala polivalente, que lo mismo sirve para celebrar ruedas de prensa que para recibir a los precandidatos que estas semanas han recalado en La Rioja, se reconvirtió ayer en colegio electoral. El exdelegado del Gobierno e histórico del partido, Tomás López San Miguel, presidía el comité y escoltaba las urnas de metacrilato frente a las cuales fueron desfilando durante la jornada buena parte de los más de 2.000 inscritos. Una afluencia que fue el detalle más valorado por el máximo responsable de la formación, José Ignacio Ceniceros, al depositar él mismo su papeleta y hacer la enésima invocación a la participación en libertad y la cohesión que ha venido reiterando desde el arranque del proceso. «Hemos sido capaces todos juntos en 40 años de llegar hasta aquí y todos juntos vamos a seguir haciendo historia en este partido y en España», declaró con la misma rotundidad con que esquivó revelar el nombre del sucesor (o sucesora) de Rajoy escrito en el sobre del militante José Ignacio Ceniceros. «Eso se queda para mí», se limitó a responder entre las risas, apretones de mano, besos en las mejillas y saludos que menudearon no se sabe si cargados de sinceridad o de medicina contra un virtual desgarro.

La misma gimnasia del silencio público que ejercieron la inmensa mayoría de quienes se acercaron hasta Duquesa de la Victoria. Afiliados anónimos y también cargos públicos como la presidenta del Parlamento desplazada hasta allí en el coche oficial -Ana Lourdes González: «el voto es secreto»-, diputados nacionales- Emilio del Río: «me lo voy a pensar ahora»- o consejeros que quebraron con naturalidad el decreto del mutismo -Alfonso Domínguez: «Yo estoy con Casado»-.

Una imagen análoga aunque mucho menos bulliciosa a la que durante la jornada de ayer se replicó en las otras sedes de La Rioja donde se reparte el resto de la militancia. Los puntos donde el partido empieza también desde la comunidad a fraguar su futuro para concretar el nombre del heredero (o heredera) encargado de que su voz se escuche también en Génova.

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