Doce detenidos en La Rioja en una operación contra una red que estafó a 348 personas por Internet

Tres de los detenidos en La Rioja, en la Jefatura Superior de Policía de Logroño. :: p.n./
Tres de los detenidos en La Rioja, en la Jefatura Superior de Policía de Logroño. :: p.n.

El grupo ofertaba en diferentes portales desde entradas a conciertos y partidos de fútbol hasta alquileres en zonas de playa y residenciales

M.M. LOGROÑO.

Doce vecinos de La Rioja y cuatro de Guipúzcoa detenidos -11 hombres y 5 mujeres de entre 23 y 71 años de edad-y 117 estafas resueltas (348 víctimas y un benefició estimado superior a los 40.000 euros). Esas son las grandes cifras de la denominada operación Repeclash que ha desarrollado la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Jefatura Superior de Policía de La Rioja, en colaboración con agentes de San Sebastián, y que ha permitido desarticular a un grupo criminal especializado en estafas masivas a través de Internet con afectados en todo el país.

El grupo estaba perfectamente organizado y con los roles distribuidos. Además, su cabecilla y dos de los ahora detenidos ya tenían experiencia en hechos similares. Apenas un mes antes de que comenzara esta investigación (mayo del 2016), los tres fueron detenidos en una operación similar -Clash-Fuego- por hechos idénticos.

LAS CIFRAS

40.000
euros es el beneficio que, a través de pequeñas estafas, ha podido conseguir el grupo criminal.
117
estafas cometidas en diversos puntos del país han quedado resueltas, según la Policía Nacional.

Los acusados, sostiene la Policía Nacional en un comunicado, habían establecido un 'negocio' diversificado que pivotaba en torno a diversas plataformas 'on line' de venta de productos y servicios entre particulares. Así, los detenidos se habían especializado en la venta de entradas para conciertos, musicales, ocio y encuentros de fútbol de primera división, así como en alquileres de inmuebles en zonas de playa para vacaciones o residenciales.

Cuando la víctima ingresaba el precio pactado o la fianza del alquiler, los acusados clausuraban la cuenta

Una vez publicados los anuncios en las diferentes páginas de Internet, era el cabecilla del grupo el encargado de realizar los primeros contactos con los interesados en alguna de las ofertas. Para facilitar esa comunicación, en los anuncios se facilitaban diferentes números de teléfono en los que atendía tanto llamadas de voz como mensajes de WhatsApp. De esta forma, apunta la Policía Nacional, conseguía en la mayor parte de las ocasiones ganarse la confianza de sus víctimas. Durante esas conversaciones también se concretaba la manera en que se realizaría la venta y facilitaba al comprador un número de cuenta en el que este, bien en efectivo bien a través de transferencia, hacía frente el importe acordado.

Cuentas canceladas

Una vez realizado el pago, los responsables de la organización acudían a la entidad bancaria y retiraban de manera casi inmediata el importe total para, también en ese mismo momento, tramitar en la sucursal la cancelación de la cuenta. De esta manera, apunta la nota de prensa policial, se evitaba que las víctimas, en el momento en que eran conscientes de que habían sido estafadas, intentaran recuperar el pago. Los productos y servicios contratados nunca se recibieron o disfrutaron.

La red de colaboradores con que contaba el cabecilla y sus dos 'socios' más próximos jugaba un papel fundamental en la estafa. Así, ellos eran los encargados, en primera instancia, actuando como 'muleros' y a cambio de una pequeña cantidad económica, de contratar las líneas de telefonía móvil que figuraban como vía de contacto en los anuncios en Internet, lo que entorpecía la investigación y la identificación de los mismos. De igual manera, las cuentas en las que se percibían los ingresos de las víctimas también figuraban a su nombre.

Desde la Policía Nacional, que apuntan que la operación continúa abierta a expensas de localizar y detener al último miembro de la organización, explican que este tipo de delitos cometidos a través de Internet aprovechan el anonimato que proporciona la red y las posibilidades de diversificar la ubicación de las víctimas desde un único punto para, con un coste bajo, lograr grandes beneficios. Además el proceso de investigación es largo y costoso.

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